Shoganai

04. Graduación.

 23 de marzo de 2024.

 

 Abrí mis ojos. Sonreí recordando que hoy era el día. Hoy era mi graduación. El mes pasado por fin había terminado el kōkō.

 

 Ensanche mi sonrisa cuando la puerta de mi habitación se abrió y por ella entro mi querida prima, Shirota.

 

 —¡Prima adorada! —exclame con exagerada emoción.

 

 Ella me fulminó con la mirada. Dios, a este paso las mejillas me iban a empezar a doler, pero valía la pena.

 

 Las cosas habían empeorado desde la muerte de mi mamá. Ella le había contado a sus padres nuestra conversación, lo que le dije y desde entonces Honda se aprovechaba de que ya yo sabía la verdad, usaba cualquier rabieta que tenía para golpearme como golpeaba a mi madre. Yo aceptaba cada golpiza que me daba con una sonrisa, pensando, planeando. Si un negocio le salía mal me golpeaba, si no le aceptaban la recepción en un restaurante me golpeaba, si las cocineras tenían la comida tarde me golpeaba, absolutamente todo era una excusa para pagarla conmigo.

 

 —¿Qué ocurre, prima? —pregunte poniéndome de pie —¿Me vienes a avisar que Honda me dará una golpiza para dejarme marcas y no asistir a mi graduación?

 

 No me importaba no ir a mi graduación. Sí, había preparado un yukata hermoso que lo tenía guardado en casa de mi mejor amigo, Fujio, pero si me golpeaba para no celebrar mi día no importaba, no me iba a dar mala vida por eso. Lo que más me importaba era lo que iba a suceder a partir de mañana. Mañana firmaría los papeles y empezaría a tomar control de mi legado. 

 

 Shirota suspiró.

 

 —Solo me muero porque salgas por nuestras vidas, pero es una lastima que ya no pueda disfrutar de tus golpizas —finalizo sus malos deseos con una sonrisa.

 

 Mi sonrisa no titubeó, tampoco baje la cabeza como a lo mejor ella esperaba. Fue la sonrisa de ella la que cayó.

 

«¿Sorprendida?»

 

 Negué con la cabeza.

 

 —Prima, no te creas, te aseguro que Honda querrá darme una última golpiza y hará lo que sea para que no salga de aquí —cosa que no logrará —Así que no te agobies, tu sonrisa seguirá ahí —señalo sus labios —Donde estaba hasta hace unos segundos.

 

 Diriji mis pasos hacia mi cómoda.

 

 —Y Shirota ya deja los malos deseos, al final todo se te devolverá.

 

⁠∘⁠˚⁠˳⁠°⁠∘⁠˚⁠˳⁠°⁠∘⁠˚⁠˳⁠°

 

 —¡Princesa Yoshino! 

 

 —¡Reina Tanemoto!

 

 Tanemoto Kotori. Madre de Fujio, también es como una segunda madre para mí. Una mujer hermosa, delgada, tez blanca, pelo negro corto por encima de los hombros, tenía un flequillo que le tapaba la frente y ojos oscuros. Tenía puesto un yukata corto blanco que al final de las mangas tenía unos detalles de perlas oceánicas.

 

 —Fujio está en su habitación —dijo mientras me daba paso a su hogar.

 

 Empecé a caminar en dirección a la habitación de Fujio cuando fui detenida por una voz conocida y que siempre me alegraba:

 

 —¡Eh, Yoshino! —la abuela de Fujio, Henmi.

 

 Me desvíe unos segundos a darle un beso en la mejilla fugaz, puesto que estaba en uno de sus entrenamientos diarios. 

 

 La familia materna de Fujio eran creyentes de la religión sintoísta, y desde muy pequeños empiezan su entrenamientos para ser mikos y sacerdotisas en el caso de las mujeres y mojes en el caso de los hombres. Sin embargo al crecer dejan que cada familiar tome su decisión de que ejercer, pero dejándole la enseñanza por si en algún momento deben enfrentarse a un demonio o a algún espíritu maligno. También tienen sus protecciones, talismanes y más cosas que no recuerdo. 

 

«Las religiones son complicadas».

 

 Al llegar a la puerta de la habitación de Fujio toque suavemente, al no recibir respuesta me llevo una mano a mis ojos y abro la puerta.

 

 —¿Fujio?

 

 Escyche un grito, su grito, uno que se debió escuchar por toda la casa.

 

 —¡Por amor a Amaterasu, Yoshino! 

 

 —¿Puedo abrir los ojos? —consulto.

 

 Escuché un largo suspiro.

 

 —Sí, abrelos.




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