Querido lector:
Este es el cuento que probablemente nadie te quiera narrar, el cuento de como los tonos vividos y cálidos, de la hermosura, pueden tomar con el tiempo otro camino, hasta transformarse en esos tonos grisaceos, fríos, que se asemejan tanto a los del dolor.
Este es el cuento de una hermosa niña, una tan delicada y fresca como una rosa en primavera, o tan radiante, brillante y llena de energía como las primeras mañanas del verano.
Era de esas pequeñas niñas que daban vueltas intentando hacer más lindo el vestido cuando por dentro decía:
Tal vez esto no es lo mio.
Era de estas niñas que se veían de porcelana, frágiles, moldeables, calladas. Cuando por dentro probablemente gritaba e imploraba que la dejaran hablar hasta por los poros, brincar, cantar, formular preguntas sin sentido que ha tenido acumuladas hace mucho, por que solo quiere saber la respuesta de papá.
De estas niñas que escuchaban siempre a los demás, daba consejos sin aplicar que funcionaban de verdad; de estas niñas que cuando sonreían el mundo destilada ternura, pero por dentro probablemente tenía un hambre voraz, de arrancar de raíz esas tiras invisibles que ella misma se obligaba a jalar para hacer sentir orgullosa a mamá, cuando la realidad era que quería llorar.
De estas niñas que amaban la fantasía. Que cuando se perdía en esas películas o en esos libros que tanto amaba, en vez de querer ser la princesa del cuento de hadas esperando la llegada de su príncipe azul.
Preferiría ser la chica loca e impulsiva que corriera detrás del villano para abrazarlo y preguntarle.
¿Porque eres tan malo?
Quizás alguien le había echo daño y nunca nadie se había interesado.
Quizás los dos estaban igual de desarmados.
Con el tiempo esa niña creció, y se dio cuenta de lo cansada que estaba de creer en falsas palabras de cariño, en mentiras bien construidas que inyectaban veneno cada vez con más fervor y dolor en la llaga.
Se canso de intentar buscar la luz al final del túnel, aunque ya se hubiera dado cuenta de que en ese camino no había ni un atisbo de resplandor.
Solo cuando llego el otoño los demás lograron ver lo rotos que estaban los pétalos de aquella rosa, lo echo cenizas que tenía su tallo, ya no parecía una mañana de verano ahora era una noche de invierno.
¿Quién diría que el mundo podía ser tan cruel para alguien que no sabía serlo?
¿Quién diría que sus ilusiones se las arrebataria el propio mundo que la había hecho?
Querida niña, vuela, corre, salta, pero no me dejes atrás.
Creo que aún tenemos tiempo de sanar
Eras perfecta así, no tenías que cambiar...
Querida niña siempre tuviste razón.
El villano no es el malo.
El villano solo esta destrozado.
El villano, somos tu y yo.