Sheherazade Turna

Capitulo 9: El brindis del bosforo

Elif no aceptó un "no" por respuesta. Compraron para Romor un traje de corte moderno, elegante, en un tono gris oscuro que resaltaba su porte. Aunque él insistía en pagarlo después, la profesora solo reía: "Ya deja la locura, Romor. Esto es un regalo para el diseñador que cruzó el océano".
​Después de elegir el verde olivo para ella, decidieron hacer una parada antes de volver a casa.
—¿Has probado el Rakı, Romor? —preguntó Elif con una chispa de travesura en los ojos.
—¿Licor? Solo un par de cervezas con Michael y Richard en Argentina, profesora. Nada serio.
​Entraron en una Meyhane, una taberna tradicional turca. Al abrir la puerta, unas campanitas anunciaron su llegada. El lugar era un refugio de madera oscura, con sillas tapizadas en pana roja y un aire místico. El aroma a anís y tabaco dulce llenaba el ambiente. El mesero, con un pañuelo al hombro, saludó en un turco cerrado que Romor escuchaba como si fuera música celestial.
​El Brindis:
Elif pidió el Rakı, el famoso "licor de león". Cuando se mezcla con agua, el líquido se vuelve blanco, como la leche.
—Por el éxito, por la verdad y por el viaje de Romor —brindó Elif.
​Romor bebió. El licor bajó quemando, fuerte como un rayo, pero dejando un trasfondo suave y dulce. Se sintió ligero, valiente.
—¡Wow! Siento que esto hasta me calma las mariposas en el estómago —soltó Romor sin pensar.
Sheherazade y Elif se quedaron congeladas. Romor se puso rojo como las sillas del local.
—Es... un decir en Argentina. Cuando uno está nervioso o... bueno, emocionado —balbuceó tratando de arreglarlo.
​El encuentro con el pasado:
En ese momento, un hombre de hombros anchos y mirada franca entró al local.
—¡Kuzgun! —exclamó Elif con alegría.
Era su mejor amigo de la infancia, casi un hermano. Tras abrazos y risas en turco, Elif se levantó.
—Me sentaré en la mesa de al lado con Kuzgun. Tenemos años de historias que ponernos al día. Quédense ustedes aquí.
​La chispa en el vaso:
El silencio se volvió espeso y eléctrico entre Romor y Sheherazade. Él miraba el fondo de su vaso, sintiendo el calor del Rakı y la presencia de ella a solo centímetros.
—¿Te sirvo otro trago? —preguntó Sheherazade para romper el hielo.
—No, deja... yo lo hago —dijo Romor al mismo tiempo.
​Ambos estiraron la mano hacia la jarra de agua y el vaso al mismo tiempo. Sus dedos se entrelazaron. La piel de Romor tocó la de Sheherazade y fue como si la taberna entera se encendiera. No se soltaron. Se quedaron así, con las manos unidas sobre el cristal frío, mientras sus miradas chocaban con una fuerza que no necesitaba traducción. En ese instante, ya no importaba el papelito, ni Argentina, ni las flores de nácar. Solo importaban ellos dos.



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En el texto hay: esperanza, bondad, curioso

Editado: 09.04.2026

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