Serpientes en el escenario del Edén.

RUMOR 24

Han pasado tres días desde "La Noche del Juicio" (como la llama Timmy), tres días contando sábado y domingo en dónde el lunes a primera hora tenía que hacer frente a las consecuencias

Han pasado tres días desde "La Noche del Juicio" (como la llama Timmy), tres días contando sábado y domingo en dónde el lunes a primera hora tenía que hacer frente a las consecuencias.

Estoy sentada en la oficina del Director Gabriel. Adam está a mi lado, ocupando la silla con esa despreocupación que tanto le molestaba a la administración y que ahora parece intocable.

Gabriel se seca el sudor de la frente con un pañuelo. Parece haber envejecido diez años en setenta y dos horas.

—Bien... —dice, barajando papeles nerviosamente—. He revisado los informes policiales y las decisiones de la junta escolar.

Nos mira por encima de sus gafas.

—Arthur Belial ha sido destituido permanentemente. Enfrenta cargos penales. —Gabriel traga saliva—. Y su hijo, Caín... ha sido expulsado con efecto inmediato. Se le ha prohibido acercarse a un radio de quinientos metros de esta institución y de ti, Eva.

Siento que mis hombros bajan dos centímetros. Es oficial. La amenaza ha sido eliminada del sistema.

—Era lo lógico —digo fríamente.

—Sí, bueno... —Gabriel intenta sonreír—. La escuela quiere... compensarte, Eva. Sabía que no sería capaz de todo esto, pero no tenía pruebas físicas ¿Por qué no dijiste nada ese día? Te habría creído sin cuestionar

—Porque yo tampoco tenía pruebas.

Gabriel suspiró.

—Sabemos que hubo errores en el manejo de tu caso inicial.

—"Errores" es un eufemismo para encubrimiento criminal —interviene Adam, cruzándose de brazos.

Gabriel se estremece.

—Queremos restituirte tu puesto en el Club de Robótica —se apresura a decir el director—. Y tu beca está garantizada. También hemos aprobado un presupuesto extra para el laboratorio para la matrícula de la universidad a la que quieras optar. Puedes volver hoy mismo. Todo será como antes.

Miro al director. Luego miro por la ventana hacia el edificio de ciencias.

El laboratorio. Mi santuario. Mi lugar seguro, estéril y predecible. Donde solo importan los números y las máquinas obedecen. Es lo que quería desde el principio. Recuperar mi vida.

Gabriel se gira hacia Adam.

—Y en cuanto a ti, Adam... tu padre ha estado llamando. Está... furioso. Pero dada tu popularidad actual y el apoyo de la comunidad, hemos decidido no sancionarte por la obra. Sigues en el equipo. Sigues siendo el capitán. Pero te van a matar

—Eso ya lo sé, estuve castigado todo el fin de semana.

Adam se ríe por lo bajo.

—Dígale a mi padre que si llama otra vez, le enviaré el enlace del video de la obra, a ver si así comprende que no hice nada malo.

—Bien, bien. —Gabriel se levanta, dándonos la mano sudorosa—. Pueden irse. Y por favor... intenten no iniciar más revoluciones este semestre. Mi corazón no lo aguanta.

Salimos de la oficina al pasillo.

El aire se siente diferente. Los estudiantes nos saludan. No con miedo, ni con burla. Con respeto.

El capitán de fútbol, choca el puño con Adam al pasar. Jezabel me saluda con la mano desde su casillero.

Caminamos en silencio hasta la bifurcación del pasillo. A la izquierda: El Laboratorio de Robótica. A la derecha: El Teatro.

Me detengo.

Adam también se detiene. Mete las manos en los bolsillos.

—Bueno, Robotina —dice, mirando hacia el laboratorio—. Lo conseguiste. Recuperaste tu reino frio. Sin Caín, sin Belial. Todo tuyo.

Miro la puerta del laboratorio. Puedo ver a través del cristal. Está limpio. Ordenado. Silencioso.

Luego miro hacia el pasillo del teatro.

Puedo oír, incluso desde aquí, a Timmy gritando algo sobre perder una lentilla. Puedo oír a Judit riéndose. Puedo oler el aserrín, la pintura barata y el caos.

—Es un laboratorio de última generación —digo, analizando los datos.

—Lo es —coincide Adam—. Tienen impresoras 3D nuevas.

—Es el ambiente óptimo para el desarrollo académico.

—Sin duda. Ahí podrías construir ese reactor de fusión del que siempre hablas.

Miro a Adam. Me está sonriendo, pero hay algo triste en sus ojos. Está dejándome ir. Cree que voy a volver a mi mundo de soledad eficiente.

—El problema —digo lentamente— es que los ambientes óptimos suelen ser aburridos. Y he descubierto que mi rendimiento mejora con la introducción de variables caóticas.

Adam levanta una ceja.

—¿Variables caóticas?

—Como actores dramáticos. Escenarios que se caen. Y compañeros que no saben usar martillos.

Adam se despega de la pared. Su sonrisa se ensancha.

—¿Qué estás diciendo, Eva?

Me ajusto las gafas.

—Estoy diciendo que la robótica pura es limitante. El futuro es la integración multidisciplinaria.

Saco un papel doblado de mi bolsillo y se lo extiendo. Es un formulario de solicitud de nuevo club.

Adam lo toma y lee el título en voz alta:

—"CLUB DE INGENIERÍA ESCÉNICA Y ROBÓTICA APLICADA AL DRAMA". —Me mira, aguantando la risa—. El nombre es terrible, Eva. Es un trabalenguas.

—El acrónimo es CIERAD.

—Suena a enfermedad venérea. —Adam se ríe y me devuelve el papel—. ¿De qué va esto?

—De construir cosas increíbles —explico, sintiendo la emoción burbujear en mi pecho—. Robots que actúan. Escenarios que se mueven solos. Efectos especiales que no sean solo hielo seco. Quiero aplicar la ciencia al arte. Quiero quedarme en el teatro, Adam. Pero haciéndolo a mi manera.

Adam me mira con asombro.




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