Seres Extraordinarios. El diario de Ceci. Inari Masga.

2. ¡Sorpresa!

Mi padre me lanzó el periódico sobre las piernas para llamar mi atención, ¿en qué momento se despertó?

 - ¿todo bien, hija? - parpadee varias veces para tratar de concentrarme en su voz - he...si, bueno, no, pasó algo muy extraño - respondí confundida, no sabía cómo abordar el tema, mi padre suspiró - imagino que sí, estás en casa en vez de trabajar, ¿Qué fue lo que sucedió? - sus palabras denotaba cansancio, suspiré, tal había sido mi asombro que olvidé mi empleo; él me tomó de las manos para que me levantara, nos dirigimos a la cocina mientras en mi cabeza buscaba las palabras adecuadas para narrar la oferta que me han hecho. La cocina, por otra parte, tenía sus agujeros en techo por el que se colaba la luz de la luna, los gatos entraban y salían por ahí, la estufa tendría unos seis u ocho años de antigüedad y algunas perillas no servían, teníamos un sillón verde manchado de un sin fin de bebidas derramadas por los niños, mis hermanos se encontraban en la habitación con sus respectivas tareas.

Cuando Mirna me vio abrió los ojos por el asombro, no me dijo nada, sólo sirvió algunas tazas de té de manzanilla, tomé el azúcar y lo preparé, le di un sorbo, el calor del agua me aclaró la mente - voy a renunciar - dije finalmente, ambos alzaron las cejas sin decir nada - tallé mi frente con la mano derecha, suspiré - hoy, en la universidad me llamó el asesor, me presentó a una pareja de empresarios y ellos me ofrecieron un trabajo en mi área - describí, tomé otro poco de mi bebida, dejé que el silencio se prolongara, ninguno de los dos reaccionó, volví a suspirar y los miré a los ojos - en cuatro o cinco meses me iré a vivir a Francia - añadí, la boca de.Mirna se cayó por el asombro - ¡¿Qué?! - mi padre gritó levantándose de su silla, la fuerza con la que empujó la mesa hizo que su taza se desbordara un poco, le extendí el contrato, él lo tomó atónito - es una oportunidad única, ustedes tendrán seguro social y los chicos tendrán una beca académica, es por el bien de todos - conté con mi semblante serio, mi padre se tumbó en la silla, no dejaba de leer, Mirna se concentró en su taza - ¿cuánto tiempo te irás? - preguntó mi padre al final, sus ojos vidriosos me causaron un nudo en la garganta - es indefinido - respondí en un hilo de voz, agaché la mirada a mi taza medio vacía - papá, es por el bien de los chicos, con el primer sueldo, pagaré los uniformes de Jorge y Emilio, mientras ellos compran sus útiles con su sueldo, será menos carga, mientras tú te preocupas por Brandon, Antonio y Felix, que están en secundaria, de ahí Esteban puede con los demás... ¿no crees? - le hice ver los gastos fuertes, aún no salían del ciclo escolar, pero nosotros tenemos que realizar las compras tres o cuatro meses antes, si no, no nos alcanzaba el dinero.

Los chicos llegaron a la cocina, Gabriel era el penúltimo,  llegó a pedir su vaso de leche, a penas tiene dos años y ya se expresa bien, sonreí al verlo - ¡hermana! - me abrazó con los vigotes de leche con chocolate, lo senté en mis piernas y le ofrecí una galleta, después se fue.

- ¿De verdad te irías? Eres mi única hija, nos harás mucha falta, Mirna nos ha ayudado bastante, pero, tu lugar nadie lo podrá ocupar - mis lágrimas brotaron con sus palabras - papá, no lo hagas más difícil de lo que ya es - me levanté y lo abracé por la espalda, él seguía sentado - discúlpame, hija, pero eres la viva imagen de tu madre, no te quiero perder - él también lloró, nos quedamos en silencio, Mirna se fue con los chicos, quizás les cuente, quizás no.

Esteban llegó a grandes zancadas - ¿es verdad? - preguntó con la voz ronca, asentí en silencio, él sonrió - ¡FELICIDADES! - gritó sin poder retener sus lágrimas, me abrazó en conjunto a nuestro padre - hermana, eres una gran mujer, podremos salir adelante, haremos que todos nuestros hermanos te demuestren que valoran tu sacrificio, ya verás, serán unos grandes hombres - susurró emocionado sin separarse del abrazo, lloré de alegría, sus palabras me consolaban.

 

 

Varias horas después, toda la familia cenaba alegre, aún no les daremos la noticia, será una gran sorpresa cuando por fin sea el momento de partir. Por lo mientras, podré disfrutar de un poco más de tiempo con ellos, mañana iré a renunciar y a solicitar mi nuevo horario. 




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