Serpientes que abundan en este mundo, sutilmente,
cargadas de su altivez y arrogancia,
trepadas en un gran árbol,
mirando por debajo a los que cruzan su camino,
tranquilos y silenciosos, con humildad en su alma.
Serpientes que viven en un mundo de frialdad y vanidad,
y arrojan veneno desde el alma envenenada,
llena de tanta oscuridad,
caricias corrompidas por oscuridades
que no llegan a una luz ni iluminan su alma,
porque sus caminos fueron elegir vivir
entre la oscuridad de la arrogancia y la vanidad,
pisoteando y arrastrando a quienes creen más débiles,
cuando realmente no ven qué tan pobres son sus almas.
Pobres serpientes que no pueden llegar a ver su lugar
ni alumbrar su camino,
no pueden guiar sus pasos
porque su propio veneno las envenena
en una realidad de falsedad
que no las deja ver lo que son ni a dónde van.
Solo se creen dueñas de un gran destino,
pero no son más que caminos oscuros sin luz a su alrededor.
Serpiente que no puedes bajar de tu propia rama,
porque te subiste a un árbol lleno de tantas ramas con espinas
que tu alma está envenenada.
Mira tu realidad, por favor, bájate del árbol, serpiente,
y cambia tu camino,
conviértete en un gran dragón,
porque estás tan corrompido
que tu alma no verá tu luz interior.
Editado: 29.08.2026