Lunes por la mañana, desperté. Ya van dos días desde que sigo en cama. Tendida, viendo al techo que parece dar vueltas; sigo algo pálida, pero sin duda mejor que ayer. Me levanté de mi cama con pesadez en todo el cuerpo, aún debía trabajar. Me duché como pude, me miré al espejo y noté que tenía un pequeño bulto en un costado donde me había nacido un lunar un día antes, y días antes de ese me salieron varios lunares más en sitios diferentes; me llamaba un poco la atención. Me vestí a duras penas y salí hasta la oficina. El día transcurrió con normalidad, aunque el bulto molestaba; llegué a casa de noche increíblemente mal, vomité y, sin quitarme la ropa, me tendí en la cama que había deseado todo el día nuevamente.
Martes en la mañana. Me levanté sintiéndome mucho mejor. Como si de un golpe de energía se tratase. Me duché, me secaba el cabello cuando noté que tenía dos bultos nuevos parecidos al de ayer, uno cerca del que me había salido el día anterior y el segundo se quedó en el borde externo de mi mano izquierda. No le di mucha importancia a esto, salí a vestirme pensando en que ya iba tarde al trabajo.
Miércoles en la madrugada, abrí los ojos muy temprano aun con un poco de fiebre todavía; dormí a ratos toda la noche. El rostro desdibujado que me mira desde la oscuridad fuera de la ventana me incomoda, pero no debo verla. Me levanté fatigada, me preparé algo de cereal; era demasiado temprano para ir a la oficina, me recosté a ver TV en la sala. El día me pasó lento, volví de la oficina algo fatigada. Me desvestía y; lo vi: en el bulto en el borde de mi mano izquierda había nacido un sexto dedo del que no me había percatado. Quizás en el ajetreo del día... Solo volví a la cama.
Desperté ya en viernes. No me siento bien desde ayer jueves, nada bien; estoy muriendo de fiebre y no paro de vomitar. Me era imposible levantarme, un fuerte dolor que recorría mi espalda como si se doblara o la golpearan hasta dejarla en pedazos; mi piel, que parecía separarse de mi cuerpo, el profundo ardor de la piel callendo por pedazos con el roce de las sábanas. Y mi mandíbula... me era insoportable el dolor al crecerme tantos dientes en sitios insólitos de mi boca. No me presenté al trabajo estos dos días y me quedé en cama todo el día, no porque no pudiera, ya no estaba segura si debía.
Sábado… yacía caminando por todo el departamento de esquina a esquina, pensativa... por momentos olvidaba donde estaba. Dejando pegadas al piso retazos de piel que se desprendían de mi cuerpo con mucho ardor, casi arrastrándome llegué a mi habitación. Me tiré en mi cama, me vi en el espejo donde me maquillo; mi rostro de facciones hermosas... ahora demoníaco y mi falta de piel que dejaba ver mis costillas, mis dedos alargados y numerosos, mi cabello que no para de caerse dejando ver mi cráneo palido, mi cuello alargado. Como si mi cabeza quisiera escapar de mi horrible cuerpo. Vomité y solo me eché en el piso de mi cuarto, pensando y volviendo a pensar hasta que anocheció, mientras que desde las sombras por la ventana me veía él: inexpresivo, inmóvil.
No sé bien dónde estoy… creo que es domingo. Camino a cuatro patas. Tengo hambre pero me duele la boca. ¿Qué son esos que caminan afuera? Tengo tantos dedos que no sé cuál usar. ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Por qué la ventana de mi cuarto está de par en par... y por qué eso me observa?