Shadaria

Capitulo 24 "La calma de los Valientes"

La tensión en la sala de mando era tan espesa que podía cortarse con un cuchillo. Shadow estaba sentado en el suelo de su celda de aislamiento, con los ojos cerrados y los brazos cruzados. Se había negado a ingerir alimento y, lo que era más grave para los planes de GUN, se negaba a dar un solo paso en la pista de inducción. Los contenedores de energía estaban vacíos y los ingenieros estaban entrando en pánico.

​—¡Haga algo, Robotnik! —gritó el Jefe de GUN, golpeando la mesa—. Ese espécimen es su creación. Si no empieza a generar energía en las próximas horas, lo consideraré una falla de diseño y lo desmantelaré.

​Gerald miró al Jefe con una calma fría. Sabía que tenía la sartén por el mango, al menos por ahora.

—Shadow no es una máquina que puedas encender y apagar. Él responde a estímulos emocionales. Si lo mantienes encerrado como a un animal, se marchitará. Déjalo estar con María. Permite que pasen el día juntos, sin cables, sin vidrios de por medio. Si lo haces, él cooperará con las pruebas de mañana.

​El Jefe de GUN gruñó, mirando las pantallas de energía en rojo. Sabía que no tenía opción.

—Está bien. Pero bajo vigilancia extrema. Si intentan algo estúpido, ambos pagarán las consecuencias.

​Mientras Gerald negociaba la libertad de Shadow, el Capitán Wolters entró en el ala médica con un semblante que no se le veía desde hacía meses: estaba relajado. María, que estaba sentada en un rincón esperando noticias, se levantó de inmediato.

​—¿Capitán? ¿Qué ha pasado?

​—Buenas noticias, María —dijo Wolters, permitiéndose una pequeña sonrisa—. Hemos terminado el trabajo. Rosa y Leo Kurt han sido capturados en la frontera. Su equipo, el escuadrón Kass, ha sido completamente neutralizado. La ciudad está celebrando; ya no hay más ataques, no más drones enemigos. Por fin hay paz afuera.

​María sintió que un peso enorme se levantaba de sus hombros. La amenaza de los Kurt, los asesinos de Ronald, finalmente había terminado. Pero su alegría no fue completa hasta que vio la puerta del sector de aislamiento abrirse y a Shadow salir de allí, caminando por su propio pie hacia ella.

​Shadow y María fueron llevados al jardín botánico interno de la base, un enorme domo de cristal lleno de árboles y flores exóticas. Era el único lugar donde podían estar "libres" bajo el cielo artificial.

​Para que la tarde fuera perfecta, María sacó algo que había estado guardando: un pequeño proyector de hologramas que pertenecía a su madre. Se sentaron bajo un gran árbol de cerezo y María activó el dispositivo. En el aire aparecieron imágenes de ferias y parques de diversiones que María solía visitar de pequeña.

​—Mira, Shadow —dijo María, señalando un carrusel de caballos dorados que giraba en el holograma—. Algún día iremos a uno de verdad.

​Shadow observaba las luces con fascinación. En un impulso de ternura, él usó su velocidad para recoger cientos de pétalos caídos del cerezo y, usando pequeñas corrientes de aire generadas por sus manos, los hizo girar alrededor de María, imitando el movimiento del carrusel. María reía mientras los pétalos rosados volaban a su alrededor, y por un momento, el jardín de la base militar se transformó en un reino de fantasía donde no había soldados ni armas.

​Shadow se sentó a su lado y, por primera vez, se permitió recostar su cabeza en el hombro de María.

—Si la paz es esto, María... entonces vale la pena cualquier sacrificio —susurró el erizo.

​Al caer la tarde, Gerald llamó a Shadow a su laboratorio privado mientras María descansaba en el jardín. El ambiente cambió de la alegría a la solemnidad en un segundo.

​—Shadow, necesito pedirte algo que me duele en el alma —dijo Gerald, mostrando un pequeño frasco de contención al vacío—. El Jefe de GUN me ha amenazado. Si el plan de escape falla o si decido traicionarlo, me encerrará en una prisión de máxima seguridad durante cincuenta años. No veré la luz del sol, y lo que es peor, no podré proteger a María.

​Shadow miró al profesor con respeto.

—¿Qué necesitas de mí?

​—Necesito tres de tus púas —respondió Gerald con voz temblorosa—. Están cargadas con tu ADN y tu energía pura. Si logro sintetizar su poder, puedo crear un dispositivo que me dé "tiempo de vida" o que me permita abrir cualquier cerradura electrónica de GUN si me encierran. Es mi seguro de vida.

​Shadow no dudó. Llevó su mano a la parte posterior de su cabeza y, con un movimiento firme pero doloroso, arrancó tres de sus púas carmesí. Al entregárselas a Gerald, las púas brillaron con una luz roja tan intensa que iluminó toda la habitación. Eran como pequeños fragmentos de una estrella.

​—Gracias, hijo mío —dijo Gerald, guardándolas con manos temblorosas—. Ahora ve con ella. Disfruten lo que queda del día.

​El día terminó con Shadow y María caminando de regreso a sus habitaciones, tomados de la mano. El Capitán Wolters los observaba desde lejos, sintiendo una punzada de culpa. Él sabía que, aunque Rosa Kurt estaba tras las rejas, el Jefe de GUN era un enemigo mucho más peligroso porque operaba bajo la ley.

​Gerald se quedó solo en su laboratorio, mirando las tres púas de Shadow. Sabía que el trato con el Jefe de GUN era una trampa. Sabía que la paz que Wolters trajo era solo el telón de fondo para el acto final. Pero mientras miraba a María y Shadow a través de las cámaras, sonriendo y compartiendo secretos, Gerald supo que haría cualquier cosa, incluso sacrificar su propia libertad, para que esos dos pudieran tener un futuro lejos de ese infierno de metal.

​La noche cayó sobre la base, una noche de paz para la ciudad, pero de preparativos silenciosos para una fuga que cambiaría la historia para siempre. El "Latido de la Eternidad" en el laboratorio de Gerald empezó a palpitar, alimentado por las púas de Shadow, marcando el ritmo de la rebelión que estaba por venir.

Fin del Capítulo




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