Si, acepto

CAPITULO UNO

Preparaban la sala con dedicación, dejando todo impecable y presentable para los invitados que llegarían en pocas horas. La mesa lucía perfectamente ordenada, con cada plato y cubierto en su lugar. Para las sirvientas, había sido un trabajo agotador, dónde pasaron horas limpiando hasta que no quedó ni una sola imperfección.

—Ya por fin un descanso, estoy agotada—comento una de las sirvientas, Mare, con alivio. Sin pensar abrió una de las sillas y se sentó ahí.

—Levantare, Mare—pidio una de las sirvientas que era la más mayor que el resto, Grete. Con el acto de aquella sirvienta sintió una leve preocupación, pues ya sabía que con lo más minimo podría ser regañada por la familia—El señor Karl se enojara si te ve así, comportate.

—El no vendra, para que eso pase yo tendría que tener mala suerte—contesto con una actitud creída y segura, pero la sonrisa que tenía en su rostro desapareció rápido cuando sintió la puerta de la sala abrirse. No dudo y se levantó de inmediato, esperando a no ser vista.

—No te preocupes, Mare, soy yo—menciono Kätlin al entrar a la habitación, sonriendo apenas ya que sentía gracia por la actitud de la sirvienta—Mi padre está trabajando y me mando a preguntarles si ya están listas—cuestiono con un tono sarcástico, ya que la orden de su padre era una molestia para ella.

—Claro que si, Kät—respondio Grete con una sonrisa—Puede decirle que ya está todo preparado, si quiere su madre puede venir a comprobarlo.

—No, no hace falta eso—Kätlin no tuvo la mirada en ninguna, estuvo decidida en sentarse en una de las sillas que estaba cerca de Grete. Al sentarse, lanzó un gran suspiro, poniendo una de sus manos en la cabeza—No puedo creer que me pase esto a mi.

Grete se asomó lentamente a la chica, acariciandole lentamente su espalda como consuelo—Se que es feo la forma en que lo hacen, pero capaz que te enamores de tu futuro prometido si le das una oportunidad.

—¡Yo no lo quiero conocer!—exclamo molesta, alzando un poco su voz—Perdón, me altere.

—No pasa nada, querida—Grete sonrió ligeramente.

—Me parece injusto que al cumplir dieciocho tenga que casarme obligatoriamente, ¿A mí que me interesa si todas las de mi familia ya lo han hecho y no se han quejado?—Kätlin siguió queriendo reclamar, sentía demasiada injusticia—¿Qué acaso soy la única de mi familia que piensa?

—Escucha, Kät...—Grete quiso aconsejarle sobre la situación, pero nuevamente volvió al silencio ya que tenía la mirada en la puerta.

—¿Ya han terminado de ordenar que se siente tanto charloteo?—cuestiono Ingrid, la madre de Kätlin, apareciendo con una actitud exigente y molesta—¿Y tú qué haces aquí sentada hablando con estas empleaduchas? Ve a cambiarte ahora mismo que ya están por llegar.

Kätlin no soltó ni una palabra y se levantó molesta de la mesa, largandose del lugar sin siquiera mirar a su madre. Ingrid con eso no le basto, así que siguió a su hija ya que ella le iba a ordenar que vestimenta usar para la visita.

—Me da mucha pena ella—Mare comento con un tono bajo, temiendo ser escuchada, refiriéndose a Kätlin.

—No hay nada que podamos hacer—contesto Grete con una expresión desanimada—Ya salgamos de aquí, recuerden tenemos que preparar la comida.

Sin más que decir, las sirvientas que estaban en aquella habitación de dirigieron hacia la cocina, dónde empezaron a preparar sin apuros la comida. Mientras tanto en ese entonces, Kätlin se vestía con la ropa que su madre le dejó, no se gasto en quejarse y simplemente prefirió aguantarlo hasta que pase la hora de la visita.

Ya había pasado algunas horas, Karl había terminado de trabajar, y junto a su esposa y su hijo estaban esperando cerca de la entrada principal a qué las visitas llegaran al lugar. Kätlin aún estaba arreglandose en el baño, tenía la intención de tardar lo más posible y tomarse el tiempo que quisiera. Quiso molestar a sus padres. En poco tiempo ya había bajado y vio que seguían esperando, lo cual se sentó en una de las sillas a esperar, era mejor eso que estar al lado de ellos, de sus padres.

—Ya deben de estar llegando, faltan unos minutos para eso-comento Karl en unos minutos, con una sonrisa al ver el reloj que tenía en su mano, el aún estaba cerca de la puerta principal junto a su esposa y su hijo mayor—¿Te han avisado algo, Ingrid?—pregunto, impaciente, teniendo la mirada hacia su esposa.

—Ya están cerca—respondio al ver el último mensaje que estos le enviaron—Mihkel, ve a decirle a los guardias que vayan abriendo los portones de afuera.

—Enseguida, madre—su hijo acepto al instante, el fue con prisa a seguir la orden de su madre.

Karl giró a ver a la mesa, ya que allí estaba sentada su hija, Kätlin—Levantate y cierra la silla, la familia del prometido ya está por llegar.

Kätlin lanzó un suspiro molesta, se levantó de la silla y se puso al lado de su madre, un poco más distanciada—No se porque hacemos esto, saben perfectamente que no lo quiero.

—No empieces que ya hablamos, te lo dije muchas veces—dijo Ingrid, frunciendo levemente su ceño—Ya tienes dieciocho años y tienes que comprometerte, sabes cómo es—comento—Ademas ni idea de que te quejas, tienes demasiada suerte, el chico de esa familia es lindo y cuando lo veas vas a cambiar de opinión.

—Pero sabes que yo...

—Ya basta, Kätlin—su padre interrumpio molesto por las quejas—No quiero sentir una queja mas salir de tu boca, quédate callada.

Kätlin no tuvo más que obedecerle y no seguir hablando, pero por dentro de sentía demasiado furiosa por la decisión que tomaron. Segundos después, la puerta principal se abrió y allí apareció la otra familia del prometido.

Entre ellos se saludaron, ya en unos minutos se sentaron en la mesa mientras charlaban. Los que más conversaban en ese momento eran los padres, mientras que Mihkel y los que estaban por comprometerse estaban callados.
Las sirvientas estaban en la cocina preparando la comida para los familiares, tenían la orden de preparar demasiados platos para el día de hoy.




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