Shadaria

Capitulo 22 "Luces en el cristal"

​El aire en el Sector de Contención de la base de GUN era gélido, pero no por el invierno exterior, sino por el zumbido constante de los sistemas de refrigeración. Sin embargo, en la esquina donde residía la cápsula de Shadow, algo había cambiado. María había pasado toda la tarde decorando el frío metal y el cristal blindado con pequeñas guirnaldas de colores y copos de nieve de papel que ella misma había recortado.

​—Feliz Navidad, Shadow —susurró María, pegando una pequeña estrella dorada en la parte superior del cilindro de cristal.

​Dentro de la cápsula, Shadow abrió los ojos. Sus niveles de energía se habían estabilizado tras la agotadora jornada en la pista de inducción, pero su cuerpo aún se sentía pesado. Al ver a María a través del vidrio, con su vestido azul y su eterna sonrisa de esperanza, su mirada se suavizó. Ella se sentó en el suelo, cruzando las piernas, y colocó una pequeña caja envuelta en papel plateado contra el cristal.

​—Sé que no puedes salir todavía —dijo ella con una voz dulce pero cargada de una leve tristeza—, pero quería que cenáramos juntos. Traje galletas de jengibre y un poco de chocolate caliente.

​María empezó a comer sus galletas mientras le contaba a Shadow historias sobre las Navidades que imaginaba que tendrían juntos, caminando por ciudades reales y no por pasillos de metal. Shadow escuchaba con atención, pegando su mano al cristal justo donde ella apoyaba la suya. A María no le importaba la barrera física; para ella, Shadow estaba allí, presente, compartiendo el calor de una amistad que GUN nunca podría cuantificar en sus fríos monitores.

​Mientras María y Shadow compartían su pequeño momento de paz, en la plataforma de carga de la base, la realidad golpeaba con fuerza. El Jefe de GUN supervisaba personalmente la llegada de un convoy de camiones pesados cargados con una tecnología inquietante.

​Gerald Robotnik observaba desde el balcón superior, con el corazón encogido. Los soldados bajaban enormes contenedores de cristal reforzado, pero no eran cápsulas para seres vivos. Eran unidades de almacenamiento de alta densidad, diseñadas para contener y comprimir energía pura.

​—¿Qué es esto? —preguntó Gerald, bajando al encuentro del Jefe de GUN.

​—Es el futuro de nuestra autonomía energética, Robotnik —respondió el hombre, sin quitarse los guantes negros—. Shadow produce más energía de la que podemos usar en tiempo real. Estos contenedores almacenarán cada julio de Energía Caos que él genere en la pista. Vamos a llenar cada uno de estos tanques. Con la energía de Shadow embotellada, GUN será la potencia más imparable del planeta. Ya no necesitaremos al erizo despierto todo el tiempo, solo necesitamos su "cosecha".

​Gerald sintió náuseas. Estaban planeando convertir a Shadow en una simple batería, drenándolo hasta dejarlo vacío solo para llenar esos tanques de cristal. Regresó al laboratorio, viendo a través de las cámaras cómo María seguía hablando con Shadow, sin saber que el destino de su amigo era ser consumido por la avaricia de los militares.

​De vuelta en la celda, María sacó el regalo final: la bufanda roja. La sostuvo frente al cristal para que Shadow pudiera verla con claridad bajo las luces navideñas.

​—La terminé —dijo ella con orgullo—. Tiene hilos especiales que Lily y Judy me ayudaron a conseguir. Cuando salgas de ahí, será lo primero que te pongas. Te protegerá del frío, aunque sé que tú eres más fuerte que cualquier invierno.

​Shadow observó el tejido rojo, el color de sus propias franjas, y sintió una punzada de emoción en el pecho. Él no tenía nada físico que darle, pero cerró los ojos y concentró su energía. Una pequeña esfera de luz carmesí se formó entre sus manos dentro de la cápsula. La luz se moldeó hasta tomar la forma de una rosa de cristal de energía.

​La rosa flotó dentro del gas de contención, iluminando toda la sala con un brillo cálido. María jadeó de asombro, pegando su rostro al vidrio. Durante horas, ambos se quedaron así, rodeados por el brillo rojo de la rosa y la luz de las guirnaldas, ignorando que en el almacén de al lado, los contenedores vacíos esperaban para succionar esa misma energía.

​Al final de la noche, María se quedó dormida apoyada contra la base de la cápsula. Shadow, viendo que ella descansaba, permitió que sus propios ojos se cerraran, entrando en un estado de sueño profundo.

​Pero no fue un sueño tranquilo.

​En su mente, la oscuridad de la base fue reemplazada por el sonido ensordecedor de las alarmas. Shadow se vio a sí mismo corriendo por pasillos manchados de humo y fuego. Sentía un peso familiar en su espalda: era María. Ella se aferraba a su cuello mientras él patinaba a una velocidad cegadora, esquivando ráfagas de balas. Podía ver los contenedores de energía explotando a su paso, liberando un poder incontrolable.

​—¡No los dejen escapar! ¡Fuego a discreción! —gritaba una voz que Shadow reconoció como la del Comandante.

​En el sueño, Shadow sentía el miedo de María, sus dedos temblando contra sus hombros. Podía ver la salida al final del túnel, la luz de la libertad, pero cientos de soldados de GUN con escudos antidisturbios bloqueaban el camino. Shadow sintió que su energía hervía, no para ser almacenada en tanques, sino para estallar y proteger a la única persona que lo amaba. Justo cuando un soldado apuntaba directamente al rostro de María, Shadow despertó.

​Shadow abrió los ojos de golpe, con la respiración agitada y su aura roja brillando con una intensidad violenta. La energía fue tan fuerte que un arco eléctrico saltó desde su pecho e impactó en el interior del cristal blindado de su cápsula.

¡CRACK!

​Una pequeña pero visible grieta apareció en el centro de la cápsula. El sonido despertó a María, quien se levantó asustada.

​—¿Shadow? ¿Qué pasó? —preguntó ella, viendo la fisura en el cristal.




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