Separados por las Estrellas

21 - —Estás aún más loca que yo. Joy rompe a reír. —Lo tomo como un cumplido.

Ivan intenta recuperar el aliento.

De pronto, el aire le parece demasiado denso, como si el propio Central se hubiera contraído a su alrededor.

Tarak lo mira unos segundos y luego le dirige una leve sonrisa, un gesto breve, casi fraternal, que no tiene nada de protocolario.

Sin esperar más, Tarak se vuelve hacia las consolas.

—Alerta de las lanzaderas de rescate.

—Tripulaciones en posición.

—Preparación de eyecciones.

Las órdenes parten de inmediato por toda la nave.

Joy no espera.

Se separa bruscamente de su padre y se precipita hacia las crujías.

—¡Voy yo!

Ivan tiende la mano por instinto.

Demasiado tarde.

Ya ha desaparecido.

Se vuelve hacia el holograma táctico.

Una nave intrusa acaba de desaparecer en una transferencia hiper-cuántica. El espacio sigue lleno de escombros y explosiones residuales. Fragmentos de cascos derivan lentamente en una nube incandescente.

En medio de aquel caos flota una masa mayor.

Un pecio.

Un crucero del que solo una parte de la estructura principal parece todavía intacta, aunque gravemente dañada.

Los sistemas de identificación se activan. La respuesta aparece.

Crucero HX 1877 — Fuerzas del Hexarcado — Almirante Miriam.

El corazón de Ivan empieza a latir desbocado. Cierra los ojos una fracción de segundo.

Luego la disciplina recupera el control.

—Despliegue inmediato de las lanzaderas de rescate.

Las trayectorias se inscriben en el holograma.

—Aproximación máxima autorizada.

—Encuentren una abertura en el casco.

Vacila un segundo.

—Si no… créenla.

Las lanzaderas ya abandonan el hangar de la nave transtemporal.

Ivan se vuelve hacia Tarak.

—¿Comunicación?

Tarak niega lentamente con la cabeza.

—No hay comunicación de proximidad posible.

Señala los datos que desfilan por su consola.

—Solo detectamos una hiperemisión de alta potencia.

Ivan comprende de inmediato.

Un mensaje. No para ellos. Una grabación final… que Miriam sabía que debía enviar.

Joy se precipita hacia la cubierta de vuelo.

Los pozos antigrav le parecen de una lentitud insoportable. Cada segundo perdido resuena como una cuenta atrás en su mente. Aprieta los dientes, inmóvil en la columna de luz que la lleva hacia los hangares.

Cuando el campo se disipa, las lanzaderas ya están listas.

Las esclusas están abiertas.

Las tripulaciones esperan.

Salta a la más cercana en el mismo instante en que empieza a cerrarse su compartimento. El bloqueo de la esclusa se cierra tras ella con un chasquido seco.

La antigravedad de la eyección le corta brevemente las sensaciones. La nave transtemporal desaparece detrás de ella sin que sea plenamente consciente.

Cuando alcanza el puesto de pilotaje, uno de los pilotos se incorpora.

—Comandante, mi asiento…

Ella lo rechaza con un simple gesto de la mano.

—Continúe.

En la pantalla trasera aparece la nave que los ha traído.

Una silueta vagamente esférica, oscura, de contornos ligeramente inestables. Joy no puede evitar pensar que se parece extrañamente a las naves intrusas. El campo estático aún activo debe de ser la causa.

Delante de ellos aparece el objetivo.

La sección central del crucero alcanzado. El HX 1877.

Sigue de una pieza… pero apenas. El casco está abierto en varios puntos. Las estructuras internas aparecen como huesos rotos.

La lanzadera se orienta hacia la esclusa principal de evacuación.

Pero algo no encaja. No hay ningún módulo de rescate en el espacio.

El presentimiento de Joy se confirma cuando se acercan. La salida de la esclusa no es más que una masa de metal retorcido.

Una trampa.

En ese instante, la voz de Tarak resuena en la cabina.

El análisis de las radiaciones del reactor energético del crucero dañado indica unos veinte minutos antes de la explosión. Ténganlo en cuenta para cronometrar su intervención.

Joy palidece.

Veinte minutos.

Barre rápidamente los alrededores con la mirada. Junto a la esclusa destruida se encuentra el taller de mantenimiento.

Un volumen más amplio. Una posibilidad.

Recuerda de pronto el armamento de las lanzaderas. Microtorpedos.

—Lancen un torpedo contra el casco —ordena—. Ahí.

Señala la sección que separa el taller del exterior.

El torpedo parte de inmediato.

Luego Joy activa la comunicación entre lanzaderas.

—Todas las unidades: objetivo idéntico. Mismo punto de impacto.

Un solo torpedo jamás abriría el casco de un crucero. Pero una veintena en el mismo punto…

Las explosiones se suceden. Breves. Precisas.

La estructura cede al fin; aparece un paso. Apenas lo bastante ancho para dejar entrar una lanzadera.

Es poco. Pero será suficiente.

Las lanzaderas no pueden caber todas dentro del taller. Cuatro como máximo. Habrá que hacer rotaciones.

Y atraer a los supervivientes.

Por suerte, muchos de ellos se han agrupado en la esclusa vecina, sin duda por instinto o por resignación.

El rescate empieza.

La lanzadera de Joy se posa en el interior del taller abierto al vacío.

Ella se enfunda rápidamente un traje espacial. El aire ya ha escapado de la sala. A su alrededor, el equipo de intervención se prepara.

Herramientas de desencarcelamiento. Balizas de guiado. Camillas.

Salta al suelo metálico y se vuelve hacia el piloto.

—Saque la lanzadera y espere fuera.

Él comprende de inmediato.

—Sí, Comandante.

Joy no espera. Sabe exactamente adónde va: el centro de mando.

Echa un vistazo al cronómetro.

Quince minutos. Ni uno más.

Joy corre por las crujías desgarradas del crucero, seguida por su equipo. Su voz resuena en el metal deformado.

—¡Taller de mantenimiento! ¡Diríjanse al taller!




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