Septiembre

NATALIA, MI NOVIA

Antonio camina afanado por los pasillos de su trabajo, debe llegar a la sala de juntas rápidamente a una reunión muy importante en la que él es el expositor.

Justo al cruzar una intersección, casi choca con Constanza, una compañera que, al igual que él, también va tarde.

—¡Perdón! —dice Antonio al detenerse apenas a tiempo.

—Tranquilo. ¿Estamos atrasados?

—Eso creo.

Era cierto, era una de las reuniones más importantes en mi carrera, la que significaría un ascenso en la compañía y crecimiento profesional sin precedentes, me habían dado la oportunidad de diseñar un sistema de gastos de producción para un nuevo cliente, mi jefe, aunque estricto, vio talento en mi trabajo y por eso quería darme la oportunidad, sin embargo, yo me había desvelado trabajando y porque no confesarlo, pensando en la situación con Natalia y en la relación de Carolina, así que ignore el despertador…

Al llegar frente a la puerta, ambos suspiran y se miran por un instante.

—¿Preparado? —pregunta Constanza.

—¡Preparado! —asegura Antonio.

—De nuestra presentación depende todo.

—Exacto, de nuestra…

Antonio se detiene de repente. Su expresión pasa del nerviosismo al desconcierto absoluto.

Había olvidado la presentación, ¡que idiota tan grande!

—¿Qué pasó? —pregunta Constanza.

—Creo que salí tan afanado que la olvidé.

—¿Qué?... ¿Tienes una copia en el computador?

—Sí, pero no está actualizada. La terminé anoche en casa…

En ese instante, el jefe de ambos abre la puerta repentinamente.

Ya les conté que era estricto.

—Por fin llegaron —les reclama el jefe, molesto.

Luego entra de nuevo a la sala de juntas y se dirige a los clientes:

—Ahora sí estamos completos.

—Espere, jefe —le pide Constanza.

—No hay tiempo para esperar.

—Jefe, es que tenemos un problema —dice Antonio, angustiado.

El jefe vuelve a abrir la puerta para hablarles a los clientes:

—Un momento, por favor. Ya regreso.

Cierra la puerta y sale al pasillo.

—¿Qué pasó?

—Jefe, es que yo…

—Antonio…

Antonio traga saliva. Está muy nervioso.

—Es que dejé la presentación en casa.

El jefe abre los ojos, incapaz de creerlo. Quiere ahorcarlo, pero logra contenerse y le grita en voz baja:

—¿Cómo así que olvidó la presentación?

—Jefe, por favor discúlpeme. No sé qué me pasó. Usted sabe que yo soy muy cumplido.

El jefe guarda silencio un momento sin dejar de observarlo. Antonio ya se imagina despedido por su error, así que habla con resignada dignidad:

—Si a raíz de esto quiere mi carta de renuncia, lo voy a entender…

El jefe levanta la mano como si fuera a darle un coscorrón, pero se contiene rápidamente.

—Es que si pudiera, le daba…

Toma aire de nuevo y se dirige a Constanza con ironía:

—Constanza, ¿por casualidad usted trajo la exposición con las estadísticas del mercado?

—Sí, señor.

—Bien. Vamos a alargar esa presentación; hablaremos de la compañía y del crecimiento de la empresa.

Luego mira a Antonio con firmeza.

—Espero que tenga claro el perfil del cliente… o eso también se le olvidó.

—No, señor. Lo tengo claro.

El jefe abre la puerta y hace pasar a Constanza. Después se vuelve apenas hacia Antonio y le habla con severidad:

—Con usted hablamos después. Y espero no estar equivocado respecto a sus capacidades… pero no tiene que pasarme ninguna carta.

El jefe entra nuevamente a la sala de juntas. Antonio, aliviado por sus palabras, entra detrás de él.

Antonio llega a su apartamento de soltero, deja las cosas que lleva en la mesa del comedor, se quita el blazer, se tira sobre el sofá y toma el teléfono.

El día había sido muy difícil, la reunión con el cliente se extendió hasta las siete de la noche, pero todo había salido bien, lo único que faltaba para asegurarlo era mi exposición que ya había terminado y tenía varios días para estudiar, me podía relajar un poco y como en lo único que pensaba era en Carolina decidí llamarla.

Carolina contesta la llamada.

—Hola… —dice Antonio, alegrándose al escuchar su voz.

—Pensé que no íbamos a hablar hoy —responde Carolina.

—Lo sé. Es que tuve un lunes muy difícil y hasta ahora llego al apartamento.

—¿Pero todo salió bien?

—Sí. Estoy muy contento; falta muy poco para que el cliente firme.

—¡Qué bien!

—¿Y ya empacó maletas?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.