Serpientes en el escenario del Edén.

RUMOR 21

El aire en el teatro está cargado de estática

El aire en el teatro está cargado de estática. Faltan tres horas para que se abran las puertas para el gran estreno. El "Ensayo Técnico de Beso" (sí, Judit lo llamó así) es el último obstáculo en nuestra lista de tareas.

El problema es que, hasta ahora, Adam y yo hemos evitado el contacto labial directo con una eficiencia admirable. Hemos fingido. Hemos trucado los ángulos. Hemos hecho trampa.

Pero hoy, Judit no lo dejará pasar está vez.

—¡Corten! —grita desde la primera fila, interrumpiendo la escena por tercera vez—. ¡Es patético! ¡Parecen dos peces muertos chocando en una pecera sucia!

Adam y yo nos separamos. Estamos en el centro del escenario, bajo una luz cenital suave y azulada.

—Estamos marcando la posición, J —dice Adam, pasándose una mano por el pelo. Se le ve nervioso. Es raro.

—¡No quiero que marquen! —Judit sube al escenario, hecha una furia de túnicas y collares—. Esta noche va a estar el Director. Va a estar todo el maldito pueblo. Si este beso no vende la Caída del Hombre, si no me creo que pecaron por amor... entonces todo el mensaje subversivo se va a la basura.

Se gira hacia mí. Me toma de los hombros.

—Eva, cariño. Eres brillante pero besas a Adán como si tuvieras miedo de contagiarte.

—El intercambio de fluidos salivales es el principal vector de transmisión de mononucleosis —replico.

Judit rueda los ojos tan fuerte que temo que se le queden en blanco.

—Olvida la ciencia. Olvida los datos. —Se gira hacia Adam—. Y tú, Casanova. Se supone que eres el deseo encarnado. Bésala como si fuera la última mujer en la Tierra. Bésala como si se fuera a acabar el mundo mañana. Porque en nuestra obra, se acaba.

Judit baja del escenario y se sienta en la oscuridad.

—¡Una vez más! ¡Y si veo un solo centímetro de aire entre sus bocas, los hago ensayar desnudos! ¡Acción!

El silencio cae sobre el teatro. El elenco nos mira desde las bambalinas, conteniendo el aliento. Saben que esto no es solo actuación. Saben lo que hay entre nosotros. Esa cosa eléctrica y peligrosa que hemos estado ignorando para centrarnos en la misión.

Adam me mira. Sus ojos azules están oscuros, dilatados.

Se acerca.

Esta vez no hay sonrisa.

—Eva —dice. Es su línea. Pero suena diferente. Suena a horror.

—Adán —respondo. Mi voz tiembla un 4%. Imperceptible para el público, ensordecedor para mí.

Él levanta la mano. Me toca la mejilla. Su pulgar roza mi labio inferior, enviando una descarga directa a mi sistema límbico.

—El jardín se está quemando —recita él—. Ya no queda nada seguro.

—Solo queda la verdad —respondo, mirando sus labios. Están Entreabiertos.

—Y tú —dice él.

Da un paso más. Elimina la distancia. Su cuerpo choca contra el mío. Siento el calor de su pecho a través de mi vestido. Siento su respiración agitada mezclarse con la mía.

Adam inclina la cabeza. No se precipita. Me da un segundo, un último segundo para apartarme, para hacer un chiste, para volver a la seguridad de la lógica.

No me muevo. Me pongo de puntillas.

Y entonces, sucede.

Sus labios tocan los míos.

Al principio es suave. Un tanteo. Una pregunta. ¿Puedo? Es cálido. Es real. No es teatro.

Cierro los ojos y el mundo lógico desaparece.

Suelto un pequeño suspiro contra su boca, y ese sonido parece romper algo dentro de él.

Adan gruñe. Un sonido bajo, gutural, vibrante.

Su mano se enreda en mi pelo, en la nuca, y cambia el ángulo. Ya no es suave. Es hambre. Me presiona contra él con una fuerza desesperada. Su lengua roza mis labios y yo abro la boca, invitando al desastre.

El beso se profundiza. Se vuelve caótico. Húmedo. Frenético.

Mis manos, que no sabían qué hacer, cobran vida propia. Se aferran a su camisa. La arrugan. Siento los músculos de su espalda tensos bajo la tela. Lo atraigo más hacia mí, queriendo borrar el poco espacio que queda.

Sabe a menta y a café. Sabe a todas las noches que pasamos despiertos planeando esto.

Adan me levanta un poco del suelo, pegándome a su cadera. Yo suelto un gemido que definitivamente no estaba en el guion de Judit.

Es una colisión. Es termodinámica pura: dos cuerpos generando calor hasta la fusión nuclear.

Olvidamos dónde estamos. Olvidamos que hay gente mirando.

Adan muerde suavemente mi labio inferior y yo siento que las rodillas me fallan. Si no me estuviera sosteniendo, caería al suelo.

—¿Eva? —susurra contra mi boca. No es una línea del guion. Es una declaración de propiedad.

—¿Adan? —respondo, sin pensar, sin analizar.

Seguimos besándonos. Es adictivo. Es la droga más fuerte que he probado y quiero una sobredosis. Quiero quedarme aquí, en este bucle de sensaciones, y que el mundo se queme alrededor.

—¡CORTEN!

El grito de Judit suena lejano, amortiguado, como si viniera de otra dimensión.

Pero Adam lo escucha. Se tensa.

Lentamente, dolorosamente, se separa de mí.

Nuestras frentes siguen unidas. Estamos respirando como si hubiéramos corrido una maratón. Mis labios hormiguean. Mi corazón está intentando salir por mi garganta.

Abro los ojos. Veo borroso.

Adam me mira. Sus pupilas están tan dilatadas. Tiene los labios rojos, hinchados. Se ve... destruido. Y hermoso.

El teatro está en un silencio absoluto.

Nadie se ríe. Nadie hace chistes.

Miro hacia las bambalinas. Luna tiene la boca abierta. Timmy ha dejado caer sus alas de ángel.

Miro hacia la platea.

Judit está de pie. No está gritando. Se está abanicando con el guion, luciendo genuinamente impresionada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.