Aria seguía observando la fotografía.
No podía dejar de mirar el collar que llevaba Irene.
Una luna partida en dos.
Luego bajó la mirada hacia la nueva llave que Sury había guardado durante tantos años.
—Abuela Sury... ¿por qué dice “RECUERDA”?
Sury se sentó lentamente junto a ella.
—Porque algunas respuestas no están escondidas en un lugar, Aria.
—¿Entonces dónde están?
Jonathan respondió desde detrás de ellas.
—En los recuerdos.
Aria frunció el ceño.
—Pero yo no recuerdo a mi mamá. Era una bebé cuando ella murió.
El silencio apareció nuevamente.
Sury tomó la fotografía entre sus manos.
—No puedes recordar todo, pero hay personas que sí pueden ayudarte.
—¿Ustedes?
Jonathan y Sury se miraron.
—Nosotros también.
Aria se sentó frente a ellos.
—Entonces cuéntenme.
Sury señaló la fotografía.
—El día que conocimos a Irene, ella llevaba ese collar. Nos dijo que pertenecía a alguien importante.
—¿A quién?
Sury bajó la mirada.
—Nunca nos lo dijo.
Aria miró nuevamente la luna.
De repente recordó algo.
—¡La puerta!
Todos la miraron.
—¿Qué pasa con la puerta? —preguntó Jonathan.
—La puerta que abrimos tenía una luna en la cerradura.
Aria sacó la llave dorada y la colocó junto a la nueva.
Las dos tenían símbolos parecidos.
—¿Y si las dos son necesarias?
Sury abrió los ojos.
—Nunca había pensado en eso.
Aria se levantó emocionada.
—¡Vamos!
—Aria, espera... —dijo Nicol entrando a la sala—. ¿Adónde van ahora?
—¡A resolver otro misterio!
Jonathan soltó una pequeña risa.
—Esa niña definitivamente es hija de Irene.
Todos se dirigieron nuevamente hacia la habitación secreta.
Aria entró corriendo y observó cada rincón.
El escritorio.
La caja.
La ventana.
La puerta.
—Tiene que haber algo más...
Miguel, Sonia y Mike comenzaron a buscar junto a ella.
Amanda y Luciano revisaban debajo de una vieja mesa.
—¡Aquí no hay nada! —gritó Amanda.
—¡Tampoco aquí! —respondió Luciano.
Aria volvió a mirar la puerta.
Entonces recordó las palabras de la carta.
"Recuerda la puerta. Recuerda la llave."
—¡Ya sé!
Todos se quedaron en silencio.
Aria se acercó a la puerta y observó la cerradura.
A un lado había una pequeña marca que antes nadie había notado.
Tenía la forma de...
una media luna.
Aria levantó la nueva llave.
En la parte superior también tenía una media luna.
—Creo que encontré la mitad perdida.
Con cuidado, introdujo la llave.
Click.
Todos contuvieron la respiración.
Pero no ocurrió nada.
Aria intentó girarla.
Click... click...
—¿Por qué no abre?
Jonathan se acercó.
—Tal vez falta algo.
Aria observó las dos llaves.
Entonces comprendió.
—No falta una llave...
Todos la miraron.
—Falta la otra mitad de la luna.
En ese momento, una parte de la pared comenzó a moverse lentamente.
CRRRRRACK...
Todos dieron un paso hacia atrás.
Detrás de la pared apareció un pequeño compartimiento.
Dentro había una caja negra.
Y sobre ella...
un collar.
Aria lo reconoció inmediatamente.
Era el collar de Irene.
Pero cuando lo tomó entre sus manos, descubrió algo que la dejó completamente sorprendida.
El collar...
tenía una pequeña fotografía escondida.
Aria la sacó lentamente.
Su sonrisa desapareció.
—¿Quién es esta persona...?
Nadie respondió.
Porque incluso Sury y Jonathan parecían haber reconocido aquel rostro.
Y por primera vez...
parecían tener miedo.