Ser luz entre lápiz y papel

No me olvides

Sentado tras la ventana,
veía escapar el tiempo en muchos atardeceres.
Cómo los recuerda, cruzaban por su mente sigilosamente.

Extrañando esos momentos,
reunidos en una mesa grande, llena y rodeada de gente,
a los que llamaban y mencionaban,
y él, sentado en la punta de la mesa,
con orgullo le decían abuelo y papá.

Recuerda hoy, en el olvido,
a través de su ventana, en soledad,
en un lugar llamado asilo,
cárcel del olvido,
prisión de los recuerdos,
pasados anhelos de un presente,
de un corazón que todavía palpita, ama, siente,
pide a gritos en su alma: ¡no me olviden!

No me dejen en el olvido.
Hoy estoy aquí, todavía merezco ser feliz.
Quiero seguir abrazando nuevos recuerdos,
sentarme en nuevos amaneceres a contar mis historias,
a esos niños que se entusiasman al oírlas.

No me olviden, porque a través de mi ventana
veo el tiempo correr,
la soledad me apaga y los recuerdos me hacen extrañar,
que todavía existo y ustedes están del otro lado
sin saber de mí.

Solo piensen que estoy aquí,
y que algún día ustedes envejecerán
y también tomarán mi lugar,
de la misma manera que yo,
no querrán terminar en el olvido,
en la soledad y en la prisión de los recuerdos
ajenos a eso que una vez llamamos hogar.

No olvides que todos envejeceremos
de la misma forma que ellos lo hacen,
lo harás tú también.




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