Shangricol "Reino Del Desierto"

Arena y Sal

En la vasta y agreste región oriental del continente se alza el reino de Shangricol, también conocido como el reino del desierto, cuyos dominios se extienden flanqueados por el mar Origo Norte y el mar Origo Sur, mientras que una imponente cadena montañosa marca su frontera natural al oeste.

​Shangricol es dominio absoluto del rey Shakard, artífice de una doctrina que esculpió con hierro la esencia de su estirpe: una ley tan estricta como inflexible. En estas tierras la justicia no conoce el perdón ni el titubeo. Quien quebranta la ley paga un precio irreversible, cuyas penas oscilan desde la mutilación hasta la muerte misma. No existen presidios en Shangricol; para su soberano, la peor condena es la marca imborrable que el delito imprime en el cuerpo del transgresor, un recordatorio perpetuo de su falta.

​A su lado gobierna la reina Dainira, madre de dos jóvenes princesas destinadas a marcar el pulso del mañana: Lervira y Leishira. En el corazón de la fortaleza, el castillo despliega un interior de férrea disciplina y sutiles contrastes. Posee una vasta Plaza de armas y un gran salón de audiencias, pero es su jardín el que encierra un refugio de aparente serenidad: un vergel donde conviven ciruelos, naranjos y rosales, dominado en su centro por un intrincado laberinto de ligustro, pacientemente diseñado y conservado por las manos de los jardineros reales.

​Rodeando los muros de la realeza se extiende la bulliciosa ciudadela, el motor viviente donde habitan quienes producen y defienden los destinos del reino. Allí confluyen los artesanos, los granjeros que desafían la aridez, los pastores de ovejas y los criadores de caballos —cuya destreza otorga movilidad y poderío a las fronteras—, junto a los astutos comerciantes de productos exóticos y aquellos hombres rudos dedicados a la explotación del inmenso mar de sal.

​Hacia el norte, el paisaje se quiebra en el Cañón de Thassilys, formaciones milenarias esculpidas por el castigo implacable del sol y el viento. Y flotando sobre la región, el misterio y el terror convergen en las legendarias Ruinas de Shincol, un territorio maldito que muy pocos osan atravesar.

​Sin embargo, incluso una potencia nacida de la sal y la arena cojea de un talón invisible: Shangricol carece por completo de la capacidad para forjar sus propias armas. Conscientes de esta vulnerabilidad, el maestre Hizmard y el general Xulmard, bajo el implacable consentimiento del rey Shakard, comenzaron a tejer alternativas desesperadas para dotar a su ejército de acero y escudos.

​Lo que ignoraban, es que el destino ya tenía preparada la solución.




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