La paz es una variable inestable.
Siempre tiende al caos.
Estábamos en una racha productiva. El Árbol del Conocimiento ya se sostenía por sí mismo (gracias a mis tornillos y a pesar de la fe de Adán), y yo estaba calibrando el sensor de movimiento para la caída de la manzana. El teatro estaba en silencio, una burbuja segura lejos del ruido del instituto.
Entonces, las puertas dobles se abrieron con ese chirrido agónico que he llegado a asociar con las malas noticias.
El aire cambió. La temperatura bajó tres grados. Lo sentí en la nuca antes de verlo.
El director Gabriel entró primero, luciendo más pálido y sudoroso de lo habitual, como un hombre que camina hacia el patíbulo. Y detrás de él, con la calma de un tiburón que huele sangre en el agua, entró el Profesor Belial.
Se me cayó el destornillador de la mano.
El sonido metálico contra el suelo de madera resonó como un disparo en el auditorio vacío.
Adán, que estaba pintando el tronco del árbol subido en la escalera, se detuvo. Bajó la brocha y miró hacia la entrada. Su postura relajada desapareció al instante. Sus músculos se tensaron.
—Vaya, vaya —dijo Belial. Su voz rebotó en la acústica perfecta del teatro, amplificando su veneno—. Qué escena tan... doméstica.
Bajé del escenario. Mis piernas parecían hechas de plomo, pero mi cerebro gritaba: Enfréntalo. No muestres debilidad. Los depredadores atacan el movimiento errático.
—Profesor Belial —dije. Mi voz salió firme—. Director Gabriel. A qué debemos el honor de esta interrupción en nuestro cronograma de trabajo.
Belial no me miró. Caminó hacia el escenario, subiendo las escaleras con pasos lentos y deliberados. Inspeccionó el decorado. Tocó una de las flores de papel que Judit había hecho. La arrancó con dos dedos y la dejó caer al suelo como si fuera...
—Basura —sentenció.
—Es arte conceptual —dijo Adán desde la escalera. Su tono era ligero, pero sus ojos eran hielo—. Se supone que representa la fragilidad de la vida. O algo así. Judit tiene folletos si le interesa.
Belial levantó la vista hacia Adán. Sonrió. Esa sonrisa que no llega a los ojos.
—Adán—Belial negó con la cabeza—. Es triste verte así. Manchado de pintura. Degradado. Tu padre debe estar... decepcionado. Un atleta de tu calibre, desperdiciando su potencial clavando tablas para una obra que nadie va a ver.
—A mi padre le encanta el teatro —mintió—. Dice que mejora mi proyección de voz para gritar en el campo.
Belial ignoró la broma y se giró hacia mí. Se acercó. Invadió mi espacio personal hasta que pude oler el café rancio en su aliento.
—Y tú —susurró—. Eva.
Me mantuve firme. Apreté los puños a los costados.
—Profesor.
—He estado revisando el presupuesto de este... proyecto. —Hizo un gesto de desdén hacia el escenario—. Y he estado revisando tu expediente disciplinario. Me preocupa, Gabriel. Me preocupa mucho.
El director Gabriel se aclaró la garganta, nervioso.
—Belial, ya hablamos de esto. El consejo escolar acordó que...
—El consejo escolar acordó una rehabilitación —cortó Belial, alzando la voz—. Pero lo que veo aquí no es rehabilitación. Veo a una alumna peligrosa perdiendo el tiempo. —Me clavó la mirada—. Destruiste mi laboratorio, Eva. Agrediste a mi hijo. ¿Y crees que pegar cuatro maderas te va a salvar?
—Que no fui yo —repetí—. Y estamos trabajando duro. La escenografía estará lista.
Belial se rió. Fue un sonido feo.
—¿Lista? —Dio una patada a una de las cajas de utilería, haciéndola volcar—. Esto es una pocilga. Es un insulto a la institución. Si el estreno es en dos semanas y esto es todo lo que tienen, es patético.
Sentí una punzada en el pecho. No por el insulto, sino por la injusticia, y no la mía solamente. Habíamos trabajado horas. Adán tenía las manos llenas de astillas. Yo tenía quemaduras de soldador.
—Estamos siguiendo el cronograma —dije, luchando por mantener la serenidad—. La eficiencia es óptima dadas las restricciones presupuestarias.
—No me importan tus excusas—siseó Belial. Se inclinó hacia mi oído—. Voy a ser claro contigo, niña. No te quiero en esta escuela, no te quiero cerca de mi hijo. Eres un error del sistema y voy a corregirte.
Se giró hacia el director Gabriel.
—Gabriel, quiero una evaluación de desempeño. Ahora.
—¿Ahora? —balbuceó el director—. Pero... aún no han terminado.
—Exacto. —Belial sonrió—. Si esta escenografía no es perfecta... no "buena", no "aceptable", sino perfecta, técnica y estéticamente, para la inspección de mañana por la mañana... recomendaré la expulsión permanente de Eva por incumplimiento de los términos de su castigo.
El mundo se detuvo.
—¿Mañana? —preguntó Adán, bajando de la escalera de un salto. Aterrizó con un golpe sordo—. Eso es imposible. Faltan pintar el fondo, instalar las luces y probar el mecanismo. Necesitamos tres días mínimo.
—Entonces trabajen rápido —dijo Belial, encogiéndose de hombros—. Tienen toda la noche.
—No pueden quedarse toda la noche —intervino Gabriel débilmente—. Las normas de seguridad...
—Haz una excepción, Gabriel —ordenó Belial—. O explicaré al consejo por qué permites que estos vándalos holgazaneen con el dinero de los contribuyentes.
Gabriel bajó la cabeza, derrotado.
—Está bien. Tienen permiso especial. El conserje nocturno cerrará las puertas exteriores a las diez, pero les dejaré las luces encendidas.
Belial me miró una última vez. Sus ojos brillaban con triunfo.
—Mañana a las 8:00 AM, Eva. Si veo un solo clavo fuera de lugar, si veo una sola mancha de pintura donde no debe estar... despídete de tu beca. Despídete de la universidad. Despídete de todo.
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romance adolescente amistad y drama, escolar secundaria preparatoria, comedia romántica y slow burn.
Editado: 28.06.2026