María corría por los pasillos metálicos, con el sonido de las explosiones de Jhonatan resonando a sus espaldas. El reloj dorado en su muñeca izquierda emitía un suave zumbido, creando un pequeño halo de luz que cortaba la densa oscuridad del subsuelo. Cada sombra parecía moverse, cada tubería que siseaba la hacía saltar, pero la imagen de Betty encadenada le daba una fuerza que no sabía que poseía.
De pronto, las luces de emergencia rojas empezaron a parpadear y una voz mecánica resonó por los altavoces: "Protocolo de purga activado. Sellado de niveles inferiores en 120 segundos". Rosa, en un acto de pura maldad, había decidido enterrar a Betty viva antes de permitir que la rescataran.
María llegó frente a un panel de control que bloqueaba el acceso a la Sección C. Estaba bloqueado por un código de encriptación militar de GUN. Usando el conocimiento que su abuelo Gerald le había inculcado desde niña, María abrió la placa del panel. Sus dedos se movieron con rapidez entre cables de fibra óptica.
—Vamos, vamos... tú puedes, María —se decía a sí misma.
Con un movimiento preciso, puenteó el núcleo de energía del panel usando la batería de su propio reloj. Hubo un estallido de chispas, pero la pesada puerta hidráulica se abrió justo a tiempo. María entró rodando antes de que la compuerta se cerrara de nuevo, quedando atrapada en el área de celdas, pero con el camino libre hacia su amiga.
Arriba, la fábrica era un caos de fuego y humo. Shadow se movía como un espectro. No necesitaba armas; él mismo era el arma. Cada vez que un dron de seguridad apuntaba a Jhonatan, Shadow aparecía en un destello rojo y desintegraba la máquina con un solo movimiento de su mano.
Finalmente, Shadow llegó frente a Rosa, quien intentaba escapar hacia un hangar privado. Con un movimiento casi imperceptible, Shadow se teletransportó frente a ella, bloqueándole el paso.
—Se acabó, Rosa —dijo Shadow. Su voz era un susurro gélido que cortaba más que el viento del exterior.
—¡No entiendes nada, erizo! —gritó Rosa, retrocediendo con horror—. ¡Mi padre y los Kurt íbamos a limpiar este mundo de la debilidad de los Robotnik! ¡GUN es una broma!
Shadow dio un paso adelante, y el suelo bajo sus pies se agrietó por la presión de su energía.
—Hablas de debilidad mientras te escondes tras máquinas y traicionas a tu propia sangre. María es mil veces más fuerte que tú, porque ella no necesita destruir a otros para brillar. Tú solo eres un residuo del pasado que voy a barrer.
Rosa cayó de rodillas, abrumada por la presión gravitatoria que Shadow emanaba. En ese momento, la voluntad de la traidora se quebró por completo.
En el fondo de la Sección C, María encontró a Betty. El reencuentro fue un torbellino de emociones. Betty apenas podía creer que María hubiera venido sola por ella.
—¡María! ¡Pensé que no saldría de aquí! —exclamó Betty, abrazándola con fuerzas flaqueantes.
—Nunca te dejaría atrás, Betty. Eres mi familia —respondió María mientras usaba la llave de Jhonatan para liberar los grilletes.
Justo cuando salían del área de celdas, Lily y Judy aparecieron en la comunicación del reloj.
—¡María! ¡Shadow ha despejado la ruta principal! ¡Corran hacia el ascensor de carga, lo tenemos hackeado para ustedes!
Las dos chicas corrieron por los pasillos, con María usando el escudo del reloj dorado para proteger a Betty de los escombros que caían del techo debido a las vibraciones de la pelea superior.
Cuando finalmente salieron a la superficie, el aire frío de la noche las recibió. Pero no estaban solas. Decenas de reflectores de helicópteros de GUN iluminaban el área como si fuera pleno día. El Capitán Wolters estaba allí, con su uniforme impecable a pesar del caos, supervisando la detención de los rebeldes.
Shadow observaba desde una pila de escombros, con los brazos cruzados, mientras veía cómo los soldados trataban a Jhonatan con la misma brutalidad que a Rosa.
—¡Capitán, deténgase! —gritó María, corriendo hacia él mientras ayudaba a Betty—. ¡Jhonatan es un aliado! ¡Él me salvó!
Wolters se giró lentamente. Su rostro era de piedra.
—Señorita María, agradezco su valentía, pero la ley no es una sugerencia. Jhonatan Kurt participó en la conspiración que terminó con la vida de uno de nuestros mejores hombres, el agente Ronald. Que haya decidido arrepentirse en el último segundo no lo exime de sus pecados.
—¡Él no es como su padre! —insistió María, con la voz quebrada por la impotencia—. ¡Él tiene un corazón bueno!
—Eso lo decidirá un tribunal militar en la Prisión del Norte —sentenció Wolters—. Mañana a primera hora será trasladado a la instalación de máxima seguridad en la frontera ártica. Está muy lejos de aquí, y allí es donde pertenecen los traidores. Llévenselo.
María intentó acercarse al transporte donde subían a Jhonatan, pero dos guardias le bloquearon el paso amablemente pero con firmeza. Jhonatan, desde el interior del vehículo blindado, pegó su mano al cristal reforzado. No dijo nada, pero sus labios formaron un silencioso "Perdón" antes de que la puerta se cerrara.
El ruido de los motores se alejó, dejando un silencio sepulcral en la fábrica destruida. María se quedó allí, de pie en la nieve, con su vestido azul ondeando al viento y las lágrimas congelándose en sus mejillas.
Shadow se acercó a ella en silencio. No intentó consolarla con palabras vacías porque sabía que el dolor de la injusticia no se cura con frases. Simplemente se quedó a su lado, como un guardián eterno.
—Shadow... —susurró María—. ¿Por qué el mundo es tan cruel con los que intentan cambiar?
Shadow miró hacia las estrellas, apretando el puño.
—Porque el mundo teme al cambio, María. Pero mientras yo esté aquí, nadie volverá a arrebatarte lo que amas. Te lo prometo.
El capítulo termina con la imagen de María y Shadow bajo la luz de la luna, dos almas unidas contra un sistema que acababa de separar a un joven arrepentido de la única luz que había conocido.