Sheherazade Turna

Capitulo 11: El camino de la Grulla, Final

El baile de graduación fue una mezcla de risas y tropiezos. Romor intentaba seguir el ritmo de la música turca, pero terminaba enredado en sus propios pies, provocando las carcajadas de Sheherazade. En medio de la alegría, él se acercó a su oído y, con la decencia que lo caracterizaba, le hizo la promesa más importante de su vida: hablaría con sus padres para pedir su mano.
​Los últimos 15 días en Estambul fueron agridulces. Sheherazade no quería comer, su mirada estaba nublada por la tristeza de la partida. Pero Elif, viendo el amor de su hija, decidió dar un golpe de timón:
—Ya estoy recuperada de mi pierna, hija. Es hora de volver a mis clases presenciales en Argentina. Arregla tus maletas, ¡nos vamos con Romor!
​La incredulidad se convirtió en una felicidad explosiva. Aunque Onur debía quedarse por sus responsabilidades como director de la empresa, todo se organizó para que los tres cruzaran el océano juntos. Mientras tanto, en Argentina, Zulma contaba los últimos pétalos secos de las flores de nácar.
—¡Ya no queda nada, Romor! ¡Te espero en la puerta! —le escribió, convencida de que su amigo regresaba solo para curarse de su "locura".
​La llegada a Argentina:
El reencuentro en el aeropuerto con Beatriz y Julián fue puro llanto y abrazos. Ellos veían a su hijo radiante, pero no entendían por qué insistía en que Elif y su "acompañante" se quedaran en un hotel cercano antes de la gran sorpresa en casa.
​Esa noche, Michael, Richard y Zulma tenían todo listo en casa de los padres de Romor: pizzas, cervezas y carteles de bienvenida. Zulma sostenía el jarrón con los tallos secos de las flores de nácar, lista para restregárselo en broma.
—¡Ya llegó el loco! —gritó Michael cuando escucharon la llave en la cerradura.
​Al abrirse la puerta, la sorpresa fue para ellos. Romor entró con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Pero no venía solo. En el transcurso de sus días en Turquía, Romor, con su ojo de diseñador y recolector, había comprado un detalle que dejó a todos mudos.
​La Gran Sorpresa:
Romor sacó de su maleta un estuche aterciopelado. Antes de que nadie pudiera decir nada, hizo una señal hacia la puerta. Sheherazade entró, luciendo una sencillez que eclipsaba cualquier decoración.
​Romor abrió el estuche y mostró lo que había comprado en el Gran Bazar: un juego de joyas de plata antigua con forma de grullas (Turnas), diseñadas con una delicadeza extrema. Le entregó un pequeño colgante a Zulma y le dijo:
—Te prometí que volvería cuando cayera el último pétalo. Y aquí estoy, con la noticia que nadie creía.
​Zulma soltó el jarrón (por suerte no se rompió) y se quedó con la boca abierta.
—¿Esa... esa es...?
—Sí, Zulma —dijo Romor tomando la mano de la joven turca—. Ella es Sheherazade Turna. El papelito no era una fantasía. Era mi destino.
​El Final de la Novela:
​La casa de Beatriz y Julián se llenó de risas, preguntas y el choque de las botellas de cerveza. Michael y Richard no podían creer que su amigo realmente hubiera encontrado a la mujer del papel.
​Seis meses después, en el acto de graduación de Romor, Sheherazade estaba en la primera fila, luciendo las joyas de grulla que él le regaló. Romor recibió su título de Diseñador Gráfico, pero el diseño más hermoso que había hecho en su vida no estaba en papel, sino en el camino que recorrió para encontrar el amor.
​FIN.



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En el texto hay: esperanza, bondad, curioso

Editado: 09.04.2026

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