(serie Recuerdos) - Recuerdos de mi vida 1

XIV

-Mírame Grecia, mírame cuando te hablo.

No lo hago mantengo mis ojos cerrados, estoy de rodillas frente a él  en un lugar totalmente oscuro y él está con una pistola  apuntando en mi frente.

-Abre los ojos ¡hija de perra! –siento un dolor  fuerte en mi frente que finalmente me hace abrir los ojos rápidamente y escucho el disparo a un lado.

No quiero morir, tampoco lo haría soy inmortal.

Me despierto sobresalta y sudada, me toco la frente con ambas manos se sintió tan real ese sueño, me destapo de las cobijas y me levantó para ir al baño, me miro en el espejo y estoy pálida abro la llave del lavamanos que es negro y me agacho para lavarme la cara. –Oh si agua helada, que relajante- ahora que estoy viviendo en Grecia me gustaría ir a recorrer este hermoso país, estoy tan emocionada diría yo que me encanta todo lo que tenga que ver con la cultura antigua. Más bien me gusta toda Europa hasta lo más feo que pueda tener.

Alguien toca la puerta y me encamino abrirla. –Hola- me saluda Alicet y debo admitir que esta hermosa con un vestido azul de verano parece una diosa.

-Hola, sucede algo – espero que no.

-Si, bueno no, en realidad creo que deberías cambiarte y desayunar vístete con ropa negra...... mmm porque vamos a ir a un lugar.

Asiento la cabeza en respuesta de un si.

**

Alicet y yo estamos fuera de la capital de Grecia creo que por donde vamos es puro bosque, estoy impaciente por llegar y saber adónde me lleva. Cuando llegamos ambas nos bajamos del auto, el sol está muy fuerte haciendo que entre en calor a quien se le ocurre venir todo de negro y en tremendo sol. Alicet.

-¿Dónde estamos? –le pregunto extrañada.

-A las afueras de la ciudad - ya me di cuenta pero en qué lugar.

-Ya pero ¿dónde?

-No te lo puedo decir. – ¡Ah no! es en serio le quiero dar un puñetazo ahora que lo pienso, ella junto con Diocles tienen muchos secretos. Ambos.

-Okei, es en serio. ¿Por qué? –le pregunto con una rabia.

-Porque tú no recuerdas nada, te estoy llevando con un grupo de ángeles que fueron desterrados de los cielos, son nuestros amigos, somos un grupo.

-Hay más, existen o que digo – me sorprendo y me da una felicidad por dentro.

-¡Claro que existen!, ya te lo dijo Diocles. Esa mente tuya– me lo dice sonriente y en buenos términos.

-Y Diocles ¿dónde está? porque nunca lo veo siempre aparece cuando le da la gana–hace días que no hablábamos y estoy un poco enojada con él. Cuando era la hora de comer lo evitaba ya que quería comer sola.

-El no vendrá.

-Como siempre.

Alicet y yo caminamos y seguimos caminando por tierra y césped me duelen los pies. ¿Cuánto tiempo pasaría desde que nos bajamos del carro?

-¿Ya llegamos?-le pregunto- estoy cansada.

-¡Ahg! Isabella ya falta poco, se paciente – hago un puchero como una niña pequeña y me doy ánimos para ser paciente. Loca.

Unos diez  minutos después llegamos y el lugar  es grande, estamos frente una cascada enorme – miro que Alicet saca su celular Motorola color celeste ¡por dios! son de esos antiguos con la tapita que se desliza hacia arriba, ya no hay de esos, pero mi pregunta es ¿porque estamos en una cascada acaso ellos se refugian atrás de ella? ¿hay un pasadizo? o será el punto de encuentro.

De pronto una joven de cabello rubio y largo sale detrás de la cascada esta vestida con un vestido de blanco manga larga, todo se produce en cámara lenta viene hacia mí y me abraza, siento una felicidad por dentro y tengo ganas de llorar pero no lo hago porque que me da vergüenza, se desprende del abrazo que recibí y pega grito pequeño de alegría, las demás personas se están acercando a nosotros.-Es ella –si soy yo Isabella quien más seria aparte de Grecia.

-Ella no les recuerda Iris –giro mi cabeza hacia Alicet por lo que menciono.

-Ya lo sé, Diocles me lo dijo –dice la rubia de pelo largo, Diocles todo tiene que ser el quien fue en los cielo o aquí. ¿Por qué ellos están  desterrados? voy a volverme loca. Tuerzo mi boca por mis pensamientos.

-Isabella ella es Iris, Marcos y Caleb –me señala con la manos a los jóvenes que parecen tener entre unos veinticinco o veintiún años o más, claro han de ser inmortales.

-Mucho gusto en conocerlos a todos –por alguna extraña razón me siento más pedida rodeada de ángeles "desterrados".

Estoy sentada en una silla muy pero muy pequeña de madera de tal manera que se me hace incómodo y provoca que me duela el trasero. Estamos todos dentro de la cueva que está detrás de la enorme cascada si habido una ‘‘cueva escondida’’ todo está muy ordenado cómo para que vivan aquí, me pregunto ¿desde cuándo habitan aquí? tengo mucha curiosidad, cuando estoy a punto de levantarme un chico me pregunta. –Cuando te quitaron tus alas –es algo que no me esperaba  ‘‘alas’’ no tengo alas "todavía" y tampoco lo sé ya que Dane me mintió manipulando mis recuerdos. Le respondo al chico -no lo sé- y el me mira extraño como no debí preguntar.




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