Septiembre

Yermis

Al siguiente día fuimos de paseo con amigos para despedirla, fue un día espectacular, aunque…

Carolina, Antonio, Andrea y Diego desempacan sobre el pasto todo lo que llevaron para el pícnic, mientras otros amigos terminan de armar la carpa.

Desde que Carolina llegará al país, el grupo había estado al tanto de cada una de las actividades planeadas para su despedida. Por eso, entre los invitados también está Sebastián, un gran amigo que no quiso perderse ese último encuentro.

Carolina lo descubre a la distancia. Él también la ha visto. Sin embargo, ninguno de los dos se atreve a dar el primer paso. Finalmente, Carolina reúne valor y se acerca sin saber muy bien qué decir.

—Hola.

—Hola, Caro. ¿Cómo está?

—Bien... ¿Y tú?

—Bien. Mejor que nunca.

Carolina desvía la mirada hacia la mujer que se acerca al lado de Sebastián.

—¿Una amiga?

—Sí.

El silencio cae entre los dos.

Ninguno encuentra nada más que decir.

—Bueno...

—Bien...

—Permiso.

Sebastián da un paso a un lado para dejarla pasar.

—Siga. Al fin y al cabo, es su despedida.

Hace una breve pausa antes de añadir:

—Espero que no le moleste que haya venido.

Carolina niega de inmediato.

—No. Para nada. Es muy importante para mí que ustedes estén aquí hoy.

Sebastián responde únicamente con un leve movimiento de cabeza. Carolina le dedica una pequeña sonrisa antes de alejarse. Él permanece en su lugar, junto a su acompañante, observándola.

Antonio termina de guardar algunas cosas dentro de la carpa. Al salir, encuentra a Carolina. La sonrisa aparece de inmediato en el rostro de ambos.

—Pensé que venía detrás de mí para saludar a Sebastián.

—¡No! No me interesaba meterme en esa conversación.

Antonio arquea una ceja.

—¿Cómo le fue?

Carolina se encoge de hombros.

—Raro.

Antonio sonríe con tranquilidad.

—Hoy no se va a estresar por eso, Caro. Vinimos a pasarla bien.

Sin pensarlo, le toma la mano y la guía hasta donde el resto del grupo termina de organizar el pícnic.

Desde la distancia, Sebastián los observa.

—¿Se acuerdan cómo era Carolina en el colegio? —pregunta Andrea al grupo.

Carolina se adelanta a responder.

—Era terrible.

Todos ríen.

Andrea niega con la cabeza.

—Quién iba a pensar que esa niña iba a terminar convertida en una gran profesional, trabajando para importantes empresas en Europa.

En ese momento, Diego sale de la carpa con una pelota de letras en una mano y un montón de tapas en la otra.

—¡Vamos a jugar yermis!

Por un instante, todos se miran sin entender si habla en serio. Pero la duda dura apenas unos segundos.

Las sonrisas aparecen. Se forman los equipos y, muy pronto, todos corren por el prado como si hubieran vuelto al colegio.

Entre gritos y risas, Sebastián atrapa la pelota. Sin pensarlo demasiado, la lanza con fuerza hacia Carolina. La pelota la golpea.

—¡Ponchada! —grita su equipo entre risas.

Antonio reacciona de inmediato y da un paso hacia ella. Sin embargo, Sebastián llega primero.

—¿Está bien?

Carolina asiente.

—Sí, no se preocupe.

Él frunce el ceño.

—¿Segura? Creo que con la emoción del juego se me fue la mano.

Carolina le dedica una sonrisa para tranquilizarlo.

—No pasó nada. Mejor sigamos jugando.

—Bueno.

Sebastián se aleja con un leve gesto de culpa. Carolina espera unos segundos antes de girarse. Antonio ya está frente a ella.

—Sí se le fue la mano.

—No pasó nada.

Antonio la observa con detenimiento. Ella intenta ocultar el dolor.

—Veo...

Carolina sonríe.

—De verdad, no pasó nada.

Le guiña un ojo.

—Vamos, que ahora me toca lanzar.

Corre hacia las tapas, toma la pelota y la lanza con todas sus fuerzas. Las risas vuelven a llenar el lugar.

Durante el juego, Antonio y Carolina no dejan de buscarse con la mirada. A veces coinciden al correr. Otras veces celebran abrazándose después de una buena jugada. Sin darse cuenta, vuelven a ser los dos mejores amigos que de niños jugaban hasta el cansancio.

La pasamos juntos todo el tiempo, a la vez que Sebastián nos miraba celoso, los papeles habían cambiado, ahora él llevaba una amiga intentando alejarse de Carolina, mientras ella permanecía conmigo, y él estaba más pendiente de lo que hacíamos que de su hermosa compañera, no puedo negar que sentía un fresquito.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.