Shadaria

Capitulo 21 "El pulso del cristal"

​El sonido en el Sector de Pruebas era un rugido constante. Shadow estaba en la pista de inducción circular, una maravilla de la ingeniería de GUN diseñada para capturar la energía cinética. Sus patines no solo soltaban chispas, sino que dejaban una estela de fuego carmesí tras de sí.

​Los científicos, protegidos tras un vidrio blindado, observaban los medidores de voltios subir a niveles críticos.

—Es increíble —comentó uno de ellos—. Está alimentando el 40% de la base él solo. Si lo mantenemos corriendo doce horas al día, no necesitaremos generadores externos.

​Shadow no los escuchaba. Su mente estaba en un estado de trance, concentrado en la presión de sus músculos y en el zumbido de sus oídos. Cada zancada era un recordatorio de su encierro, pero también de su poder. Corría para vaciar su cuerpo de esa energía que lo quemaba por dentro, una purga necesaria para poder, al final del día, estar cerca de María sin el riesgo de lastimarla. Al terminar la sesión, sus rodillas flaquearon y el vapor salía de su cuerpo como si fuera una máquina sobrecalentada.

​Agotado y con la respiración entrecortada, Shadow fue escoltado de regreso a su zona de contención. Allí lo esperaba su cápsula de descanso, una estructura cilíndrica de polímero transparente llena de un gas estabilizador que ayudaba a sus células a regenerarse.

​Shadow entró y la compuerta se cerró con un siseo neumático. Se dejó caer contra el respaldo, cerrando los ojos mientras sentía cómo el cansancio lo envolvía. Pero entonces, un suave golpe en el exterior lo hizo despertar.

​María estaba allí.

​Se había escabullido de sus tutores para pasar la tarde con él. Se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra la cápsula, justo donde Shadow reposaba la suya. A través del cristal, ambos compartían un espacio compartido aunque estuvieran separados por centímetros de material indestructible.

​María se giró y pegó su rostro al vidrio. El frío del laboratorio hacía que su aliento creara una pequeña nube de vapor sobre la superficie. Con su dedo índice, escribió con cuidado: "VALIENTE".

​Shadow observó la palabra desde adentro. Una pequeña chispa de ternura cruzó su rostro cansado. Él levantó su mano y, concentrando un hilo minúsculo de su Energía Caos en la punta de su dedo, dibujó un corazón que brilló con un resplandor rojo neón en el cristal. El dibujo permaneció encendido por diez segundos, iluminando el rostro de María con una calidez sobrenatural.

​—No dejes que te cansen, Shadow —susurró María, aunque sabía que él no podía oírla del todo—. La Navidad llegará pronto, y he pedido un deseo para ti.

​Shadow pegó su frente al cristal, cerrando los ojos. En ese momento, no eran una "forma de vida suprema" y una "nieta de un genio"; eran simplemente dos amigos tratando de encontrar paz en un mundo que quería usarlos como piezas de ajedrez.

​Mientras Shadow caía en un sueño profundo y reparador dentro de la cápsula, María sacó de su mochila la labor que la había mantenido ocupada durante las noches de insomnio. La bufanda roja estaba casi terminada.

​Lily y Judy la habían ayudado a esconder un pequeño dispositivo en el tejido, pero María se aseguraba de que cada puntada estuviera cargada de amor. Mientras tejía, sentada junto a la cápsula, observaba el pecho de Shadow subir y bajar rítmicamente. El collar que el Comandante había intentado ponerle esa mañana yacía en una mesa cercana, inservible y fundido por el poder de Shadow. Era una pequeña victoria, una señal de que el espíritu de su amigo no podía ser domesticado.

​En la oficina del piso superior, el Comandante observaba la escena a través de las cámaras de seguridad. A su lado, el Profesor Gerald apretaba los puños.

​—Mírelos, Robotnik —dijo el Comandante—. Su nieta cree que está cuidando a un amigo. Yo veo a un arma nuclear durmiendo. Si esa cápsula se rompe, o si ella decide que el erizo debe ser libre, esta base se convertirá en un cráter.

​—Shadow nunca lastimaría a María —respondió Gerald con voz ronca—. Él la protege porque ella es la única que lo ve como un ser humano. Si ustedes intentan separarlos, entonces sí conocerán el verdadero terror de lo que han creado.

​El Comandante no respondió, pero sus dedos tamborilearon sobre la mesa. Ya había dado la orden de duplicar los turnos de Shadow en la pista de energía. No le importaba el agotamiento del erizo; solo le importaba cuántos megavatios podía extraer antes de que Shadow se convirtiera en algo que ni siquiera sus cápsulas pudieran contener.

​El capítulo termina con María quedándose dormida apoyada contra la cápsula de Shadow. Dentro, Shadow abre un ojo por un instante, viendo el reflejo de María y los pequeños copos de nieve de papel que ella había pegado en el exterior del cristal antes de quedarse dormida.

​A pesar del cansancio, a pesar de la pista de energía y de las amenazas de GUN, Shadow sintió una chispa de felicidad. La cápsula ya no era una prisión; era el lugar donde María lo esperaba, y por eso, valía la pena correr mil kilómetros más.

Fin del Capítulo




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