Serpientes en el escenario del Edén.

RUMOR 20.

El engaño requiere dos componentes: el hardware y el software

El engaño requiere dos componentes: el hardware y el software.

Yo estoy a cargo del hardware. Adam está a cargo del software (la manipulación y codificación social).

Estoy encajonada dentro del tronco hueco del Árbol del Conocimiento. Es un espacio claustrofóbico, lleno de polvo, astillas y arañas que probablemente me están intentando picar. Tengo una linterna en la frente y un micro-proyector de alta definición robado temporalmente del aula de audiovisuales y modificado por mí en las manos.

—Si esto se calienta demasiado, derretirá el árbol —murmuro, ajustando el ventilador de refrigeración.

El plan es meticuloso. He taladrado un agujero en la madera, a dos metros de altura. Desde fuera, parece una imperfección natural de la corteza.

Conecto los cables HDMI al receptor inalámbrico. Aseguro la batería con cinta industrial. Alineo la lente para que dispare directamente al telón de fondo blanco que actualmente está cubierto por una tela pintada que caerá mecánicamente en el momento del clímax

Es una obra de arte de la ingeniería de guerrilla.

Salgo del árbol, cubierta de aserrín y sudor.

Miro el reloj. 11:30 AM. Hora del almuerzo.

Hora de la Fase 2.

Adam.

Salgo del escenario y me dirijo a la pasarela técnica, arriba, en las vigas. Desde allí tengo una vista perfecta del patio de la cafetería sin ser vista. Necesito monitorear la operación.

Miro hacia abajo. El patio está lleno. El sol brilla sobre la ignorancia adolescente.

Y ahí está él.

Adam camina hacia la mesa de los "Intocables". Camina diferente a como lo hace conmigo. Conmigo, se desliza. Ahora, marcha. Hombros anchos, barbilla arriba, esa arrogancia depredadora que hace que los estudiantes de primer año se aparten como el Mar Rojo.

Se acerca a Caín.

Caín está sentado con su séquito, todavía luciendo un moretón tenue en el cuello donde Adam lo agarró hace unos días. Cuando ve a Adam acercarse, se tensa.

Desde mi altura, no puedo oír lo que dicen. Pero no hace falta, pero algo me imagino.

Adam levanta las manos. Gesto de paz. Sonríe. La sonrisa número 3: "Encantador arrepentido".

Caín no se relaja. Dice algo agresivo. Lo veo en la tensión de su mandíbula.

Adam se ríe. Se pasa una mano por el pelo. Se encoge de hombros. Hace un gesto vago, como diciendo: "Ya sabes cómo son".

Se sienta en la mesa, sin pedir permiso. Invade el territorio.

Veo a Adam inclinarse hacia Caín. Le dice algo confidencial. Caín duda un segundo, luego suelta una risa corta y Adam se ríe con él.

Siento un nudo en el estómago. Verlo así... riéndose con el monstruo que intentó destruirme... me provoca una disonancia cognitiva brutal. Sé que es una actuación. Sé que lo hace por mí. Pero duele. Duele ver lo fácil que le resulta ponerse la máscara de imbécil tan parecida a la de él.

Adam le da una palmada en la espalda a Caín. Caín acepta el gesto. La tensión se disipa. Empiezan a ser "bros".

Adam saca su teléfono y le muestra algo a Caín. Probablemente un meme estúpido o una foto de una chica. Caín asiente, relajado.

Objetivo cumplido: Neutralización de la amenaza mediante validación del ego.

Adam se levanta, hace un choque de puños con Caín y se aleja.

Mientras camina de regreso hacia el edificio de artes, su postura cambia. En cuanto cruza la puerta y entra en la sombra, los hombros se le caen. La sonrisa se borra como si la hubieran apagado con un interruptor. Se pasa la mano por la cara con un gesto de asco profundo.

Bajo corriendo de la pasarela para interceptarlo en el camerino.

Cuando entro, Adam está lavándose las manos en el lavabo con una furia obsesiva. Frota el jabón hasta que le duelen los nudillos.

—¿Funcionó? —pregunto, cerrando la puerta.

Adam levanta la vista. Me mira a través del espejo. Se ve pálido.

—Funcionó —dice, con voz ronca—. Le dije que mi padre me amenazó con enviarme a una escuela militar si no arreglaba las cosas con él. Le dije que mi ataque de ira fue por... "estrés de esteroides".

—¿Esteroides? —arqueo una ceja—. ¿Esa fue tu excusa?

—Es algo que Caín siempre quiso divulgar—Adam cierra el grifo y se seca las manos con papel, bruscamente—. Cree que estamos bien. Cree que soy su aliado otra vez. Se lo tragó completo

—¿En serio?

—Si. ¡Ah! Y la actuación también.

—¡Agh! ¡Que eres asqueroso!

Adam tira el papel a la basura. Se deja caer en una silla, muerto de risa.

—Me siento sucio. Siento que tengo su... su mugre encima.

Me acerco a él. Ver al "Príncipe" tan roto por tener que actuar como un villano es la prueba definitiva de su lealtad.

—No eres él, Adam —digo.

—Soné como él. Actué como él.

—Eres un infiltrado —corrijo, poniendo mi mano en su hombro—. Los espías se visten con el uniforme del enemigo para destruir la base desde dentro. Eso no los convierte en nazis. Los convierte en héroes saboteadores.

Adam levanta la vista y pone su mano sobre la mía.

—¿El proyector? —pregunta, cambiando de tema desesperadamente.

—Instalado. Calibrado. Invisible.

—Bien. —Respira hondo—. Porque Caín va a estar en primera fila mañana. Me dijo que quiere grabar tu "humillación" cuando olvides tus líneas.

—Perfecto —sonrío, una sonrisa de tiburón—. Que grabe. Porque va a grabar su propia ejecución social en 4K.

—Eva... —Adam me tira suavemente de la mano hasta que estoy parada entre sus piernas. Apoya la frente en mi estómago, buscando contacto, buscando tierra—. Dime que esto vale la pena. Dime que después de mañana, podré dejar de fingir y que nada va a cambiar entre nosotros.




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