Hoy hablaré de un caso muy particular.
Uno muy común en la sociedad.
Uno que te hace querer morir y llorar.
Podemos hablar del amor familiar, del amor de amistad o incluso el amor de descubrir lo extraño e imperfecto en alguien más.
Pero, porque mejor no hablar de lo que conocemos de más, de aquello que vemos todos los días y aún así decidimos rechazar.
Porque mejor no hablar de lo que nadie quiere contar.
Hablemos, hablemos de la ausencia de amor a tu reflejo.
De la ausencia de amor a la esencia de tu ser.
De la ausencia de amor a creer en lo que puedes llegar a ser.
Mejor hablemos de la ausencia de amor propio, esa ausencia qué nadie ve.
Mejor hablemos del asco y el miedo que te da mirarte a el espejo.
Hablemos de cómo te encuentras todos los días un defecto nuevo.
Hablemos de ese mantra interno que te repites todo el tiempo, ese que jura que mereces más dolor del que ya estas sintiendo.
¿Porque hablar del sufrimiento ajeno?
Mejor hablemos de aquel que te impones todo el tiempo al sonreír a el mundo, cuando por dentro claramente estas muriendo.
Mejor hablemos de cómo esa luz en tu ínterior se está apagando.
De como esa rosa en tu corazón ya se está marchitando.
Hablemos de la repulsión y el dolor.
Mejor hablemos de tu ausencia de amor...