Sentimientos encontrados. Parte 2.

La apuesta

Durante el transcurso de la siguiente semana, Andrea procuró estar rodeada de sus amigos de la facultad. Incluso, Sakura creó por redes sociales un grupo de vigilantes con sus compañeros de danza, para que asistieran a intervenir en caso de peligro.

Yuki interrogó a sus amigos y, muy pronto, fue capaz de discernir quién estaba detrás de todo eso. Hizo una llamada a Kioto y preguntó por Tessho.

―¿Por qué me llamas? ―preguntó Tessho con rudeza.

―Quería decirte que tu plan falló, te enviaré a Mao de regreso, así que ve pensando qué harás con ella.

―¿De qué hablas? ―gruñó Tessho.

―Fuiste tú quien la envió, ¿no es así? Es tu estilo, tratar de hacerme caer con la patética esperanza de que no pueda volver a levantarme. Pero temo decirte que no funcionó, descubrí a Mao y tengo un video para probarlo.

―¿Un video? ―la voz de Tessho dejó de ser ruda.

―Seguramente he perdido algunos detalles ―comentó Yuki con calma―, pero creo que tu plan era el siguiente: querías que Andrea fuera vista como delincuente, sabiendo que yo la defendería a capa y espada. Una vez en problemas, yo me distraería en sacarla de su apuro, le harías saber al abuelo Takashi que me inmiscuí con una delincuente para que él me prohibiera esa relación, así yo me aferraría a defender a Andrea y el abuelo volvería a dejarme fuera de la línea de sucesores. ¿Es así?

―Yo… ―el titubeo de Tessho le daba la razón a Yuki.

―Pero necesitabas de un cómplice para no ensuciarte las manos ―continuó Yuki―. Le contaste a Mao que yo volví a ser considerado para heredar la dirección de Tsuymeshi, algo que despertaría su codicia dormida, y le diste la idea de qué hacer para quitar a Andrea del camino, así ella haría el trabajo sucio por ti. Pero te tengo una noticia: no funcionó. El lunes tengo una cita con el jefe de seguridad de TODAI, le mostraré el video y, en menos de lo que piensan, Mao será expulsada y tú volverás a estar bajo mi sombra. ―Yuki cortó la llamada y se fue a dormir.

Al día siguiente, durante un receso, Yuki pudo ver de reojo a Mao, siguiéndolo. Frunció los labios y cambió de dirección, Mao lo siguió más insistentemente, incluso cuando Yuki echó a correr hacia el gimnasio, ocultándose en los vestidores.

―¿Por qué huyes de mí? ―Mao entró al vestidor.

―¡Mao! ―reclamó Yuki―, ¿qué haces en el vestidor de hombres?

―¿Es cierto que hay un video de lo que sucedió en el laboratorio hace una semana?

―Sí, lo hay, y te advierto que si vuelves a acercarte a Andy… ―pero Mao no le dejó continuar, se fue hacia él, abrazándolo con fuerza

―¡Yo haré lo que sea necesario para recuperarte!, ¡dime qué hacer y lo haré!

―¿Qué hacer? ―Yuki la empujó obligándola a soltarle―. ¡Lo que quiero es que desaparezcas! No sólo atacaste a la mujer que amo, sino que usaste a mis amigos de la facultad, hiciste que muchos de ellos se enfadaran conmigo con tal de salirte con la tuya. Les fingías amistad, pero sólo los usabas.

―¿Y? ―Mao cambió su semblante de inmediato, se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa malsana―, para una mentira se necesitan dos: uno que la diga y otro que la crea. Esos idiotas decidieron creerme así que es su culpa.

―¿Qué habrías hecho si alguno de ellos hubiera sido lastimado?

―No hubiera hecho nada ―Mao se burló―, a mí lo único que me interesaba era que me ayudaran a alejar a esa molesta extranjera. ―Yuki bufó con una sonrisa irónica. Sacó unas fotografías de su bolsillo y las lanzó al suelo.

―Supongo que ahora que hay evidencia, ya no necesitaré esos fotomontajes malhechos. Tessho también intentó poner a Andy en mi contra, pero, a diferencia de ti, ella me defendió. Si de algo puedo estar seguro es de la honestidad de Andy, ella jamás me engañaría, y mucho menos con Tessho, simplemente lo detesta.

―No me rendiré contigo ―Mao habló con un gesto de rabia―, de ser necesario usaré a todos los alumnos de esta escuela, pero no me importa que todos me vean como una traidora siempre que yo logre alejarte de esa tonta.

―Las puertas de los armarios se abrieron y de ellas salieron algunos de los compañeros de clase de Yuki, quienes en su momento se dejaron guiar por el odio que Mao les contagiaba. Todos ellos la miraban de forma inquisidora.

―¿Decías algo, Mao? ―dijo Yuki con una sonrisa de sorna.

―No puedo creer que nos hicieras esto ―refunfuñó una de las chicas que agredieron a Andrea―, pudiste meternos en problemas… pero tienes razón, fue nuestra culpa por creerte.

―Creo que es momento de corregir nuestros propios errores. ―Los alumnos rodeaban a Mao, quien sólo musitaba cosas sin sentido―. Yuki-kun, si hay algo que podamos hacer para compensar lo que hicimos, sólo dilo.

El sol se ponía cuando Andrea salió del colegio. Caminaba por la explanada, quitando un mechón de cabello de su cara cuando Yuki la tomó por la muñeca, sin voltear a verla. Él sonrió agachando la mirada, era como un deja-vu, era exactamente la misma forma en que la tomó cuando le entregó aquella tarea de autoestima, aquel día en que le pidió que fuera su amiga. Pero esta vez sí volteó a verla cuando le entregó una hoja doblada.

―¿Qué es esto? ―preguntó Andrea.




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