Reclutar un ejército es una tarea compleja. Reclutar un ejército de adolescentes hormonales con tendencias al melodrama es, estadísticamente, un suicidio.
Pero no tenemos opción.
Si queremos que el plan de la "Manzana de Troya" funcione, necesitamos que el entorno sea controlado. Necesitamos que los actores no se asusten cuando las luces se pongan rojas. Necesitamos que sigan actuando mientras el mundo arde. Necesitamos cómplices.
Estamos todos sentados en el escenario. El "Círculo de la Verdad", como lo llamó Adam.
Están todos:
1. Luna (la chica del pelo azul), que actualmente está limándose las uñas con una agresividad que me preocupa.
2. Timmy (el chico-semilla), que bebe su batido de proteínas mirando a la nada.
3. Marcus (el antagonista de la obra, que hace de "La Voz de la Duda"), un chico gótico que cree que sonreír causa arrugas prematuras.
4. Y el resto del coro de ángeles y animales, una mezcla de inadaptados sociales. Cómo yo.
Adam está de pie en el centro. Yo estoy a su lado, sentada en una caja, con mi portátil cerrado en el regazo como un escudo.
—¿Para qué nos reuniste, Adam? —pregunta Luna, soplando el polvo de sus uñas—. Tengo ensayo de llanto a las cinco. Necesito hidratarme antes.
Adam me mira. Me da un asentimiento imperceptible. Tu turno.
Respiro hondo. Datos. Hechos. Sin emociones.
—Tenemos que cambiar el final de la obra —digo. Mi voz sale clara, fría.
Un murmullo de protesta recorre el círculo.
—¿Cambiarlo? —se queja Marcus—. Ya me aprendí mis líneas. Son cuatro frases, pero me costó memorizar la entonación existencialista.
—No solo las líneas —interviene Adam—. Vamos a cambiar el propósito.
El silencio cae. Los actores huelen el drama como tiburones la sangre. Se inclinan hacia adelante.
—Escuchen —dice Adam, y su voz adopta ese tono grave y carismático que hace que la gente quiera seguirlo a la batalla—. Todos saben por qué Eva está aquí. Todos escucharon los rumores. "La loca que quemó el laboratorio".
Todos me miran. Mantengo la barbilla alta.
—Es mentira —dice Adam.
—Lo sabemos —dice Timmy, sorprendiéndonos a todos—. Nadie quema un laboratorio a propósito a menos que sea un villano de Marvel. Y Eva es demasiado... eh... ordenada para ser una villana.
—Gracias, Timmy —digo, genuinamente agradecida por el análisis de mi perfil psicológico.
—La verdad —continúa Adam— es que Caín, atacó a Eva. El incendio fue defensa propia. Y el profesor Belial lo encubrió.
El aire en el escenario cambia. La temperatura baja.
Los chicos de teatro pueden ser exagerados, ruidosos y molestos. Pero si hay algo que entienden visceralmente, es ser la víctima. Ser el raro. Ser el que no tiene poder.
Luna deja de limarse las uñas. Levanta la vista, y sus ojos delineados de negro brillan con una furia repentina.
—Ese imbécil —sisea—. El año pasado le dijo a mi hermana que si no se alisaba el pelo parecía una escoba. Hizo que llorara en el baño durante una semana.
—A mí me tiró el almuerzo dos veces —añade Marcus, con voz sepulcral—. Y ni siquiera se disculpó.
—Es un imbécil , un bullying —digo—. Y Belial es su protector. Mañana, en el estreno, Belial estará en primera fila esperando ver cómo está obra fracasa Esperando ver cómo su hijo sale impune.
Me pongo de pie.
—Tengo la prueba —digo, levantando el portátil—. Tengo el video. Pero no puedo proyectarlo sola. Necesito que la obra continúe hasta el momento exacto. Necesito que ustedes mantengan la fachada mientras Adam y yo hacemos lo demás.
Miro al grupo.
Si nos descubren antes de tiempo, nos expulsan a todos. Si sale mal, la obra se arruina. Les estoy pidiendo que arriesguen su momento de gloria por mi venganza.
No les puedo decir las consecuencias, no me conviene, se podrían echar para atrás y olvidarian su rencor contra Caín.
Miro a Adam. Él está tenso, esperando que alguien rompa el silencio.
Entonces, Luna se levanta.
Se alisa la falda de tul negro. Camina hacia mí. Me mira a los ojos.
—Evita —dice, poniendo una mano en mi hombro—, no nos estás pidiendo que arruinemos la obra. Nos estás pidiendo que la hagamos interesante.
Se gira hacia el grupo.
—¿Estamos hartos de que nos traten como accesorios, verdad? ¿Estamos hartos de que los "populares" y los "hijos de papá" nos pisen?
—¡Sí! —grita Timmy, levantando el puño y derramando un poco de batido
—Esto no es una venganza —declara Marcus, poniéndose de pie con una elegancia vampírica—. Esto es una tragedia griega. Es justicia divina. Y nosotros somos las Furias.
Ok, tampoco es para que exageren.
—¿Entonces están dentro? —pregunta Adam, siguiéndoles el juego dramático.
—Estamos dentro hasta el cuello —dice Luna—. Pero con una condición.
—¿Cuál? —pregunto, calculando las variables.
—Si vamos a destruir a Caín y a Belial... queremos hacerlo con estilo. Nada de actuaciones tímidas. Si esto es una guerra, queremos armas.
En ese momento, las puertas del fondo se abren.
Judit entra.
Nos ve a todos de pie, en círculo, con caras de conspiradores revolucionarios. Se detiene. Se ajusta el turbante.
—Vaya —dice, avanzando hacia nosotros—. La energía aquí ha cambiado. Huele a... ¿Motín?. Chicos, pensé que nuestro grupo era cero toxicidad.
Adam y yo intercambiamos una mirada. ¿Se lo decimos? Judit es profesora. Técnicamente, es "la autoridad".
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romance adolescente amistad y drama, escolar secundaria preparatoria, comedia romántica y slow burn.
Editado: 28.06.2026