Aria no podía dejar de pensar en las palabras de Sury.
—¿Preparada para qué?
Sury guardó silencio.
—Abuela Sury...
—No insistas, Aria.
—¡Pero mi mamá escribió esa carta para mí!
Jonathan miró a Sury con seriedad.
—Creo que ya es momento.
Sury lo miró sorprendida.
—Jonathan...
—La niña ha esperado demasiado tiempo. Ha encontrado las cartas, la llave y la puerta. Creo que Irene sabía que algún día llegaría hasta aquí.
Aria observaba a los dos sin entender completamente.
Sury respiró profundamente.
—Está bien.
Aria abrió los ojos emocionada.
—¿¡En serio!?
—Pero primero tienes que prometerme algo.
—¡Lo prometo!
—Ni siquiera sabes qué es.
Aria se quedó pensando.
—Bueno... entonces prometo que voy a escuchar primero.
Jonathan soltó una pequeña risa.
—Eso sonó más inteligente.
Sury caminó lentamente hasta su bolso, que había dejado sobre una silla. Buscó durante unos segundos y sacó una pequeña caja.
Era antigua.
Tenía marcas doradas en los bordes y, en el centro, una luna igual a la de las cartas de Irene.
Aria se quedó completamente inmóvil.
—Esa luna...
—Sí —respondió Sury—. Irene me dio esta caja el día que nos conocimos.
Aria se acercó lentamente.
—¿Y qué hay dentro?
Sury abrió la caja.
Dentro había una fotografía antigua.
En ella aparecían Irene, Nicol, Steven, Sury y Jonathan cuando eran mucho más jóvenes.
Pero detrás de ellos...
había una persona que Aria no reconocía.
—¿Quién es ese? —preguntó.
El rostro de Sury cambió.
Jonathan dejó de sonreír.
—Esa... —dijo Sury lentamente— es una historia que todavía no conoces.
Aria miró nuevamente la fotografía.
—¿Tiene que ver con mi mamá?
Sury asintió.
—Y también contigo.
De repente, algo cayó desde dentro de la caja.
¡Clink!
Era una pequeña pieza de metal.
Aria la recogió.
—¿Qué es esto?
Jonathan se acercó.
—Creo que es otra llave.
Aria comparó la pequeña llave con la que Dana había dejado años atrás.
No eran iguales.
Esta nueva llave tenía una extraña forma.
En la parte superior había una palabra grabada:
RECUERDA
Aria levantó la mirada.
—¿Qué tengo que recordar?
Sury señaló la fotografía.
—Tal vez la respuesta siempre estuvo frente a ti.
Aria observó nuevamente la imagen.
Entonces notó algo.
En el cuello de Irene había un collar.
Un collar con una pequeña luna.
Exactamente igual al símbolo de las cartas.
Pero la luna estaba partida en dos.
Aria sintió un escalofrío.
—Abuela Sury...
—¿Sí?
—Creo que esta no es solo otra pista.
Todos guardaron silencio.
Aria apretó la nueva llave entre sus manos.
—Creo que mi mamá estaba intentando decirme algo desde el principio.
Y por primera vez...
Aria comenzó a preguntarse si realmente conocía toda la historia de Irene.