Te perdono mamá,
por tu juventud temprana,
por los sueños que dejaste
cuando la vida te llamaba.
Te perdono mamá,
por no saber el camino,
ni tú cómo ser madre,
ni yo cómo ser buen destino.
Te perdono mamá,
por las noches de desvelo,
cuando buscabas respuestas
y yo buscaba consuelo.
Te perdono mamá,
por tus gritos y tus silencios,
eran ecos de tu miedo,
eran sombras de tus tiempos.
Te perdono mamá,
por la ternura incompleta,
por los abrazos cortados
y las caricias discretas.
Te perdono mamá,
porque éramos dos aprendiendo,
tú a cuidar sin saber cómo,
yo a crecer sin entenderlo.
Te perdono mamá,
por las lágrimas calladas,
por las culpas compartidas
y las heridas guardadas.
Te perdono mamá,
porque al final comprendí,
que tu amor era torpe,
pero siempre fue por mí.
Te perdono mamá,
y en mi voz te lo confieso:
no hubo manual ni guía,
solo tropiezos y besos.
Te perdono mamá,
y en este verso sincero,
te abrazo con mi alma,
te nombro y te libero.