Shadaria

Capitulo 19 "El vínculo eléctrico"

El laboratorio principal de la base de GUN nunca había estado tan iluminado. No por las lámparas de neón, sino por los arcos voltaicos de color carmesí que brotaban del cuerpo de Shadow. El erizo estaba sentado en una silla de contención electromagnética, con los ojos cerrados y los dientes apretados. Cada vez que intentaba relajar sus músculos, una onda de choque invisible sacudía las probetas de cristal cercanas, haciéndolas estallar en mil pedazos.

​El Profesor Gerald Robotnik observaba los monitores con una mezcla de fascinación y terror.

—Es increíble... Shadow, tus niveles de Energía Caos han aumentado un 80% en menos de cuarenta y ocho horas. Tu cuerpo está procesando la energía a una velocidad que no debería ser posible.

​—Me siento... —Shadow hizo una pausa, mientras un rayo rojo saltaba de su hombro hacia una placa de metal, derritiéndola al instante—, me siento como si tuviera un sol atrapado dentro de mis venas, Gerald. Si no me concentro, temo que esta base desaparezca del mapa.

​Gerald suspiró, ajustándose las gafas. El diagnóstico era claro: el estrés del combate contra Rosa y el uso intensivo de la teletransportación habían desbloqueado un limitador genético en Shadow. Ahora, el erizo era una central nuclear andante, pero tan inestable que incluso un roce podría ser fatal para cualquier humano.

​En ese momento, la pantalla principal del laboratorio se encendió con un código de alta prioridad. Era el Comandante Supremo de GUN, el hombre que movía los hilos por encima del Capitán Wolters. Gerald pidió a los científicos que salieran de la sala, dejando a Shadow en la penumbra de su cámara de contención.

​—Robotnik —la voz del Comandante era como el acero frío—. Hemos visto los informes. El aumento de potencia del espécimen es justo lo que necesitábamos. Se acabó el tiempo de juegos. Queremos que Shadow sea integrado en el programa de "Disuasión Global".

​Gerald sintió un escalofrío.

—Se lo he dicho mil veces, Comandante. Shadow no es un misil. Es un ser vivo con conciencia. No permitiré que lo usen como una arma nuclear estratégica. Sus niveles de energía son peligrosos; si lo fuerzan, no habrá vuelta atrás.

​El Comandante guardó silencio por un segundo, y cuando habló, su voz era una amenaza apenas velada.

—Recuerde quién financia sus investigaciones, Profesor. Recuerde que la seguridad de su nieta depende de la utilidad que usted y su creación tengan para esta nación. Si usted no puede convertir a Shadow en el arma que necesitamos, quizás necesitemos a alguien menos... "sentimental" en su puesto. Tenga cuidado, Robotnik. Las naves de GUN pueden proteger a María, pero también pueden convertirse en su jaula.

​La comunicación se cortó. Gerald se quedó mirando la pantalla en negro, con las manos temblando. Shadow, desde su celda, lo había escuchado todo. Su aura roja brilló con más fuerza, quemando el suelo bajo sus pies.

​Mientras la tensión crecía en el laboratorio, en el centro de la ciudad, el ambiente era muy diferente. La Navidad estaba a pocos días de distancia y las calles olían a canela, pino y chocolate caliente. María caminaba junto a Betty, Lily y Judy por el parque central, que estaba completamente cubierto por una alfombra blanca de nieve.

​María vestía un abrigo largo y una boina que apenas ocultaba su tristeza. Intentaba sonreír por sus amigas, pero sus ojos volvían constantemente hacia la silueta de la base militar que se alzaba en la montaña.

​—¡Mira esto, María! —exclamó Lily, señalando una vitrina llena de decoraciones—. ¡Es la primera Navidad que pasamos todas juntas después de lo que pasó!

​—Tienes que distraerte, amiga —dijo Betty, abrazándola por el hombro—. Shadow está bien, el Profesor Gerald dice que solo son exámenes de rutina.

​María suspiró, sintiendo el peso de los dos relojes en sus muñecas.

—Lo sé, Betty. Pero puedo sentirlo... El reloj plateado vibra a veces, como si Shadow estuviera tratando de decirme algo. Lo extraño. Extraño sus silencios, su forma de vigilarme... incluso extraño que se queje de las luces navideñas.

​Las cuatro amigas pasaron una tarde maravillosa. Comieron pasteles en una cafetería acogedora y fueron a una tienda de antigüedades. Allí, María encontró una bufanda de lana roja, de un color idéntico al de las franjas de Shadow. La compró sin dudarlo, imaginando el momento en que pudiera ponérsela alrededor del cuello. Por unas horas, el miedo a los Kurt y a la guerra desapareció, reemplazado por la risa de sus amigas y el espíritu de la Navidad.

​Sin embargo, a kilómetros de allí, Shadow no estaba descansando. A pesar de los cables y los sensores que cubrían su cuerpo, su mente estaba en el parque. Gracias a su aumento de energía, sus sentidos estaban agudizados al extremo. Podía sentir la firma de energía de María, tan pura y brillante como siempre.

​En un momento de desesperación por verla, Shadow cerró los ojos y se concentró. No usó la teletransportación física, pues sabía que su inestabilidad destruiría el parque, pero proyectó una pequeña pulsación de Energía Caos.

​En el parque, María se detuvo en seco mientras sus amigas reían. Sintió una calidez repentina en su pecho, como si Shadow le hubiera dado un abrazo invisible. Miró hacia la montaña y susurró:

—Yo también te extraño, Shadow.

​Al caer la noche, María regresó a la base. Intentó ir al laboratorio, pero el Capitán Wolters le bloqueó el paso con una mirada de disculpa.

—Órdenes del Profesor, María. El laboratorio está en cuarentena de energía. No es seguro para ti.

​María bajó la cabeza y regresó a su habitación. Se sentó en la cama, mirando la bufanda roja que había comprado. En ese momento, las luces de su cuarto parpadearon violentamente. Un pequeño arco eléctrico rojo cruzó el aire y se detuvo frente a ella, tomando la forma de una pequeña chispa que no quemaba, sino que brillaba con suavidad.




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