Separados por las Estrellas

11 - Entonces vayamos a derrotar al Hexarcado.

La lluvia no ha cesado.

En la villa, las luces están ya atenuadas. La noche ha caído hace mucho sobre las colinas de Owo, y la bahía acristalada no ofrece más que un espejo oscuro donde se reflejan las proyecciones holográficas.

Ivan está solo en el salón.

Miriam duerme en la habitación contigua, agotada por la larga discusión con Assarsuit y por los primeros análisis de los datos del sector de Khepri.

Ivan, en cambio, no duerme.

Ha hecho desaparecer las proyecciones políticas.

Los discursos diplomáticos.Las cronologías de las alianzas.Las declaraciones de soberanía.

Nada de eso le interesa.

No busca una solución política.

Observa.

Ante él, el mapa tridimensional del sector se abre en capas sucesivas.

Primero aparecen las rutas comerciales.

Cientos de líneas luminosas que enlazan los sistemas estelares.

Los intercambios de materias primas.Los flujos tecnológicos.Los corredores de transporte.

Ivan los contempla largo rato. Luego añade una nueva capa.

Los flujos energéticos.

Estaciones de conversión.Redes de alimentación intersistémicas.Transferencias de plasma estelar.

El mapa se vuelve más denso. No dice nada.

Sus dedos rozan las interfaces. Aparece una tercera capa.

Las dependencias logísticas.

Puertos orbitales.Puntos de abastecimiento.Relés gravitacionales.

La proyección se vuelve casi ilegible.

Ivan retrocede ligeramente.

—IA.

—Sí, Estratega.

—Simplifica.

Los datos se reorganizan.

Los flujos secundarios desaparecen. Subsisten las rutas principales. Aparecen tres redes distintas.

Rojo.

Azul.

Oro.

Las tres potencias.

Ivan las observa.

Cada civilización posee su propio sistema de intercambios.

Pero algo llama su atención.

Un punto. Siempre el mismo.

—IA, amplía este sector.

La proyección se concentra.

Un espacio interestelar relativamente vacío. Ningún planeta mayor. Ninguna estación importante.

Solo un corredor gravitacional entre dos estrellas masivas.

Ivan frunce el ceño.

—¿Por qué todo pasa por ahí?

—Corredor gravitacional estable —responde la IA—. Probabilidad de tránsito rápido: elevada.

La proyección se amplía.

Ivan comprende poco a poco.

Las tres redes comerciales… pasan por el mismo corredor.

Las flotas mercantes de Hadran. Los convoyes energéticos de Vhar. Los transportes científicos de Erid.

Todos utilizan ese paso.

Ivan se yergue lentamente.

—IA.

—Sí.

—Superpone los flujos.

Las tres redes se confunden. Aparece una autopista invisible.

Una red de intercambios tan densa que ninguna de las potencias puede realmente prescindir de ella.

Ivan murmura:

—Interesante.

Añade una nueva capa de datos.

Los tiempos de tránsito. Las alternativas posibles.

La proyección calcula.

—Rutas alternativas disponibles.

—Tiempo medio multiplicado por cinco.

Ivan suelta una pequeña risa.

—Ahí está.

Se levanta y da unos pasos por la estancia.

La lluvia sigue golpeando los cristales.

—Creen que van a luchar por el artefacto.

Mira la proyección.

—Pero todos dependen del mismo paso.

Las tres potencias. Tres imperios. Tres economías enteras. Suspendidas de un corredor gravitacional casi invisible en los mapas.

Ivan comprende entonces lo que nadie ha visto.

Es un nudo vital. Una red de intercambios invisibles que mantiene el equilibrio del sector.

Murmura:

—Si ese corredor se vuelve inestable…

La proyección calcula.

—Colapso logístico probable.

—Recesión económica mayor.

—Inestabilidad política en cuarenta y siete sistemas.

Ivan sonríe.

—Así que nadie puede permitirse perderlo.

Mira el artefacto de Khepri.

—Y aun así están dispuestos a hacer la guerra.

Cruza los brazos.

La lluvia continúa cayendo.

Ivan observa los flujos luminosos del corredor.

Luego murmura para sí:

—Muy bien.

Un nuevo plan empieza a dibujarse en su mente. No un plan político. No una negociación. Algo más profundo.

Cambiar la estructura misma del problema.

Mira la proyección.

Los flujos rojos, azules y dorados se cruzan en el corredor gravitacional. Una red de intercambios invisible.

El verdadero corazón del sector.

Ivan murmura suavemente:

—Ahora… veamos cómo impedir que destruyáis aquello de lo que todos dependéis.

El vaisseau de la Orden se desliza silenciosamente por la oscuridad interestelar. Las estrellas se estiran en finas líneas luminosas alrededor del casco, firma del tránsito hiper-cuántico que los lleva de regreso a Owo.

En la cabina trasera, Ivan duerme.

Profundamente.

Tendido sin elegancia en la litera, los brazos abandonados a lo largo del cuerpo. Los días interminables de negociaciones, cálculos y maniobras han terminado por alcanzarlo.

Un sueño merecido.

En el puesto de pilotaje, Miriam no duerme.

Está instalada en el asiento principal, con las piernas recogidas bajo ella. El resplandor de las interfaces holográficas ilumina suavemente su rostro.

Observa a Ivan a través de la pared entreabierta. Luego su mirada vuelve al espacio.

Su mente revisita las semanas que acaban de transcurrir. Ha seguido cada etapa del plan de Ivan. Ha participado en él. Ha negociado, convencido, a veces improvisado.

Y, sin embargo, incluso ahora… sigue asombrada.

Asombrada por las intuiciones. Por las audacias. Por esa forma que tiene Ivan de mirar un problema allí donde nadie piensa mirar.

Todo había empezado con aquel descubrimiento.

El corredor gravitacional.

El corazón invisible del sector de Khepri.

Las tres potencias creían luchar por el artefacto energético enterrado en Khepri-7.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.