Antonio termina de arreglarse frente al espejo. Se acomoda la camisa por última vez. Se aplica algo de colonia. Respira hondo.
Llegó rápidamente el día de despedirnos, no podía creerlo, fueron unos días muy intensos y de alguna forma extraña, aunque sentía demasiado dolor por su partida, creía que el hecho de que se fuera, me permitiría dejar de sentir esto que me estaba ahogando y lo mejor, es que creía que cuando la volviera a ver lo volvería hacer como amiga.
Se dispone a salir. Entonces, algo llama su atención. Dentro del cesto de basura sobresale una esquina de un sobre. Antonio se queda inmóvil. Reconoce la letra. Recuerda la voz de Andrea.
"Antonio... lea la carta."
Permanece unos segundos observándola. Finalmente se acerca, la recoge y se sienta en la cama.
Respira hondo antes de abrirla. Despliega cuidadosamente el papel. Empieza a leer.
Las primeras líneas dibujan una sonrisa en su rostro.
"Lo quiero mucho..."
Antonio sonríe con ternura.
—Yo también.
Continúa leyendo.
"No sé cómo empezar esta carta. quisiera que fuera como siempre, escribiendo cualquier cantidad de chistes y pendejadas acerca de cosas sin sentido, pero no, hoy lo que necesito contarle es algo que tengo atragantado desde hace algún tiempo."
Su sonrisa comienza a desaparecer.
" ¿Cómo explicarle con palabras esto que me invade ahora?"
Antonio levanta lentamente la mirada. La sorpresa lo deja completamente inmóvil. Vuelve al papel.
" Quizás se resuma en los celos tan absurdos que siento por todo lo que habla de esa nueva chica que conoció, con la que esta tan encaprichado, Natalia creo que se llama."
Antonio cierra los ojos un instante. Por primera vez comprende el dolor que Carolina había sentido aquel día. Es exactamente el mismo que ahora le aprieta el pecho.
" Al principio pensé que eran celos de amiga, pero luego me di cuenta que daría todo porque fuese yo esa mujer de la que habla con tanta pasión, que todo lo que haría por ella fuera por mí, que todo lo que le encanta de ella, lo tuviera yo, que cada gesto, cada palabra, cada sonrisa que lo enamoran fueran las mías."
Antonio apenas consigue susurrar:
—Carolina...
Continúa leyendo con las manos temblando.
" Se que con estas palabras no puedo forzar las cosas, es solo que como su mejor amiga es justo con usted que sepa lo que realmente siento "
" Entiendo que nuestra relación cambie, quizás ahora se sienta muy extraño cerca de mí y créame que lo voy a entender.”
—No, pero porqué…
Por eso mismo no se imagina lo difícil que ha sido para mí escribir esta carta sabiendo que quizás lo voy a perder,
por eso le propongo lo siguiente, si de pronto su relación con Natalia no fructifica y cree que entre los dos puede pasar algo más, dígamelo, por el contrario, si lo más importante para usted es nuestra amistad de toda la vida, haga de cuenta que jamás leyó esta carta y sigamos nuestra relación como siempre."
—¡Ay! No puede ser.
Ahora entiende la insistencia de Andrea. Una sonrisa incrédula aparece en su rostro.
—Eso era lo que quería decirme Andrea...
Aprieta la carta entre sus manos.
—Carolina todavía está enamorada de mí.
Con incredulidad y felicidad Antonio repite
—Carolina todavía está enamorada de mí.
Toma el teléfono y marca el número de Carolina. Al otro lado de la ciudad, en el aeropuerto, el celular suena dentro del bolso de la señora María. Ella lo busca con calma y contesta.
—¿Diga?
Antonio sonríe al escuchar una voz, convencido de que es Carolina.
—¿Carolina?
—No, señor. Habla con la mamá.
Antonio ríe con suavidad.
—¿Cómo está, señora María? Habla Antonio.
—Muy bien, mijo. ¿Y usted cómo anda?
—Muy bien si señora, gracias. ¿Y Carolina?
—Está haciendo no sé qué con la única maleta que lleva.
Antonio sonríe.
—¿El check-in?
—¡Eso! Es que esas palabras tan raras nunca sé cómo pronunciarlas.
Antonio deja escapar una risa.
—No se preocupe, señora María. ¿Me hace un favor? Apenas vea a Carolina, le dice que me llame.
—Claro que sí, mijo. Yo le digo.
Antonio mira el reloj. Ya no quiere perder un segundo más.
—De todas formas, señora María, ya voy para allá.
—Bueno, mijo. Yo le digo.
Antonio cuelga la llamada y sale del apartamento a toda prisa. Ya tiene la mano sobre la puerta cuando se detiene, debe tomar las llaves del carro, por un instante pensó en no ir en carro, no entiende ni porque, aprovecha y vuelve a mirarse en el espejo. Se acomoda el cuello de la camisa, pasa la mano por el cabello y se observa durante un momento. Asiente para sí mismo.
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Editado: 27.07.2026