Separados por las Estrellas

13 - —Mira bien. —¿Por qué? —Porque yo… estaré aquí. Un sollozo se le escapa.

La sala del Consejo de la Orden nunca ha estado tan silenciosa.

En el centro flota todavía la proyección del sistema de Reigel.

Las trayectorias de la batalla siguen apareciendo:las escuadras imperiales desorganizadas,los fragmentos del anillo,las últimas rutas de huida de la flota del Hexarcado.

La victoria es incontestable.

Y, sin embargo, la atmósfera no tiene nada de triunfo.

Alrededor de la sala, los Estrategas hablan en voz baja.

—El Hexarcado exige sanciones.

—Muy duras.

—Ejemplares.

Un Estratega de más edad resume con voz seca:

—Deben salvar las apariencias.

Aparece una nueva proyección.

Mensaje oficial del Consejo del Hexarcado.

El texto es breve.

Frío.

Las acciones del Estratega Ivan constituyen una agresión militar contra las fuerzas regulares del Hexarcado.

El Hexarcado exige que los responsables sean entregados a la justicia imperial.

La palabra justicia no engaña a nadie.

Un Estratega murmura:

—Quieren una ejecución.

Otro añade:

—O una desaparición.

Todas las miradas se vuelven hacia Assarsuit.

El Gran Maestre está sentado, casi recostado en su asiento, como de costumbre.

Pero esta vez su inmovilidad es engañosa. Sus ojos brillan con una cólera contenida.

—No —dice simplemente.

Un Estratega replica:

—No podemos oponernos frontalmente al Consejo.

—Si nos negamos, el Hexarcado puede declarar fuera de la ley a la Orden.

Assarsuit no responde de inmediato.

Observa la proyección de la batalla.

Luego murmura:

—Han perdido.

Silencio.

—Y exigen que castiguemos al que los venció.

Nadie lo discute. La lógica política es implacable.

Finalmente, Assarsuit se incorpora.

—Muy bien.

Se vuelve hacia la mesa de comunicación intersistémica.

—Abrid el canal.

Miriam e Ivan están en el jardín de la fortaleza. Los musgos exóticos ondulan suavemente bajo el viento.

Assarsuit se acerca a ellos.

Lo comprenden de inmediato. Algo se ha decidido. Y no es bueno.

El Gran Maestre se detiene ante ellos. Durante unos segundos no dice nada.

Luego habla.

—El Hexarcado exigía vuestra entrega.

Ivan permanece impasible. Miriam aprieta ligeramente los puños.

Assarsuit prosigue:

—Querían vuestra ejecución.

La palabra cae pesadamente.

Ivan inclina apenas la cabeza.

—Lógico.

Assarsuit continúa:

—Me he negado.

Mira a Miriam.

—He presentado la batalla como una iniciativa personal de Ivan.

Miriam comprende de inmediato.

—¿Y yo?

—He explicado que ejecutabais sus órdenes.

Un silencio.

—Eso os salva.

Ella cierra los ojos un instante.

—¿Qué sanción?

Assarsuit responde con calma:

—Sois expulsada de la Orden.

La palabra resuena como un golpe. Pero ella simplemente asiente.

Luego todos miran a Ivan.

Assarsuit habla más despacio.

—Para Ivan… el Hexarcado exigía su desaparición.

Ivan no dice nada.

—He obtenido un compromiso.

Assarsuit hace una pausa. Ahora la ira es visible en sus ojos.

—Seréis devuelto a vuestro planeta de origen.

—La Tierra.

El impacto atraviesa a Miriam como una onda.

—No…

Assarsuit prosigue, implacable:

—Con borrado completo de memoria.

El silencio cae sobre el jardín. Incluso el viento parece haberse detenido.

Miriam murmura:

—No habéis aceptado eso…

Assarsuit la mira. Su mirada es dura.

—No lo he aceptado.

He perdido.

La palabra es rara en su boca.

—Era eso… o vuestra muerte.

Ivan permanece extrañamente sereno.

—¿Cuándo?

—Muy pronto.

Un silencio.

Luego Ivan pregunta simplemente:

—¿Y Miriam?

Assarsuit responde:

—Seguirá libre. Fuera de la Orden. Pero libre.

Miriam niega con la cabeza.

—No.

Assarsuit la interrumpe con suavidad.

—Se ha terminado.

Mira a Ivan.

—Habéis ganado una batalla contra el Hexarcado.

Se endereza ligeramente.

—Pero el Hexarcado ha ganado la guerra política.

Un largo silencio pasa entre ellos. Luego Assarsuit añade, en voz baja:

—Por ahora.

Ivan alza la cabeza. Sus miradas se cruzan. Una comprensión silenciosa pasa entre ambos.

Assarsuit murmura:

—Esto no acabará aquí.

En sus ojos brilla una determinación fría.

—El Hexarcado acaba de cruzar una línea.

Se vuelve hacia la fortaleza.

—Y yo nunca olvido esa clase de cosas.

El Gran Maestre se aleja.

En el jardín, Miriam e Ivan se quedan solos.

Y por primera vez en mucho tiempo, la victoria de Ivan parece una tragedia.

La noche es suave en Owo.

El bosque respira lentamente alrededor de la villa, las hojas apenas estremecidas por una brisa tibia venida de las montañas. A lo lejos, las colinas están sumidas en la sombra, y la terraza solo está iluminada por la luz difusa de las estrellas.

Ivan y Miriam están sentados uno junto al otro.

Sus manos se rozan, a veces se aprietan, a veces se sueltan.

Ambos saben que la lanzadera vendrá. Pero todavía no. Les quedan unas horas.

Un tiempo extraño, suspendido, que ya no pertenece del todo al presente.

Ivan mira el valle.

—Es extraño —dice al fin.

Su voz está tranquila, casi meditativa.

—Tengo la impresión de que todo esto ya me queda lejos.

Miriam vuelve lentamente la cabeza hacia él.

—No digas eso.

Él esboza una leve sonrisa.

—Sin embargo, es verdad.

Observa sus manos como si descubriera algo frágil.

—Dentro de unas horas, ni siquiera recordaré tu nombre.

La frase cae suavemente.

Miriam cierra los ojos. Un dolor brutal le atraviesa el pecho. Se esfuerza por respirar con calma. Pero sus dedos tiemblan.




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