En la pantalla gigante detrás de nosotros, el video se reproduce en bucle. La imagen de Caín acorralándome, el sonido de su risa... todo se amplifica por el sistema de sonido envolvente de 50.000 vatios que "tomé prestado" del estadio.
El público no grita. El público aúlla.
Es una mezcla de horror, sorpresa y esa euforia morbosa que siente la gente cuando ve caer una guillotina.
—¡Es él! —grita alguien desde la oscuridad de la platea—. ¡Es Caín!
—¡Lo grabaron! ¡Mierda, lo grabaron!
—¿Intentó abusar de la nerd?
—Lo más turbio es que su mismo padre fue complice.
En la primera fila, el Profesor Belial ha salido de su estado de shock. Su cara ha pasado del blanco pálido a un rojo apopléjico. Ya no es el académico arrogante. Es un animal acorralado.
Miro a Caín. Él sigue sentado, pero se ha hecho ovillo. Se cubre la cara con las manos. Sabe que se acabó. Su reputación, su estatus, su futuro... todo está ardiendo en esa pantalla pixelada.
Pero Belial no se rinde.
—¡APAGUEN ESO! —brama Belial, saltando de su asiento—. ¡ES FALSO! ¡GABRIEL, HAS ALGO!
El Director está paralizado bajo su asiento, hiperventilando. No va a cortar nada.
Sé que, en fondo, él se esperaba que algo turbio estaba detrás de todo eso.
Belial se da cuenta de que está solo. Me mira a mí, parada en el escenario junto a Adam. Sus ojos son dos pozos de odio puro.
—¡Tú! —grita, señalándome—. ¡Maldita niña!
Y entonces, hace lo impensable.
Belial sube las escaleras del escenario. Va a por mí. Va a por la sangre.
—¡Voy a matarte! —ruge, corriendo hacia nosotros con los puños cerrados.
Mi cerebro calcula la distancia. Velocidad del sujeto: 15 km/h. Tiempo de impacto: 4 segundos. Probabilidad de daño físico: Alta, muy alta.
Pero Adam no se mueve. Adam sonríe.
Levanta una mano, no hacia Belial, sino hacia las bambalinas.
—¡GUARDIANES! —grita Adam con voz de trueno—. ¡PROTEGED EL ÁRBOL SAGRADO! ¡QUE NINGÚN DEMONIO LA TOQUE!
—¿QUE TE PASA? —espeto.
De las sombras, emergen ellos.
El equipo de fútbol.
Llevan togas blancas mal puestas sobre sus uniformes deportivos y espadas de cartón plateado. Son doce armarios empotrados de masa muscular adolescente, liderados por Mark.
Esto ya es surrealista, de no ser porque lo estoy presenciando ni lo creería posible.
Belial está a dos metros de mí cuando Mark se interpone en su camino.
—¡ALTO AHÍ, BESTIA INMUNDA! —grita Mark, con una dicción terrible pero un entusiasmo encomiable.
Belial intenta empujarlo.
—¡Quítate de en medio, imbécil! —grita el profesor.
—¡EL MAL NO PASARÁ! —responde Mark.
Y entonces, hace lo que mejor sabe hacer.
Mark baja el hombro. Flexiona las rodillas. Y placa al Profesor Belial con la técnica perfecta de un karate kid.
El sonido del impacto resuena en todo el teatro. Belial sale volando hacia atrás y aterriza de culo en el suelo del escenario.
El público estalla en aplausos. Creen que es parte del show. Creen que es una coreografía.
—¡Esto es agresión! —chilla Belial, intentando levantarse—. ¡Estás expulsado! ¡Todos expulsados!
Pero antes de que pueda ponerse de pie, el resto de los "Guardianes" lo rodean.
—¡Círculo de Purificación! —ordena Adam desde mi lado.
Los jugadores de fútbol rodean a Belial. Empiezan a empujarlo suavemente con sus escudos de cartón, manteniéndolo en el suelo, impidiéndole avanzar.
Esto es hasta ilarante.
—¡Atrás, espíritu del mal! —grita un chico, dándole un empujón con la cadera—. ¡Vuelve al infierno!
—¡Suéltame! —grita Belial, manoteando—. ¡Soy un profesor!
Adam se acerca al borde del escenario, mirando hacia abajo al caos controlado.
—¡Nadie detiene la obra! —anuncia al micrófono—. ¡La verdad debe ser vista!
En la pantalla, el video llega al final. Se ve el fuego consumiendo el laboratorio. Se escucha la voz de Belial en la grabación original (que Adam capturó después): "Dile que fue ella. Dile que está loca. Yo me encargo del director".
El teatro jadea. Esa es la prueba definitiva. La voz de Belial conspirando.
Belial, en el suelo, escucha su propia voz. Deja de luchar contra los jugadores de fútbol. Se queda pálido, mirando la pantalla con horror.
Sabe que ya no puede decir que es falso. Es su voz. Inconfundible.
Me acerco al borde del escenario. Adam me pasa el micrófono.
Miro a Belial, tirado en el suelo, rodeado de adolescentes disfrazados de ángeles.
—Profesor —digo. Mi voz no tiembla. Es acero frío—. La escenografía es perfecta, ¿no le parece?
Belial me mira. Ya no hay furia. Solo hay miedo.
—Estás acabada —susurra, pero sin convicción.
—No —respondo—. Usted sí.
En ese momento, las luces azules de la policía inundan el vestíbulo desde los vitrales. Alguien llamó al 911. Probablemente Maria o Jezabel.
Dos oficiales entran corriendo por el pasillo central, apartando a los estudiantes que graban con sus móviles.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —grita uno de los policías.
El Director Gabriel, viendo su oportunidad se levanta de su asiento y señala a Belial.
—Oficiales—no grita, habla con calma, ya con cansancio y decepción—. Arresten a ese hombre. Incrimino a una estudiante y fue complice de abuso a una menor. Su confesión está en video, puedo entregársela ya que es de la seguridad de la escuela.
Belial mira a Gabriel con incredulidad.
#1515 en Otros
#499 en Humor
#290 en Joven Adulto
romance adolescente amistad y drama, escolar secundaria preparatoria, comedia romántica y slow burn.
Editado: 28.06.2026