En la cima de la montaña estaba un lobo solitario,
mirando y aullando.
Le preguntó a la luna
por qué estaba tan solitaria,
y así y todo alumbraba tanto,
iluminaba a otros con su luz y esplendor,
brillaba a un mundo con su esplendor,
tan solitaria y bella.
Ella le respondió:
Mi amado lobo, ¿no ves? No estoy sola.
Estoy acá con un propósito,
para brillar y alumbrar un mundo oscuro,
vacío, con soledad y dolor.
Las estrellas son mis compañeras,
ellas brillan a mi alrededor,
guiando el camino de cada viajero,
en su soledad alumbrando su oscuridad,
guiándolos a su nuevo destino y a su futuro.
Yo alumbro cada noche oscura,
soy luz en su caminar.
El lobito miró la luna y le respondió:
Cada vez que salgas,
yo subiré a la montaña
y aullaré a la luz de la luna.
Mostraré mis respetos y mi pasión hacia ti,
porque tu luz me alumbra a través de la montaña,
todas las noches cuando me acerco
y te veo brillando tan radiante y bella.
Editado: 29.08.2026