Separados por las Estrellas

18 - La palabra no pasa inadvertida. Intrusos. No “enemigos”. No “Invasores”.

Necesita un crucero insignia. El de Joy serviría perfectamente. Pero Ivan no da una orden. No todavía.

La mira, la evalúa un segundo.

—Necesitaría una nave insignia.

Una pausa.

—La tuya serviría.

Joy inclina ligeramente la cabeza.

—¿Es una orden del Comandante en Jefe?

Ivan reconoce de inmediato la chispa. Ese brillo malicioso, inesperado, que surge a veces en sus ojos.

Esboza una sonrisa.

—No.

Un instante.

—Una propuesta.

La chispa no se apaga. Al contrario.

—De acuerdo… esto promete.

Unos minutos más tarde, Ivan contacta con Assarsuit.

La respuesta no tarda.

—Paso la mayor parte de mi tiempo apartando, con tono irritado, las numerosas observaciones corteses que llegan desde todos los escalones de las flotas.

Ivan permanece estoico.

—Es buena señal.

Una pausa.

—Significa que no han entendido nada.

Assarsuit no responde de inmediato. Luego corta la comunicación.

El crucero de Joy abandona lentamente la órbita baja.

Sus motores se iluminan sin brillo, en una ascensión silenciosa.

—¿Sin escolta? —se extraña el segundo al mando.

Joy no aparta los ojos de las pantallas.

—Cuantos menos locos seamos… más nos reiremos.

El segundo permanece perplejo.

Ivan, por su parte, deja escapar una leve risa.

—¿Qué? —pregunta Joy, volviéndose hacia él.

—Es al revés.

Un instante.

—Cuantos más locos seamos, más nos reiremos.

Joy se encoge de hombros.

—Lo siento, Almirante.

Luego vuelve a concentrarse.

Rumbo a Artec VI.

El planeta aparece como una esfera casi enteramente cubierta de océanos.

Un mundo azul.

En el centro del hemisferio visible, una única masa terrestre. Demasiado pequeña para ser un continente.

Una isla. Pero completamente saturada de instalaciones.

Estructuras blancas, cúpulas, torres, plataformas unidas entre sí por redes de transporte automatizadas.

Un centro de investigación. Antiguo. Denso. Y precioso.

Ivan ha pasado horas recorriendo las bases de datos antes de elegir ese destino.

Sin certeza. Pero con una intuición.

Porque Artec VI concentra desde hace mucho tiempo a investigadores en un campo muy particular. Aquel que, en otro tiempo, hizo posible la nave transdimensional.

El crucero entra en órbita baja.

—Aproximación atmosférica autorizada —anuncia Joy.

—Autorizada… por nosotros mismos —añade su segundo.

La decisión ya está tomada.

—Descenso.

El crucero se hunde en la atmósfera. Las capas nubosas se desgarran alrededor del casco. Los sistemas de estabilización compensan las turbulencias oceánicas.

Bajo ellos, la isla crece rápidamente.

—¿Zona de aterrizaje?

—Plataforma central de investigación.

—Van a protestar.

—Protestarán después.

El crucero se posiciona sobre la estructura principal. Los campos antigravitatorios se activan. La nave se estabiliza en el aire, proyectando una sombra masiva sobre las instalaciones.

—Despliegue del equipo de tierra.

Una lanzadera táctica es lanzada de inmediato.

A bordo, una escuadra mixta: seguridad, ingenieros, operadores.

—Objetivo: aseguramiento del sensor gravitacional principal.

La lanzadera atraviesa los vientos violentos y se posa con brusquedad sobre una plataforma de acceso.

Los científicos presentes son tomados por sorpresa. Se activan alarmas locales.

—Equipo en posición.

—¿Resistencia?

—Solo verbal.

—Ignorar.

La escuadra avanza rápidamente por los pasillos del complejo. Los planos se proyectan en tiempo real.

—Sala del sensor localizada.

Una puerta blindada.

—Acceso denegado.

—Autorización militar de anulación.

La puerta cede.

Dentro, la máquina. Masiva.

Un cilindro central rodeado de anillos concéntricos en suspensión. Sensores flotantes, estabilizados por campos energéticos. El corazón del sistema.

—Aseguramiento en curso.

Los ingenieros inician inmediatamente el proceso de desmontaje.

—Desconexión de líneas energéticas.

—Estabilización del núcleo gravitacional.

—Bloqueo de oscilaciones temporales.

Cada gesto es preciso. Porque un error podría provocar una inestabilidad local.

—Extracción lista.

El sensor es progresivamente aislado de su entorno. Luego elevado mediante campos portátiles de levitación.

—Regreso hacia la lanzadera.

En el exterior, los científicos protestan. Pero sin resistencia real. La máquina es demasiado preciosa para ser destruida.

La lanzadera despega. Regreso al crucero.

—Apertura de bodegas.

Las puertas ventrales de la nave se abren. El sensor es izado a bordo.

—Instalación en la bahía técnica.

—Conexión a los sistemas energéticos.

Cables masivos son conectados. Los circuitos del crucero se adaptan.

—Alimentación estabilizada.

—Sincronización en curso.

Unos minutos más tarde, la máquina queda integrada. El director de investigación, llevado a bordo contra su voluntad, observa la instalación con una mezcla de resignación y fascinación.

—Acaban de militarizar años de trabajo…

Luego, retomando un tono más profesional:

—Este sensor es capaz de medir la firma gravitacional de un punto con una precisión sin igual.

Señala los anillos.

—Y… en ciertas condiciones… extraer de ella una componente temporal.

Hace una pausa.

—La precisión es excepcional.

Ivan inclina ligeramente la cabeza.

—Eso no es lo que me interesa.

El científico lo mira, sorprendido.

Ivan fija la vista en la máquina.

—Quiero ver lo que nadie ha intentado medir todavía.

—¿Y ahora, Almirante? —pregunta Joy.

Ivan no aparta los ojos de las pantallas.

—Llévenos hacia el frente. Cerca de una flota… de intrusos. A distancia de seguridad.




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