(serie Recuerdos) - Mi Secreto De Navidad 3

III

Entro a la empresa y sigue siendo la misma, me sacó mis gafas negras y me acerco a la secretaria. Parece muy concentrada en su trabajo, golpeo con un dedo su escritorio, pero parece no escucharme. Pongo en aleteo mi mano de nuevo en el escritorio y ella reacciona.

-Si-dice asustada ajustándose los lentes, le observo y sonrió con malicia.

-Vengo a ver a Thomas- me vuelvo a poner las gafas.

-El en este momento está ocupado en una reunión- me cruzo de brazo.

-Puedo esperar- ella abre la boca y se levanta.

-Capaz se demore.

-No importa, ya termino mi reunión- aparece Thomas guardando unos papeles en una carpeta, regreso a ver a la secretaria y asiente.

-Pasa entonces- dice un poco enojada. Amargada. Entro cuando Thomas entra a su despacho.

-¿Que debo tu visita?- pregunta cansado y sentándose. Me mira desde su asiento mientras yo me alisto por lo que voy a decir.

-Voy a ir a Washington- me siento y saco unas llaves poniéndolas encima de la mesa de cristal, el las toma y sonríe.

-Vaya llavero, pensé que tenías uno de Santa Claus- mira la piedra de cristal.

-Para nada, es un diamante de corazon.

-Lo veo y ¿Las llaves de qué lugar son?- allá voy.

-De mi tienda, como voy a ir a D.C me gustaría que alguien cuidara mi tienda y trabajara ahí hasta que yo regrese- cierro por un momento lo ojos apretándolos, y luego los abro sacandome las gafas.

-Sabes que yo no puedo cuidarla, vivo en Francia- vuelve a poner el llavero sobre la mesa -porque…- se queda callado e imagino lo que va a decir.

-No puedo venderla, sabes que mi abuelo la creo, la hiso famosa en su tiempo. Me rompería el corazón si lo hiciera – asiente cruzando sus dedos y se acerca más la silla.

-¿Te vas en este momento?- pregunta y niego.

-Me voy a mediados de navidad y quería decirte que me gustaría pasar acción de gracias con ustedes- me rasco un poco el cabello por mis nervios. Él parece contento.

-Eso me emociona, más bien debo mencionarte que cambiamos de ubicación y que vamos a pasar acción de gracias aquí, en la casa de Jack ya que pronto se casara.

-Vaya- digo tomando mi llavero. Por un momento siento que me mira y creo que siente pena por mí. No quiero que sienta eso.

-Qué tal si cierras la tienda por el tiempo que estes fuera- alzo la vista y una electricidad de espanto me invade.

-Para nada perdería ganancias y debo pagar el alquiler de mi apartamento además mis comidas.

-Oneday, no vas a necesitar pagar nada porque vas a estar en D.C.

-Te equivocas, la tienda también necesita magia- él me mira.

-Solo será poco tiempo- pienso en mi tienda y en lo mucho que la extrañare, me sentiré vacía. Más cuando no tengo ni empleados. Bueno una vez pero ella ya hiso su vida. Ahora no tengo nada. Lo pienso mucho.

-No sé. Tendría que pensarlo- me levanto y me ajusto mi cartera al hombro. - Nos vemos en acción de gracias, adiós.

-Está bien, te mandare un mensaje cuando la pandilla ya este reunida- capaz habla de sus amigos a los que conoció mientras permaneció aquí me  voy a sentir muy incómoda con esto, rayos.

Llego a mi apartamento y lo primero que hago es tirar el bolso al sillón, enciendo la computadora para poner música y hacer la limpieza.

Mientras suena el grupo ochentero Bad Boys Blue - You're A Woman pienso en todo lo que tengo que hacer, capaz debería dejar el apartamento ya que me voy a ir. No sería bueno mantenerlo si las cosas no salen como espero, pienso vivir en la tienda. Por lo menos tengo donde caer muerta. Dejo la escoba en su sitio y la puerta suena, seguro es la señora de la renta de nuevo.

Le saludo y decido darle el dinero que le debo y mencionarle que me mudare.

La casera se va contenta con su dinero y porque ya no me tendrá que verme. Todo está oscuro desde la ventana se ve el atardecer donde varios colores como el celeste, amarillo y el morado mezclados entre si. Ojala él estuviera aquí, ojala tuviera alguien con quien conversar de nuevo.

Mi noche pasa tranquilamente mientras veo películas ochenteras, el niño que quiere ser grande pide su deseo y al día siguiente aparece como un hombre, vaya si eso sucediera quisiera volver a ser niña, así le pediría a Santa que nunca me deje crecer. Pero no es así. 

Estando aburrida conmigo misma me quedo dormida. 

Un sonido me hace despertar de mi sueño pesado, me levanto de la cama y tomo el bate que tengo alado.  Me pongo alado de la puerta y miro de reojo pero no hay nadie. Salgo bajando el bate.

-Capaz no fue nada-me giro y pegamos un grito ambos. 

-¡Sorpresa!- dice emocionado y se acerca para abrazarme. El corazón me late a mil porque lo tengo frente a mí después de muchos años sin haberlo visto, sin haberlo llamado para discúlpame, sin decirle que puede contar conmigo y lo esperare.

-Dru- digo soltándome de su abrazo y él baja la cabeza.

-Lo siento- dice pasándose la mano por el cabello rapado que lleva.




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