Todas las balas dieron en el punto más pequeño del pecho y la cabeza. Aún sentía que era estupido que lo hicieran practicar con armas, pero lo asignaron líder de su pelotón, por lo que debía dar el ejemplo y hacer el mismo ejercicio que ellos.
Aiden había insistido varias veces para que le dieran un entrenamiento individual más eficiente relacionado con su don, pero ni se molestaron. El don de la fuerza no era la gran cosa para ellos, si no hubiera sido por la ayuda de Miguel, no hubiera mejorado.
Apartó su mirada para enfocarla en Cathie, todavía no lograba comprender cómo había perdonarlo. Ella era la persona más dulce que había conocido. Aunque fue distante al principio, poco a poco confió en él. Lo confirmó el día que Miguel no estuvo presente en uno de sus entrenamientos. Se alegró de haber ganado su confianza y que ella supiera que había logrado cambiar.
Su sonrisa espléndida reflejaba su impecable desempeño. Tenía tantas cosas en contra pero una vez que logró perderle el miedo a las armas, resultó ser la mejor tiradora del escuadrón. Smitch pasó de gritarle cosas denigrantes a felicitarla y ponerla de ejemplo.
Después de una rápida práctica, los separaron en dos bandos. Él era el líder de su grupo y Rene la del otro equipo. El objetivo era el mismo de siempre. Un bando contra el otro, el primer equipo en eliminar a todos los participantes del otro equipo gana. Su equipo tenía un único objetivo, encontrar la mayor cantidad de información posible.
Guió a su pelotón y se detuvieron en un despacho, al llegar les ordenó buscar cualquier cosa que encontraran con datos.
Al parecer, los enviarían nuevamente como equipo de apoyo, de lo contrario, Aiden no encontraba lógica para que los estuvieran entrenando de la forma agotadora que lo estaban haciendo. La primera vez, los enviaron a una de las grandes sedes de la organización mientras los cadetes con dones se encargaban de buscar a los secuestrados, ellos debían recopilar toda la información disponible y montar guardia.
-Caja fuerte- anunció uno de sus cadetes, trayéndolo de vuelta al ejercicio.
Dejó a su segundo haciendo guardia mientras se dirigía a la caja. Era de alta tecnología y solo le bastó con darle un golpe seco para que la puerta se abriera, revelando...
Nada, la caja estaba vacía.
Buscó en su cerebro los lugares donde podría haber información oculta. Recorrieron cada maldito lugar hasta que se encontraron con un cadete con una bata de laboratorio. Al verlos se echó a correr pero fueron tras él. Si no había información, también tenían permitido capturar rehenes. Las batas significaban que trabajaban en los laboratorios, si no tenían bata, no importaban.
Lo noqueo al asistente con un golpe seco en la nuca, y se volteo a ver a su escuadrón. No podía permitirse desperdiciar dos soldados cargando al “Científico”.
- Abandonemos el lugar.
Lo cargó sobre sus hombros y emprendió el camino de retorno, rogando no encontrarse con nadie del otro equipo.
A veces le parecía raro como el cuartel les permitía entrenar en todo el recinto como si fuera la realidad, sacando a todo el personal y dejando el lugar completamente libre. Claro que aprovechaban ese día para que todos los escuadrones practicarán sus tácticas, por lo que los ejercicios duraban todo el día.
Una de sus cadetes grito y le gritó a los demás que aceleraran el paso. Tenían que salir de ahí. Apresuró su paso hasta posicionarse primero para liderar la fila, sujetando con fuerza al supuesto científico. Atravesó una puerta cerrada, protegiéndose los ojos con el brazo alzado mientras la derribaba. Escuchó un disparo y gritó más fuerte.
Permitió que su segundo los guiará por donde fuera más fácil salir antes de que los aniquilaran a todos. Llegaron hasta un punto donde una pared los separaba del exterior, así que dejó al científico inconsciente en mano de sus cadetes y se preparó para hacer un hueco lo suficientemente grande para que salieran.
Golpeó con sus puños una y otra vez mientras que los escombros iban cediendo, dejando al descubierto los ladrillos. Sus nudillos estaban doloridos pero sin rastros de sangre, lo que era una buena señal.
Otra ventajas de su don era que lo hacía más fuerte en todos los sentidos. Golpeó hasta que dejó un hueco que daba a la oscuridad de la noche, avanzó primero para asegurarse que los demás pudieran pasar y aprovechó para derribar con su cuerpo todo escombro que faltara mover.
Cuando se incorporó, una bala de pintura le pegó en la frente.
-¡Francotiradora!- advirtió.
Con paso cansado, fue a sentarse junto con los demás que veían su ejercicio, había sido eliminado. Los que ya habían pasado, hablaban en voz baja o estaban apartados lo suficientemente lejos para no molestar.
La buscó entre la multitud pero ella estaba bien escondida. Uno a uno fueron saliendo los cadetes de su escuadrón, teniendo en cuenta que su primera misión en la realidad había sido perfecta. No habían encontrado ningún rehén pero si varios papeles con información importante.
Les dejaron registrar el lugar, una vez que estuvieron seguros de que no había nadie más. Los demás se quedaron buscando científicos o evacuando seres. Vio a varios de sus compañeros llevar rehenes que no habían logrado escapar. Tenían un tiempo límite para registrar todo antes de irse, por si llegaba a venir ayuda para la organización de parte del gobierno, ya que a ojos de la ley, lo que acababan de hacer era ilegal.
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Editado: 13.03.2026