Seres Extraordinarios. El diario de Ceci. Inari Masga.

16. Primera semana.

~ ~ ~ DIARIO ~ ~ ~

  • Durante los primeros días llegaron muchos regalos, ropa, sábanas, cobijas y peluches.
  • Los empleados, socios, amigos, vecinos y hasta la abuela, llegaron a recibir a la pequeña Arielle.

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Para el tercer día, la casa se llenó de regalos, habían cajas por todos lados, algunos eran pañales, otros eran juguetes, y un sin fin de ropa de toda clase de marcas, tanto de socios comos de amigos; la señora Veatriz se veía agotada, la bebé descansaba en su mecedora, sin embargo, la señora conversaba con varias personas, me acerqué despacio, acababa de despertar y cenar; me senté en el sofá más cercano a la pequeña Arielle - bonne nuit - saludé amablemente, la señora sonrió al verme - Ceci, ellos son mis socios de mercadotecnia - los presentó en francés, ellos me saludaron y pasaron a hablar sobre la nueva línea de ropa para bebé que la señora ha estado trabajando desde que la enviaron a reposo.

Observar a la señora me genera mucha curiosidad, en estos meses que he vivido aquí con ellos su rutina está basada en el trabajo, desde que amanece hasta que anochece, pocas veces los he visto salir con amistades, o hablar sobre sus familias; sé que la señora tiene dos hermanos mayores y el señor tiene uno menor, nombres no han mencionado ni han sido visitados por ellos.

La puerta principal se abre y deja ver al señor Eduardo, su cara refleja una gran molestia, sin embargo, al notar que hay visitas, suspira y sonríe - bonne nuit - saluda y se acerca a besar a su esposa, ella le susurra algo a su esposo y éste asiente, sin más, el señor Eduardo se dirige a la cocina, suspiro al notar la indicación de la señora para que lo siga; al entrar a la cocina lo encuentro tomando una cerveza recargado en la barra, me ve y compone su postura - Ceci, ¿cómo estás? - me saluda con gesto distraído - preocupada por usted, ¿le puedo servir en algo? - pregunto mientras me acerco a la estufa sacando un sarten y una olla, él vuelve a suspirar - ¿Qué haces cuando te sientes molesta? - cuestiona de repente, dejo lo que hago y lo miro a los ojos, ladeo un poco la cabeza tratando de decifrar su malestar - depende, si es un asunto laboral, como algo dulce; si es un asunto familiar, tomo té de manzanilla; y si hablamos de temas matrimoniales, un café cargado - sonrío - y, ¿si son los tres? - se frota la cien con los ojos cerrados, suspiro y comienzo a sacar unos ingredientes - usted ya tomó una cerveza, ¿qué le parece unos pastelillos y café? - él alza la mirada con mi propuesta y sonríe ampliamente - excelente idea - asiento y comienzo a cocinar, él se mantiene concentrado en ver a la nada; finalmente al meter en el horno la bandeja de cup cakes le serví su taza de café y le ofrezco crema chantilly y galletas, él asiente - ¿estuviste casada? - preguntó mientras se relamía los labios con la cuchara en la boca, suspiré melancólica - si, cerca de un año - tomé la taza de café que había servido para mí y le di un trago - ¿puedo saber a qué se debió el divorcio? - habló dubitativo, sonreí ante su nerviosismo - mientras yo estudiaba para ingresar a la universidad, él me fue infiel con muchas mujeres - me encogí de hombros y me escondí en mi bebida, era un tema que aunque ya no dolía, seguía siendo difícil de hablar - ¿muchas mujeres? - se sorprendió - sí, desde que lo conocí sabía que era mujeriego, pero, cuando nos casamos hizo muchos cambios, hasta que mi agenda apretada "lo obligó" a buscar atención en otras - le expliqué en resumen, y enfatizando las comillas con mis dedos, él asintió con pesar - entonces su amor estaba condicionado - suspiró - lo siento, Ceci - añadió, me encogí de hombros y le di un sorbo a mi café, luego procedí a revisar los pastelillos, les faltaba poco - ¡Qué delicioso huele! - ingresó la señora Veatriz cargando en brazos a la bebé - préstame a mi niña - él extendió sus brazos con una sonrisa, ella le hizo caso; saqué la bandeja del horno y mientras se enfriaba preparé la crema batida, los señores conversaban calmádamente, él contaba su día en el trabajo y luego ella le mencionó las visitas, les entregué su cena y me llevé a la pequeña porque comenzaba a inquietarse. 

Después de bañar, vestir y dormir a Arielle, me dirigí a la sala a recoger cada uno de los regalos, la ropa la doblé y guardé en los cajones de su habitación, los pañales los acomodé en una esquina, eran varias cajas que no entraban en su respectivo lugar, y por último, los peluches y juguetes los coloqué en el suelo al rededor de las paredes para que estén a la mano. En el ir y venir de la limpieza, se pasó rápido el tiempo entre una toma y otra, facilitándome el escuchar el tierno llanto de Arielle.

 

 

 

 

Después de la última toma de la noche, repetí mi pequeña rutina, desayunar, bañarme, pedir por mis hermanos e ir a dormir.

 

 

 

 

Al despertar, escuché una fuerte discusión entre los señores, me levanté aún somnolienta y me dirigí a la mecedora de la bebé que se encontraba llorando - Te he dicho que no tengo interés en recibirla en mi casa - decía la señora muy alterada y enfatizando en que es suya, el señor gruñó dando una vuelta en su mismo eje - esta también es mi casa, y estamos hablando de mi madre - susurró cansado - precisamente porque es tu madre, no la quiero aquí, ella me odia, no estuvo de acuerdo con nuestra boda y me trata de sirvienta cuando vamos a verla - la señora suaviza su voz y se le nota la melancolía, el señor la abraza en un gesto tierno, me quedé enganchada en esa escena, ¿esto es real? ¿El esposo consuela a su esposa furiosa por algo que él empezó? Suspiré anonadada, me di la vuelta para darles privacidad y me enfoque en los balbuceos de la pequeña - lo siento, Ceci, ¿te despertamos? - la voz de la señora me sobresaltó - oh, si, algo así - respondí apenada y ella me abrazó, luego el señor se sumó al abrazo - Ceci, tenemos que contarte algo en particular - su voz se oía cansada, la señora suspiró y cada quien tomó asiento, la bebé se calmó - mi madre es una mujer de mucha clase, es decir, es altanera y creída, no tolera a Veatriz porque es de origen mexicano, por lo tanto, es una posibilidad de que te quiera tratar mal, y esa es la razón de nuestra discusión, Veatriz tiene la preocupación de que las vaya a tratar mal estando en nuestra casa, sin embargo, Arielle es su primera nieta y está muy entusiasmada por venir, y sólo por ello quiero pedirte que seas paciente con mi madre, ¿crees que podrías hacerme ese favor? - su mirada era suplicante, ¿qué tan malo podría ser? Asentí un poco insegura, pero al final, él es mi jefe, ¿por qué habría de pedírmelo como favor?




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