Aria sostenía la pequeña fotografía entre sus manos.
—¿Quién es esta persona...?
El silencio se apoderó de la habitación.
Sury dejó de sonreír.
Jonathan dio un paso hacia atrás.
Nicol, que acababa de entrar, miró la fotografía y abrió los ojos.
—No puede ser...
Aria miró a su abuela.
—¿Tú lo conoces?
Nicol no respondió.
Steven observó la fotografía durante unos segundos.
Su rostro también cambió.
—Hace muchos años que no veía esa cara.
Aria comenzó a ponerse nerviosa.
—¡¿Entonces quién es?!
Sury se acercó lentamente.
—Aria... antes de decirte quién es, tienes que saber que tu madre nunca quiso que tuvieras miedo.
—¿Por qué tendría miedo?
Jonathan tomó aire.
—Porque esa persona estuvo relacionada con una de las cosas que más preocupaban a Irene.
Aria volvió a mirar la fotografía.
Era un hombre joven.
Tenía una expresión seria y llevaba puesto un collar muy parecido al de Irene.
Pero el suyo tenía la otra mitad de la luna.
Aria abrió los ojos.
—¡La otra mitad!
Todos la miraron.
—¿Qué? —preguntó Miguel.
Aria señaló el collar de la fotografía.
—¡Miren! La luna está completa si juntamos las dos partes.
Sury cerró los ojos por unos segundos.
—Lo notaste...
—¿Quién es? —volvió a preguntar Aria.
Jonathan finalmente respondió.
—Su nombre es...
Antes de que pudiera terminar, se escuchó un fuerte golpe en la entrada de la casa.
¡PUM!
Todos se quedaron inmóviles.
—¿Qué fue eso? —preguntó Sonia.
Miguel se acercó a Aria.
—Quédate aquí.
Pero Aria negó con la cabeza.
—No. Quiero saber qué está pasando.
Steven caminó lentamente hasta la puerta de la habitación secreta.
Cuando la abrió, vio que una de las ventanas de la casa estaba abierta.
El viento entraba con fuerza.
—¿Había alguien afuera? —preguntó Antonella.
Nadie respondió.
De repente, Aria miró nuevamente la fotografía.
Entonces notó algo que antes no había visto.
En la parte de atrás había una frase escrita con la letra de Irene.
“Si estás viendo esto, significa que él volvió.”
Aria sintió un escalofrío.
—¿Volvió...?
Sury tomó la fotografía rápidamente.
—No...
Jonathan la miró con preocupación.
—¿Qué hacemos ahora?
Aria observó a todos.
Por primera vez, los adultos parecían no saber qué hacer.
Y eso la asustó más que cualquier pista.
Porque ahora Aria tenía una nueva pregunta.
No quería saber solamente quién era aquel hombre.
Quería saber...
por qué Irene había esperado que regresara.