La gran sala de investigación de la Biblioteca de Ankerys nunca ha estado tan llena.
Las hileras habitualmente silenciosas han sido despejadas. Las consolas han sido apagadas. Los archivos antiguos han desaparecido tras sus paredes de protección.
En el centro, los representantes de los dos mundos de Talassa IV se enfrentan.
A la izquierda, los Anclados.
Siluetas escamosas de postura erguida, sus ojos grandes y oscuros observando con prudente atención.
A la derecha, los Navegantes.
Pieles más mates, cuerpos flexibles adaptados a la vida marítima, sus miradas móviles delatando una impaciencia mal disimulada.
Entre ellos, un espacio vacío.
Sobre una plataforma ligeramente elevada, Miriam e Ivan permanecen de pie. Han tenido cuidado de adoptar esa inmovilidad hierática que conviene a los Estrategas de la Orden.
No es cuestión de parecer nerviosos. Y sin embargo lo están.
Ivan ha convocado la reunión.
Oficialmente:
«Comunicación de importancia capital de la Orden. Perspectivas futuras».
Los Navegantes habían fruncido el gesto ante el lugar.
—¿En la ciudad de los Anclados? —había protestado uno de ellos.
Ivan se había limitado a responder:
—Tengo mis razones.
Habían aceptado. Gruñendo.
Ahora un silencio pesado reina en la sala. Escéptico y tenso.
Miriam da un paso adelante.
Detrás de ella aparece un holograma.
El artefacto antiguo se materializa en el aire. Una tablilla oscura, grabada con signos arcaicos.
Miriam empieza a leer. Su voz es lenta y serena. Recorre la sala con la mirada al mismo tiempo.
—«Cuando las Grandes Rutas de Agua cambiaron por tercera vez…»
Prosigue la lectura del fragmento antiguo.
Los Navegantes intercambian miradas intrigadas.
Los Anclados se inclinan ligeramente hacia delante.
Cuando la lectura termina, Miriam alza los ojos.
—Este texto data de la Antigüedad talassiana.
Un silencio.
—Describe una crisis análoga a la que vivís hoy.
Señala el holograma tras ella.
—Las corrientes marinas cambiaron durante varias décadas. Los archipiélagos derivaron lejos de sus rutas habituales.
Algunos murmullos recorren la sala.
—La civilización talassiana se adaptó.
Hace una pausa.
—Las sociedades se volvieron ancladas durante el período crítico.
Mira a los Navegantes.
—Luego, cuando las corrientes se estabilizaron, volvieron a ser nómadas.
El silencio regresa.
Algunos parecen sorprendidos. Otros, escépticos.
Un Navegante murmura:
—¿Y qué?
Miriam asiente.
—¿De dónde vienen esas crisis?
Se vuelve.
Ivan avanza. La proyección cambia. Aparece un mapa planetario. Las corrientes oceánicas están representadas por inmensos flujos luminosos.
—Esta es la respuesta.
Su voz es más seca.
Más directa.
—Talassa IV atraviesa un ciclo natural de reajuste térmico planetario. Las corrientes cambian lentamente de trayectoria. Los flujos energéticos del núcleo oceánico se redistribuyen.
Ivan los mira uno a uno.
—La explicación estaba ante vuestros ojos.
No intenta suavizar nada ante su auditorio.
—Pero vuestros desacuerdos os han vuelto medio ciegos.
Algunas miradas se endurecen.
Él continúa.
—Las corrientes seguirán cambiando durante varias décadas.
La proyección evoluciona. Los archipiélagos derivan y luego se estabilizan.
—Pero esos ciclos no son aleatorios.
Ivan amplía el mapa.
—Son previsibles.
Aparecen trayectorias. Calendarios. Rutas futuras.
Un murmullo recorre la sala.
—Podemos describir las modificaciones futuras de las corrientes.
Se yergue.
—Y, por tanto, anticiparlas.
Se aparta.
Miriam retoma la palabra.
—La Orden propone una solución.
Su voz es más dulce. Pero firme.
—Una solución que alentará aportando ayuda logística.
Mira a los representantes de ambos bandos.
—Los sistemas vecinos dependientes de la economía de Talassa también participarán en este esfuerzo.
Un silencio.
—Pero solo los esfuerzos conjuntos de los Anclados y los Navegantes permitirán sacar de la crisis a vuestras economías interdependientes.
Avanza otro paso.
—La Orden propone la creación de una sociedad bicultural móvil.
La proyección cambia. Aparecen esquemas.
—Cuando las corrientes provoquen la deriva crítica de ciertos archipiélagos, los Anclados acogerán temporalmente a las poblaciones de los Navegantes amenazadas.
Aparecen plataformas portuarias.
—Los sistemas energéticos serán desviados hacia los archipiélagos anclados para asegurar su estabilidad.
Luego otros esquemas.
—Los recursos biológicos amenazados serán transferidos y conservados en las ciudades fijas.
Se vuelve hacia los Navegantes.
—Cuando las corrientes vuelvan a ser favorables…
Aparecen las rutas oceánicas.
—Los Navegantes retomarán sus caminos.
Mira a toda la sala.
—Vuestras dos culturas no son adversarias. Son complementarias.
Se instala un silencio profundo.
Miriam concluye.
—La lección de vuestro pasado es clara.
Señala el artefacto antiguo.
—Talassa IV ya ha sobrevivido a estos ciclos. Porque sus pueblos aceptaron estar anclados cuando era necesario… y ser nómadas cuando era necesario.
Las miradas cambian.
Algunas escépticas. Otras pensativas.
Pero la semilla está plantada.
Las semanas siguientes son decisivas.
Las flotas de guerra empiezan a regresar a sus puertos. Primer signo tangible.
Ivan y Miriam contactan después con los sistemas vecinos que han financiado la intervención de la Orden.
Las discusiones son firmes.
—Ayudad a Talassa ahora —les explica Ivan— y preservaréis vuestras rutas comerciales.
El argumento se entiende. Llegan las ayudas materiales.