Serpientes en el escenario del Edén.

RUMOR 19

El lenguaje es un código

El lenguaje es un código. Si cambias la sintaxis, cambias la realidad.

Estamos sentados en círculo sobre el escenario—nuestra nueva formación estándar de combate—. Judit preside la reunión con un bolígrafo rojo que maneja como si fuera una daga ceremonial.

El problema es el siguiente: tenemos que cambiar el guion lo suficiente para que la trampa funcione, pero no tanto como para que el Director Gabriel cancele la obra en el primer acto. Tiene que ser sutil. Tiene que ser un veneno de acción lenta que no se note hasta que ya estés muerto.

Por mi hubiéramos seguido tal cual, sin cambios, sin modificaciones que pudieran separarnos, sin indirectas o escenas innecesarias. Por mi hubiéramos seguido como si nada y al final exponer las pruebas.

Pero el Club de teatro dijo que era todo o nada.

—La escena de la Tentación es demasiado literal —dice Judit, tachando una página entera con furia—. Una serpiente que habla, una mujer ingenua... es aburrido. Es predecible. Y nosotros odiamos lo predecible.

—Necesitamos que sea una alegoría —interviene Adam. Está sentado a mi lado, jugando con la Manzana de Troya (la que tiene el chip dentro). Su postura es relajada, pero sus ojos escanean al grupo, midiendo reacciones—. No estamos contando la historia de hace miles de años. Estamos contando lo que pasa en este edificio.

Luna levanta la mano.

—¿Entonces la Serpiente ya no es el Diablo?

—No —dice Adam, poniéndose de pie. Empieza a caminar alrededor del círculo. Es magnético. Sabe cómo usar el espacio, cómo hacer que todos lo miren—. La Serpiente no es un monstruo mitológico. La Serpiente es el "Hijo Favorito". Es el que vive en el Jardín con privilegios VIP. El que cree que puede tomar lo que quiera porque su Papá es el dueño del lugar.

Además está este loco que le sigue el rollo y alimenta la esquizofrenia del grupo.

Un murmullo de entendimiento recorre el grupo. Todos piensan en Caín.

—Y el Jardín... —continúa Adam, señalando el decorado que construimos— no es el Paraíso. Es una jaula dorada. Es un lugar donde te dan todo, siempre y cuando no preguntes, no te quejes y no mires detrás de la cortina.

Me mira a mí.

—Eva no come la manzana porque sea tonta o golosa. Eva come la manzana porque la Serpiente la acorrala. Porque la Serpiente le dice que su única opción es obedecer o ser destruida.

Siento un escalofrío. Adam está traduciendo mi trauma en arte dramático. Es brillante y aterrador.

—Entonces... —recapitulo, tomando nota —, ¿comer la manzana no es un pecado. Es un acto de defensa propia. Es un acto de rebelión. Es buscar la VERDAD (con mayúscula) en un mundo de mentiras?

Judit aplaude lentamente.

—Me encanta. Es subversivo. Es oscuro. Es perfecto. —Se inclina sobre el guion—. Vamos a cambiar los diálogos. Marcus, tú eres la Voz de Dios. Pero ya no eres un Dios benévolo. Eres un burócrata. Eres la Administración.

Marcus sonríe, mostrando sus dientes que hoy ha pintado de negro.

¿Por qué? Ni fruta idea.

—Puedo hacer eso. Tengo mucha práctica siendo ignorado por la administración.

—Bien. —Judit señala a Adam—. Adam, tú tienes que vender esto. Tienes que convencer al público de que Caín... digo, la Serpiente... es el villano, antes de que soltemos el video. El público tiene que sentir el asco.

Adam asiente. Se detiene frente a mí.

—Necesitamos una frase clave —dice—. El detonante. La línea que conecte la ficción con la realidad justo antes de que muerda la manzana.

Saco mi libreta. Mi cerebro procesa opciones.

—En el guion original, la Serpiente dice: "Seréis como dioses".

—Basura —dice Adam—. Caín no quiere que seamos dioses. Caín quiere que seamos sus juguetes.

Piensa un momento. Se pasa la mano por el pelo rubio.

—¿Qué te dijo a ti, Eva? —pregunta suavemente.

Trago saliva.

—Dijo... "Es tu palabra contra la mía".

Adam chasquea los dedos.

—Esa es.

Se gira hacia el grupo, actuando. Adopta una postura encorvada, depredadora.

—La Serpiente le dirá a Eva: "Nadie te creerá. Es tu palabra contra la mía".

Hasta parece que se lo han tomado más personal que yo porque el elenco empieza a vibrar de emoción. Ya no es una obra escolar. Es un operativo. Una venganza por cada burla y humillación.

—Pero hay un riesgo —digo, aplicando mi pragmatismo habitual—. El Director Gabriel revisará el ensayo general de esta tarde. Si nota los cambios, nos cancela.

Adam sonríe.

—No se dará cuenta. Vamos a usar la técnica del "Doble Sentido".

—¿Explícate? —pido.

—Para Gabriel, diremos las líneas con un tono... melodramático. Exagerado. Haremos que parezca teatro malo. Él solo escuchará "biblia, biblia, pecado". Su cerebro se desconectará por aburrimiento. —Adam guiña un ojo—. Pero en el estreno... en el estreno cambiamos la entonación. Bajamos el tono. Lo hacemos real. Lo hacemos frío. Las mismas palabras, Eva, pero con diferente intención.

Es manipulación psicológica de nivel experto. Adam conoce a su audiencia, al público y a la sociedad. Sabe que Gabriel es perezoso que solo quiere marcar una casilla y irse a casa.

—Hagamos una prueba —dice Judit—. Escena 4: El Encuentro. Marcus, Adam, Eva. ¡Acción!

Nos colocamos.

Marcus (Dios/Administración) se sube a una escalera.

—¡Adán! ¡Eva! —entona Marcus con voz de barítono—. ¡Os he dado este jardín perfecto! ¡No toquéis el árbol del centro, pues es propiedad privada de la Junta Directiva... digo, del Cielo!




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