Ser luz entre lápiz y papel

La fruta de la autoconciencia

Un hombre iba caminando, se paró frente a un árbol.
El árbol le dijo: come mi fruta, esta fruta te hará ver cosas que nunca viste en tu vida.

Él se quedó parado por unos segundos mirando,
pero su curiosidad lo atrapó, se convenció, tomó una fruta,
se veía deliciosa.
Se llama la fruta de la autoconciencia.

Podía hacerte ver tus errores que cometiste a lo largo de tu vida,
tus fallas y tu lado más vulnerable y tu conciencia misma.
Veías tu alma desnuda frente a ti,
hablándote sin rodeos, sin reproches,
solo con verdades tan directas y justas,
únicas como nadie puede decírtelas.

Ese hombre tan orgulloso, arrogante,
sin miedo a nada, duro y frío,
con crueldad en su corazón y lleno de egoísmo,
que nadie nunca se animó a decirle lo que piensan de él
porque él no le temía a nada,
comió esa fruta.

Empezó a escuchar sus verdades,
las verdades de su alma desnudada ante él,
se dio cuenta cuánta soledad cargaba,
cuánto alejó a las personas que realmente amaba,
que su arrogancia, su frialdad y su poder
solo acercaba a seres oscuros
con deseos maliciosos, con naturaleza que le desea el mal.

Y cuando vio los errores cometidos, las fallas de su vida,
el gran árbol le dijo unas palabras:
ya has visto tus errores pasados,
en qué te has equivocado, en qué has fallado
y qué es lo que has perdido.

Endereza tu camino si no quieres terminar en soledad y en el olvido,
cuando tu camino se termine y no halles quien te ame y te cuide,
porque das lo que recibes,
demuestras lo que sientes cuando quieras que te lo demuestren.

Porque todo lo que das vuelve a ti,
siempre que estés dispuesto a dar lo mejor de ti,
sin miedo, sin orgullo, sin arrogancia, sin prejuicios,
siendo tú misma.




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