-¿Por qué lloras ?
Su voz apenas es un susurro.
No fui capaz de responder.
Las lágrimas caían sin permiso mientras sostenía aquella carta entre mis manos.
-Mirame, Sofía.
Negué con la cabeza.
Si levantaba la vista, sabía que iba a romperme por completo.
-Solo dime una cosa.
Guardo silencio durante unos segundos.
-¿Todavía me odias?
Solté una risa amarga.
-Ojalá pudiera hacerlo.
Èl cerró los ojos.
Y, por primera vez desde que lo conocía, parecia completamente derrotado.
-Entonces...¿por qué te vas?
Lo observé unos segundos.
Quería responder.
Quería correr haciel el.
Quería abrazarlo.
Pero había promesas que dolían más que una despedida.
Di un paso atrás.
Y luego otro.
Y me marché.
Sin mirar atrás.