Separados por las Estrellas

07 - FASE III — Decisión bajo presión. FASE IV — Resistencia interior

La dulce calidez de la tarde se ha instalado sobre el sector residencial.

La luz se desliza sobre las terrazas, se quiebra en los follajes y se refleja en el agua clara del estanque integrado en la villa. El murmullo de los arroyos vecinos se mezcla con el soplo regular de la ventilación natural. Todo invita a la lentitud.

Ivan ha activado el modo térmico del estanque. El agua se ha calentado poco a poco, y las boquillas invisibles han empezado a difundir largas capas de burbujas.

El estanque se ha transformado en un amplio jacuzzi, lo bastante grande para nadar lentamente, en círculo, si a uno le apeteciera.

Pero Miriam no nada.

Flota.

Tendida de espaldas, los brazos ligeramente abiertos, los ojos cerrados, se deja sostener por la suavidad del agua. La luz se filtra a través de la cristalera y juega sobre su piel, fragmentada por los reflejos móviles.

Parece perfectamente en su lugar.

Ivan, por su parte, está sentado en el borde sumergido del estanque.

La mira.

Sin vergüenza. Sin prisa.

Admira simplemente la serenidad de la escena, la forma en que el agua sostiene el cuerpo de Miriam, la lentitud de su respiración. Esa desnudez no tiene nada de provocador; parece natural, casi evidente en aquel entorno concebido para el descanso.

Al menos eso se dice.

Porque en el fondo, la contemplación no está del todo desprovista de segundas intenciones.

Miriam abre de pronto los ojos.

Lo observa unos segundos.

—¿Sigues analizando algo? —pregunta.

Ivan sonríe levemente.

—Tal vez.

Ella gira despacio en el agua y se acerca al borde.

—Entonces responde a una pregunta que has evitado cuidadosamente.

Él sabe cuál.

Ella apoya los codos en el borde, el agua deslizándose por sus hombros.

—¿Habríamos sido más rápidos si hubiéramos estado solo los dos?

Ivan mira la superficie del estanque, buscando las palabras.

—No necesariamente.

Ella no dice nada.

Él prosigue.

—La decisión dependía de informaciones de fuentes múltiples. Pero las fuentes múltiples no siempre permiten una armonización rápida.

El agua susurra suavemente a su alrededor.

Miriam no responde.

Lo sabe todo eso.

Abre los ojos y lo mira. Largamente. Una ligera sonrisa irónica aparece en sus labios.

Ivan sostiene su mirada unos segundos.

Luego suspira.

—Vale… —añade finalmente.

Se pasa una mano por el cabello mojado.

—Hoy probablemente habríamos ganado algo de tiempo si hubiéramos compartido la información entre los dos.

La sonrisa de Miriam apenas se ensancha.

Inspira lentamente. Luego cierra de nuevo los ojos y se deja llevar otra vez por el agua caliente.

La superficie del estanque se calma. El silencio regresa, puntuado solo por el susurro de las burbujas. Sobre ellos, las ramas oscilan suavemente en la luz de la tarde.

Y durante unos minutos más, la Fase III parece pertenecer a otro mundo.

FASE III — Decisión bajo presión

La sala se abre sin ruido. Entran ya tensos.

Esta vez, ninguna proyección inmediata. Ningún mensaje explícito.

Solo una luz más baja de lo habitual.

Ocupan sus lugares.

El silencio dura mucho. Demasiado.

Luego, sin aviso, los atriles se iluminan simultáneamente. Los datos aparecen.

Ivan se inclina hacia delante. Miriam endereza la espalda.

Jov parpadea más despacio de lo habitual.

Sus miradas se desplazan con rapidez. Luego se ralentizan.

Una palabra aparece en el centro, común a las tres estaciones:

Ventana de intervención: 00:58

Ivan aprieta la mandíbula. Miriam inspira hondo.

Jov levanta los ojos hacia ellos.

—Es una provocación —murmura.

Nadie responde.

El tiempo corre.

No se oye el cronómetro. Se adivina en la tensión de los hombros.

Ivan hace un gesto brusco sobre su interfaz.

Miriam vuelve la cabeza hacia él.

—Espera.

—No tenemos tiempo.

—Precisamente.

Jov permanece inmóvil.

Sus ojos van de uno a otro.

La palabra del centro cambia:

Inestabilidad perceptible.

La luz ambiente se enfría ligeramente.

Ivan habla más deprisa.

—Si dejamos pasar esto, se vuelve irreversible.

—O visible —corrige Miriam.

El silencio entre ellos se vuelve denso.

Se ven sus manos.

La de Ivan, suspendida sobre una validación.

La de Miriam, apoyada de plano sobre la superficie luminosa, como para sentir la temperatura del sistema.

Las de Jov, inmóviles.

00:23

—No conocemos el coste humano —dice Jov.

—No conocemos el coste de la inacción —responde Ivan.

La palabra INACCIÓN no aparece en ninguna parte.

Existe solo en sus voces.

Miriam cierra brevemente los ojos. Ya no busca las cifras. Busca la coherencia.

—Ivan —dice suavemente.

Él comprende que no lo contradice.

00:11

Valida. El gesto es claro. Sin teatralidad.

La sala no reacciona de inmediato. Un segundo. Dos. Luego la luz cambia. Más cálida.

Un soplo casi imperceptible atraviesa el espacio.

Los atriles se apagan. Ningún mensaje de éxito. Ningún fracaso.

Permanecen de pie unos segundos, inmóviles.

Ivan exhala lentamente.

Miriam posa la mano en su antebrazo.

—¿Estabas seguro?

—No.

Ella asiente.

—Yo tampoco.

Jov los observa. Su rostro no revela nada. Pero sus hombros están más rígidos que al entrar.

Salen. Ivan camina delante.

Miriam a su lado.

Jov ligeramente detrás.

Se ve el valle. Nada ha cambiado. Y, sin embargo, algo ha basculado.

Todavía ignoran si la decisión era correcta. Pero saben que Ivan ha aceptado decidir cuando la comprensión era incompleta.

Y que Miriam ha aceptado que él decidiera.




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