La lluvia caía sobre la base de GUN como si el cielo mismo estuviera de luto. En un pequeño jardín apartado, lejos del ruido de los hangares, se llevaba a cabo el funeral de Ronald. El ataúd estaba cubierto con la bandera de la división científica. María, vestida de negro, no podía dejar de temblar.
El Profesor Gerald se acercó a ella, entregándole una pequeña caja metálica.
—Ronald trabajó en esto las últimas noches antes de... bueno, antes de irse. Sabía que Jhonatan era peligroso. Quería que estuvieras lista.
Dentro de la caja había dos relojes nuevos. Uno de color plateado mate, con un emisor de frecuencia cuántica diseñado exclusivamente para invocar a Shadow a través de cualquier interferencia. El segundo, de un oro pulido, era diferente: no era un comunicador, sino un arma defensiva. Gerald le explicó que podía generar un escudo cinético capaz de repeler ataques de energía. María se colocó ambos, sintiendo el peso frío del metal en sus muñecas; era el último regalo de un hombre que dio su vida por ella.
Shadow observaba desde la distancia, bajo la sombra de un gran sauce. Sus ojos rojos ardían de una forma que incluso el Capitán Wolters temía abordar. Shadow no lloraba, pero su aura despedía chispas negras. Estaba listo para la guerra.
Mientras la base lloraba, en la Prisión de Alta Seguridad del Sur, el destino cambiaba de rumbo. Jhonatan Kurt estaba sentado en su celda, mirando el techo, consumido por el arrepentimiento y la imagen de María. De repente, un estruendo ensordecedor sacudió los cimientos del edificio.
La pared trasera de la prisión explotó hacia adentro. De entre el humo surgió una figura mecánica aterradora: un robot mediano, con extremidades ágiles y orejas largas de acero que servían como antenas de interferencia. Era el "Metal Rabbit" (Conejo de Metal).
Sobre la cabeza del robot, pilotando con una sonrisa gélida, estaba Rosa.
—¿Extrañabas a tu mejor amiga, Jhonatan? —preguntó Rosa, ajustándose el visor.
Jhonatan se puso de pie, atónito. Sabía que Rosa era la hija de uno de los capitanes más respetados de GUN, pero nunca imaginó que llegaría a esto.
—Rosa... ¿qué has hecho? Has traicionado a tu padre. Has traicionado a todos.
—Mi padre es un débil, igual que Wolters —escupió Rosa mientras el Conejo de Metal destruía las esposas de Jhonatan—. Mi familia ha estado asociada con la tuya desde antes de que naciéramos. No voy a dejar que te pudras aquí por culpa de esa estúpida Robotnik. Vámonos.
Horas después, la paz de María se rompió de nuevo. Betty había salido de su casa bajo una escolta mínima, pensando que con Jhonatan arrestado, el peligro había pasado. Sin embargo, antes de llegar al transporte de la base, el Conejo de Metal cayó del cielo, inhabilitando a los guardias en segundos con pulsos eléctricos.
Rosa bajó del robot y miró a Betty con desprecio.
—Tú eres el puente, Betty. Sin ti, María nunca saldrá a jugar.
A pesar de que Betty intentó defenderse usando uno de los reactivos químicos que siempre cargaba, la fuerza hidráulica del robot fue superior. Fue arrastrada y lanzada dentro de un compartimento de carga.
María estaba en su habitación cuando su nuevo reloj plateado empezó a emitir un pitido de emergencia. No era Shadow quien llamaba. En la pantalla holográfica apareció una imagen que le heló la sangre: Betty estaba encadenada en una silla dentro de lo que parecía una antigua fábrica de ensamblaje abandonada.
—Hola, María —la voz de Rosa sonaba distorsionada—. Te esperamos en el Sector Industrial 4. Tienes una hora. Si vienes con Shadow o con el ejército de tu abuelo, Betty no verá el amanecer. Ven sola... si es que realmente valoras a tu "mejor amiga".
Shadow apareció en la habitación en un destello carmesí, habiendo sentido la angustia de María. Al ver la imagen de Betty, su furia fue incontenible.
—Iré ahora mismo. Los destruiré a todos —gruñó Shadow.
—¡No! —gritó María, deteniéndolo—. Rosa sabe que vendrás. Si te ve, matará a Betty. Shadow, por primera vez... tengo que hacer esto yo. Tengo los relojes de Ronald. Tengo que salvarla.
El Capitán Wolters y el Profesor Gerald intentaron detenerla, pero María estaba decidida. Sabía que era una trampa, pero también sabía que Jhonatan estaba allí, y una parte de ella esperaba que el Jhonatan que le escribió la carta todavía existiera.
Shadow no quedo muy contento, así que decidió seguir a María, para evitar cualquier daño que le causarán hacia ella. Contacto a las amigas de Betty, y le dió la ubicación exacta.
Después, María fue sola hacia la entrada de la fábrica abandonada, con el viento invernal azotando su abrigo. En su muñeca derecha, el reloj plateado brillaba, listo para llamar a Shadow en el último segundo. En su izquierda, el reloj dorado pulsaba con energía, esperando ser activado.
Jhonatan estaba viendo a María desde las cámaras. Rápidamente salió hacía afuera para evitar caer en la trampa de Rosa y en su mente dijo;
—No dejaré que Rosa te lastime María. Dijo eso mientras cerró los ojos y se dirija a la entrada.
En ese momento María entra a la base, nota que está todo oscuro, a penas podía ver.
Rosa apareció enfrente de ella, siendo y burlándose de la tonta decisión de María, al venir sola. El conejo de metal apareció detrás de María y justo en ese momento el conejo hizo un pequeño disparo hacia ella, pero María rápidamente usó su reloj para invocar el escudo caos. Que devolvió el disparo dandole al conejo de metal y lo dejo fuera de servicio.
En ese momento llega Jhonatan y le lanza una bomba de humo a Rosa y queda sin visibilidad por unos segundos, lo suficiente para que Jhonatan y María fueran a liberar a Betty. Jhonatan le da las llaves a María para que libere a su amiga, mientras el se quedaba a distraer a Rosa. María le da un abrazo a Jhonatan, lo agradece por ayudarla y se va hacia la habitación donde tenían a Betty. Jhonatan quedó inmóvil por un momento y se regresó para distraer a Rosa.