Septiembre

Antonio

Soy un hombre común y corriente, que como muchos hacemos de nuestros mejores amigos a aquellos que conocemos de toda la vida, como Carolina, ni siquiera recuerdo el día, pero éramos muy pequeños, supongo que de la época cuando salíamos a la cuadra a jugar mientras nuestras mamás nos cuidaban desde la puerta, si, desde esa edad, con ella nació una amistad inmensa capaz de superar cualquier trasteo.

Crecimos y nos seguimos hablando, contándonos todo acerca de nuestras vidas, nuestros proyectos, deseos más íntimos, temas que solo hablaríamos sin tapujos con nuestro mejor amigo o amiga, nadie nos conocía tanto.

Ella decidió viajar. Quería enriquecerse profesionalmente. Tomamos diferentes rumbos, sin embargo, seguimos compartiendo los mejores y los peores momentos de nuestras vidas a través de las llamadas y la virtualidad.

¡Hasta cuando llego el día!

Después de varios años ella volvía al país, aún recuerdo la emoción y los nervios que sentía de volverla a ver, en retrospectiva, creo que esa debió ser la primera señal que me indicaba que yo ya no iba a sentir las cosas como antes.

Antonio tiene entre sus manos un álbum de fotos, busca entre sus páginas a Carolina, la piensa todos los días, hace varios años que no se ven, quiere que llegue ya mañana, pero mientras tanto recorre con su mirada los recuerdos de su infancia y su juventud. Carolina llegará temprano desde Europa, ya se han contado todo lo que dos confidentes de toda la vida se pueden contar, por ahora, Antonio sueña con abrazarla.

En el aeropuerto son varios los familiares y amigos que llegan, como el mismo Antonio, a recibir a Carolina.

Llegué al aeropuerto, evidentemente no solo yo la estaba esperando, también algunos familiares y otros amigos, entre ellos, él, Sebastián, un compañero de universidad del que también se convirtió en muy buena amiga, mi antítesis en esta historia.

Sebastián se acerca a saludar a Antonio.
—¿Qué tal, Antonio?

Antonio sonríe y se alegra de verlo.
—¿Qué tal, Sebastián?

Entonces descubre que Andrea, la mejor amiga de Carolina, también está en el lugar y se dirige hacia ella.
—Milagro verla —le dice a modo de saludo.

—Eso le digo, Antonio. Creo que no nos vemos desde que Carolina se fue —responde ella, ante la mirada confundida de él.

—¿En serio? ¿Y me has extrañado?

—¡Jum! No realmente.

Ambos sonríen, a la vez que se percatan de que familiares y amigos enfocan su atención en la llegada de pasajeros.

Antonio levanta la mirada, casi por inercia. Recorre el rostro de los recién llegados sin mucho interés… hasta que la ve.

Esperaba a aquella amiga desarreglada, ocurrente, tosca; pero no. Aquí estaba ella de nuevo sonriente, mejor arreglada, más adulta, porque no decirlo llegó más bonita.

Carolina sale hacia donde la esperan sus familiares y amigos. Los saluda entre abrazos y lágrimas. Luego busca entre los asistentes hasta encontrar a Antonio.

Ambos caminan el uno hacia el otro con rapidez y, al encontrarse, se abrazan por más tiempo del que imaginaban.
—Lo extrañé tanto…

Antonio siente esas palabras en el alma, incluso sin dejar de abrazarla.
—Yo también —le confiesa.

Por fin se separan.
—Voy a estar 15 días en la ciudad, así que nos vamos a encargar de adelantarnos en todo —le dice Carolina.

—Aunque pueden ser más —asegura Antonio, con un aire de suspenso.

Ella sonríe con complicidad, pero luego recapacita.
—Pero eso no está confirmado.

Él intenta animarla:
—Yo espero que sí… es más, creo que sí. Pero, mientras tanto, estos días ya están asegurados: 15 días en los que no se va a deshacer de mí tan fácilmente.

Carolina sonríe. Luego continúa saludando a todos, pero no suelta la mano de Antonio y no deja de mirarlo, haciéndole señas para que la espere.

Les puedo decir con toda certeza que de los amigos que estaban presentes al que más le alegro ver fue a mí, ¿por qué lo sé?, por el abrazo que me dio y por las tantas veces que decía que me había extrañado, además mantenía pendiente de mí, me cogía la mano para que no me fuera, en fin. Esa debió ser otra señal, con cada palabra y cada toque de ella, me sentía mejor y la quería aún más, como si eso fuera posible. Mi amiga bonita.

Solo por un momento Carolina sonríe y conversa muy cercanamente con Sebastián, Antonio los observa dándole algo de espacio, sin embargo, Carolina le sigue exigiendo que la espere. En ese momento Antonio no le presta mayor atención a esa conversación entre ambos, finalmente terminan de charlar, ella se despide de todos. Por fin Antonio y Carolina caminan saliendo del aeropuerto, ella le recuerda —Me imagino que ya está listo para esta noche.

—Yo dije que los acompañaba, pero en ningún momento dije que iba a cantar.

—Mi querido amigo no es una petición —Antonio la mira por un instante y sonríe —Como detesto el Karaoke…

Antonio y Carolina suben al carro de él. Aunque conversan sobre sus vidas, Carolina se muestra despistada y ansiosa; responde de forma automática, sin prestar realmente atención a lo que él dice.




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