Llegó rápidamente el fin de semana, y como el plan era disfrutar al máximo del país nos fuimos a gozar de los tambores.
Antonio y Natalia llegan tomados de la mano al bar en el que quedaron de encontrarse con Carolina y los demás. Ambos buscan entre los asistentes, Natalia rápidamente ve al grupo que desde lejos los saludan, ambos sonríen, levantan la mano, Natalia camina rápidamente hacia ellos, sin embargo, Antonio sigue buscando a Carolina. La encuentra con la mirada, ella baila, pero él rápidamente se decepciona.
Y ahí estaba ella, más hermosa de lo habitual, se había arreglado para salir esa noche… pero estaba con él, sin embargo al verme enfocó su atención en mí, cosa que no le agrado a Sebastián.
Al darse cuenta que Antonio esta en el lugar, deja de bailar y camina rápidamente hacia a él, Sebastián busca la razón y ve a Antonio con rabia, pero rápidamente le sonríe intentando disimular su molestia.
Carolina se acerca y lo abraza. Es un abrazo que le alegra el alma a Antonio.
—Pensé que no iba a venir.
—¿Cómo iba a dejar de hacerlo?
—Me hizo mucha falta estos días que estuve viajando. Sé que vivo en otro país, pero saber que estamos en el mismo lugar y no vernos no me gusta nada.
Sebastián se acerca y rodea la cintura de Carolina con un brazo.
—¿Y cómo va todo con Natalia?
Antonio guarda silencio durante un instante. Los comentarios de Sebastián ya no le parecen tan inocentes como antes, así que responde con seguridad:
—Avanzando a pasos agigantados.
—¡Wow! —responde Carolina, sorprendida.
—Eso quiere decir que van muy bien. Felicitaciones —dice Sebastián con una sonrisa cargada de sarcasmo.
—Sí —Antonio baja la mirada hacia la mano de Sebastián apoyada en la cintura de Carolina—. Pero yo también los veo muy bien a ustedes.
—Excelente. Vamos excelente.
En ese momento, Natalia se acerca a los tres y, tomando a Antonio de la mano, lo aparta del grupo.
—Antonio, ven a bailar.
Todos bailan. Al terminar la canción, Sebastián y Natalia continúan en la pista, mientras que Antonio, Carolina y Diego prefieren sentarse.
Carolina luce pensativa. No deja de observar a Natalia. Para Antonio, algo no anda bien; Diego también parece notarlo.
—Caro, ¿qué pasa? ¿Por qué esa cara de tristeza? —le pregunta Diego.
Carolina se incomoda al verse descubierta, pero enseguida esboza una sonrisa.
—Estoy bien.
—No, Caro, no está bien —le asegura Antonio—. ¿Qué pasó? ¿Le hicieron algo malo?
Carolina lo observa fijamente.
—No, claro que no.
Antonio asume que tiene algo que ver con él. Recorre rápidamente los recuerdos del día y, de pronto, abre los ojos al comprender.
—La entrevista. ¿Cómo le fue hoy?
—Es verdad, Caro —añade Diego—. ¿Se va a quedar a vivir acá?
Carolina guarda silencio unos segundos. La expresión de su rostro responde antes que sus palabras: no.
Antonio siente una punzada de culpa.
—Caro, debí acompañarla.
—Tranquilo, no se va a acabar el mundo.
—Sé que quería quedarse.
Carolina suspira antes de responder.
—Tal vez no haya nada más para mí aquí... Pero mi depresión no puede convertirse en una excusa para no disfrutar una noche inolvidable. Así que lo que debemos hacer es brindar por el hoy.
—De acuerdo —dice Diego, alzando su copa.
—Entonces, salud —lo sigue Antonio.
Los tres brindan.
Andrea, que aún no había llegado al bar, aparece finalmente junto a la mesa.
—Hola...
Antes de que pueda terminar de saludar, Carolina se pone de pie, la toma del brazo y se la lleva.
—Acompáñeme al baño.
Las dos se alejan. Sin embargo, los tragos empiezan a hacer efecto en Carolina y, mientras caminan, está a punto de perder el equilibrio.
—Veo que ha estado bebiendo bastante —comenta Andrea.
Ambas entran al baño. Andrea está contenta. Apenas cruzan la puerta, abraza a su amiga con entusiasmo. Carolina, en cambio, no sabe cómo responder a tanta efusividad.
—Estoy muy feliz por usted. Yo sabía que iba a pasar esa entrevista. Pero entonces, ¿cuándo firma?
Carolina se acerca al espejo y se aplica algo de brillo en los labios, ganando tiempo. No sabe qué responder. Andrea percibe de inmediato que algo no encaja.
—Va a firmar, ¿cierto?
—No lo sé todavía. Tengo que resolver algunas cosas en Francia antes de pensar en venir a vivir aquí definitivamente.
Andrea frunce el ceño. Poco a poco comienza a comprender lo que ocurre.
—¿De qué habla? Usted estaba segura de que iba a pasar. Ya había dejado todo organizado.
Carolina vuelve a quedarse en silencio. Andrea la observa con incredulidad.
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Editado: 12.06.2026