HADES
-Creo mi señor que es necesario que se tome un descanso, así usted vigila a la angelito-insinúa uno de mis empleados, Lýkaros. Pequeño como el resto y otro de mi confianza al igual que Antonie, solo en ellos dos confió.
Arqueo la ceja mientras observo el panorama oscuro donde un montón de cuerpos se arrastran hacia las profundidades de la tierra negra ,con condena ejecutada.
-Acaso no quieres que este aquí cumpliendo con mi trabajo- respondo aburrido de la misma situación . Después de que Elphi y yo tuvimos esa charla algo cambio en mi. Pero no quiero que nadie lo note porque me verán como débil y eso no quiero.
-No mi señor, pero dado lo que sucedo recientemente en el mundo mortal, supongo que puede ser necesario así mantiene el control.
Me quedo pensativo evaluando la situación y creo que puede tener un poco de razón.
-¿A quien dejamos?- pregunto con cautela y cambiando mi vestimenta por algo mas terrorifica, comienzo a bajar las escaleras y Lýkaros me sigue.
-Podría dejar alguno que lo siguen mi señor, como Thanatos que es una personificación de la muerte misma o algún juez, como Minos, tiene mucha autoridad con las almas del inframundo.
-Sabes que dejarlos a cargo podría ser mi destrucción, querrán ocupar mi lugar así sea mis aliados y simplemente no se puede confiar, pero puedo pensármelo- me detengo y le veo- traédmelos crearemos una batalla que ellos disfruten y les mencionare esto y aquello- asiente emocionado mientras seguimos bajando por las escaleras.
Mis pies se manchan enseguida por la tierra negra.
-Ahora dame espacio. Torturare a estas almas- me transformo en un enorme y deforme dragón de dos cabezas.
Ellas huyen con temor, deformándose sus rostros, lanzándose uno encima de otros. Me los comienzo a comer masticando sus asquerosos cuerpo, lanzo fuego. Y así nuevamente reviven el castigo que se merecen.
Por ejemplo uno de ellos se queda quieto, con la mirada deduzco que quiere desafiarme, pero no esta aquí para eso, así que lo quemo, sus gritos son una satisfacción para mis oídos.
**
Acostado en mi tina de baño, a la luz de las velas y con una vista oscura donde se mezcla con el rojizo del fuego, me pongo a meditar, pensando en ella y cuanto peso tiene mi trato. Nunca en miles de años hice algo así. Ni por Perséfone, ella era fuerte, una ninfa hermosa que antes de ser rodeada por maldad fue la mas pura en el jardín, donde también le secuestre, con su cabello rojizo y vestimenta radiaba la vida, lastima que se oscureció cuando la traje a vivir conmigo.
Muevo el agua, y saco mi mano para observarla al caer, las gotas que nunca he derramado en mi existencia inmortal.
-¿Acaso estoy queriendo cometer el mismo error de hace muchos años?- me pregunto a mi mismo. Y por un momento me siento agotado.
-Mi señor, la batalla iniciara enseguida. Thanatos y Minos ya están aquí, y requieren su atención.
-Enseguida Lýkaros- salgo de mi baño y me visto para la ocasión. No sin antes beber un poco de vino. Para calmar mi inseguridad sobre ellos dos.
-Bienvenidos caballeros- pongo mis manos atrás y comienzo a caminar alrededor de ellos.
-Así que una batalla de la que no estaba enterado Hades- menciona disgustado Minos.
-Es emocionante como nos recibes, dime que nosotros no vamos a luchar contigo- me guiña Thanatos, su extraña vestimenta me disgusta por la poca elegancia que emana siempre queriendo estar protegido.
-¿Cómo están tus hermanos?
-No lo se, no me dedico a visitarlos- se levanta y mira la arena- aunque si visito a Morfeo, es lo unico que calma al recolector de almas.
Gruño con desinterés.
-Pues mas te vale sacar tus alas porque vas a combatir con Minos-quien me regresa a ver enojado.
-Sabes perfectamente que este loco me matara de inmediato, ni sobreviviré al impacto, mejor reconsidéralo, déjame volver a mi lugar, juzgar desde lejos a las almas en desgracia.
-Agradezco el trabajo que realizan pero la verdad se va dar esta batalla, porque quiero que alguien se quede a cargo del inframundo por un buen tiempo, ya que voy a estar ausente.
Ambos achican los ojos.
-¿No puede ser solo en palabras?- me rio con tiranía.
-La forma clásica son los juegos- me acerco a Minos y lo agallo del cuello – ahora juega – lo lanzo a la arena, con ello Thataron se sorprende y sale volando de la nada.
Me siento como espectador mientras sigo bebiendo mi vino oscuro como aquella fruta que traía consigo Perséfone. Hoy me siento dolido por los recuerdos.
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secuestro y amor prohibido, dioses griegos y ángeles del cielo
Editado: 18.02.2026