Septiembre

Antonio

Soy un hombre común y corriente, que como muchos hacemos de nuestros mejores amigos a aquellos que conocemos de toda la vida, como Carolina, ni siquiera recuerdo el día, pero éramos muy pequeños, supongo que de la época cuando salíamos a la cuadra a jugar mientras nuestras mamás nos cuidaban desde la puerta, si, desde esa edad, con ella nació una amistad inmensa capaz de superar cualquier trasteo.

Crecimos y nos seguimos hablando, contándonos todo acerca de nuestras vidas, nuestros proyectos, deseos más íntimos, temas que solo hablaríamos sin tapujos con nuestro mejor amigo o amiga, nadie nos conocía tanto.

Hasta que ella decidió viajar. Quería enriquecerse profesionalmente. Tomamos diferentes rumbos, sin embargo, seguimos compartiendo los mejores y los peores momentos de nuestras vidas a través de las llamadas y la virtualidad.

¡Hasta cuando llego el día!

Después de varios años ella volvía al país, aún recuerdo la emoción y los nervios que sentía de volverla a ver, en retrospectiva, creo que esa debió ser la primera señal que me indicaba que yo ya no iba a sentir las cosas como antes.




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