(serie recuerdos)- Recuerdos de Dioses - 4

XVIII

HADES

Voy a remar, hasta conseguirlo.

-¿Qué hacemos?, mi señor. Le veo difícil. Ella dijo no de inmediato- me siento en el sillón, mientras mis pensamientos se van a lo que sucedió por la mañana. Elphi huyo, de mi. Y por un segundo estuvo a punto de saber toda su historia. Tenia a su tía frente suyo. Lo rápido que tuve que ocúltame para no ser vistos por ellos. Y también lo rápido que tuvo la oportunidad de que todo esto acabe. Pero lo pense, sus habilidades aun no están en la mira.

Y cuando lo estén ella será muy fuerte y no podre tenerla bajo mi control.

¡Maldición!, tengo que encontrar una solución.

Antoine me mira preocupado. Obvio como no lo estaría.

-No lo se….- cruzo mis dedos en un arco- no tengo una respuesta para dártela- respondo seco y a la vez enfadado. La oscuridad de la noche son siluetas solitarias con solo la luna a nuestros pies. Llevándonos a recordar lo imposible que es alcanzar algo que queremos.

Es como siempre me he sentido, un lobo solitario por muchos años. Mas aun desde la muerte de mi Perséfone, no hay nadie a quien querer de verdad. Antoine lo hace, seria loco preguntármelo, pero siempre a estado conmigo. ¿Sera que sus preocupaciónes son verdaderas?

-¿Tu nunca me traicionarías Antonie?- pregunto con un deje de sentimiento que siento en estos momentos, y pronunciando bien su nombre, cuyo nombre muestra lo precioso en lo horrible. Y salvo que este lo es.

Aunque Antonie algún día fue un simple mortal, que murió a causa de castigo por robar aun temible rey en Grecia. Este diablillo responde de inmediato.

-Nunca mi señor, mas bien usted es alguien a quien venero mucho- sostengo su mirada y nunca la aparta mostrándome lealtad. Justo como me gusta.

-Bien Antonie- vuelvo a cambiar su nombre porque así lo conocemos. Me siento para seguir mirando el panorama y el comienza a tararear una canción muy extraña, solo por esta vez lo dejo pasar. Ya que no tengo una solución a mis problemas.

Veinte minutos después un sonido nos pone en alerta. Le ordeno que vaya a ver quien osa en molestarnos a estas horas. Me levanto y miro las calles vacías sin ninguna persona que llame mi atención. El enano viene sorprendió y con pelo alborotado por la brisa.

-Mi señor, la señorita se encuentra aquí. ¿Usted la …?- niego de inmediato y doy pisadas mientras el me sigue con sus piernas falsas cambiantes.

Me escondo en el filo de la pared mientras observo con cuidado a Elphi. Y por muy loco que parezca me pongo frio, por lo irreconocible que se ve, ya no lleva la cabellera larga y de puntas iguales, no esta desmaquillada y de sus ojos cafes sobresalen un brillo extraño que me pone la piel de gallina. ¡Que se hiso esta loca!

Es otra.

Detengo a mi empleado y niego. Quiero observar con cuidado lo que va hacer y si puedo atraparla sin espantarla.

Te tengo rosa de cristal, por que eso eres una rosa que fue encerrada desde bebe en un cristal. Y porque una rosa quedaría bien con tu vestimenta extraña de gitana. Cosa que no eres pero solo es la moda de hoy en día.

Su mirada es … hay mierda intenta saber quien es. Esto me pone en la cuerda floja por un momento. ¿Que voy hacer? Empiezo a caminar pero me detengo cuando ella pronuncia mi nombre viendo el cuadro de sus padres.

-Hades- dice mi nombre con cautela y tristeza- si das un paso hacia mi, te voy acabar odiando y no quisiera eso- me detengo asustado- por favor – suplica y eso hace que teme lo peor- por favor- repite nuevamente mirándome intensamente a los ojos-por favor acaba con esto, se honesto conmigo, porque estoy pensando muchas cosas en estos momentos al ver ese cuadro- cae su primera lagrima y eso rompe mi frio corazón que creí no tener.

-Elphi- niega de inmediato.

-No te atrevas a decir mi nombre, no cuando me mientes y quieres hacerme mas daño de lo que has hecho- se limpia el charco de sus ojos mientras su cuerpo tiembla- estoy cansada que no lo ves- se señala con la palma de su mano en su pecho- estoy sola y cansada- solo siento culpa por lo que echo.

Todo esta saliendo mal. Todo desde que la secuestre. Acaso nada puede funcionar, acaso no puede decir si, porque lo ángeles son siempre un problema.

-¿Por qué no dices nada?, aun sigues con tus ideas crueles de mantenerme encerrada- nos seguimos mirando yo callado y ella hablando- por lo que veo, si. Eres frio e imponente, además de controlador, sabes ¿Por qué?- ahora ella se acerca a mi, asustándome por un momento, aprieto mis puños con mucha fuerza- porque quieres obligarme hacer algo que no quiero, y que va con mi persona. En fin de cuestas eres una mascara de piedra que no esta dispuesto a revelar nada de lo siente mas aun cuando alguien frente suyo esta sufriendo.

-Cállate- resoplo tomando aire enojado mas que en toda mi perra vida- te estas pasando ángel, no tienes permiso de faltarme el respeto. No a Hades el dios del inframundo- me aproximo y le agarrándola quijada- yo soy un maldito loco que esta dispuesto a todo, así sea lastimar, y claro a salirse con la suya, ni tu ni nadie me va a salir con palabras que pueden herir, no a mi- le miento un poco, porque algún día si me lastimaron pero un dios no se rinde ni se demuestra sus sentimientos- ¡Me escuchaste!- repito con dureza apretándola y veo que la estoy lastimando y la alejo. Ella cae al piso de madera observándome con odio.

Comienzo a rodearla a su alrededor, observándola con crueldad, sintiéndome superior en todos lo sentidos. Mi vestimenta oscura da un aire de miedo y mi silueta puede hacerla ver pequeña. Ella si es mi rosa de cristal y sus palabras no me destrozaran.

-Tu viniste por tu cuenta a la guarida del lobo, ahora va ser imposible que escapes Elphi, no de mi- ella niega de inmediato y se levanta parándose desafiante.

-Sabes Hades, no habré crecido con mis padres, pero de algo estoy segura. Es ser valiente, y fuerte ante un ser como tú. Mi respuesta sigue siendo la misma, y aunque me termines matando en el proceso, no conseguirás lo que tanto anhelas y esa será tu condena. Nunca vas a cambiar después de haber vivido para tanto.




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