Si el Destino Lo Quiere

05

Cuando la llamada con Alejandra terminó, me quedé varios minutos inmóvil.

Con el celular entre las manos.

Mirando un punto cualquiera de la pared.

Intentando recuperar el aire.

Porque aquella conversación me había dolido más de lo que esperaba.

Muchísimo más.

No solo porque había confirmado el final de mi relación con David.

Sino porque también había sentido cómo una parte de su familia se alejaba de mí.

Una familia que durante años me había abierto las puertas de su casa.

Que me había celebrado cumpleaños.

Graduaciones.

Logros.

Navidades.

Que me había acompañado en algunos de los momentos más importantes de mi vida.

Y ahora todo aquello parecía desmoronarse.

Poco a poco.

Sin remedio.

Mi celular vibró nuevamente.

Y no necesité mirar la pantalla para saber quién era.

David.

Otra vez.

La llamada número dieciséis.

O diecisiete en día.

Ya había perdido la cuenta.

La dejé sonar.

Y sonar.

Y sonar.

Hasta que terminó.

Cinco segundos después volvió a llamar.

Y después otra vez.

Y otra.

Y otra.

Como si estuviera desesperado.

Como si supiera que algo estaba pasando.

Como si la llamada de Alejandra hubiera provocado exactamente lo que yo imaginaba.

Que ella lo había llamado.

Que le había preguntado.

Y que él había entrado en pánico.

Mi celular volvió a iluminarse.

David.

Otra vez.

Cerré los ojos.

Y por primera vez en semanas...

Respondí.

—¡Camila!

Su voz llegó inmediatamente.

Agitada.

Desesperada.

Como si hubiera estado esperando aquello durante días.

—Por fin respondes. Por Dios. Por fin respondes.

No dije nada.

—¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Por qué desapareciste? ¿Por qué no respondes mis llamadas? ¿Por qué no respondes mis mensajes? Camila, llevo semanas intentando encontrarte.

Sentí cómo se me cerraba el pecho.

Porque escuchar su voz seguía teniendo efecto en mí.

Seguía removiendo algo.

Seguía haciéndome daño.

—Estoy bien.

Respondí finalmente.

Hubo unos segundos de silencio.

Y escuché cómo soltaba el aire.

—Gracias a Dios. Pensé que te había pasado algo. Pensé...

Se interrumpió.

Como si no supiera cómo continuar.

—Mi mamá me llamó hace un rato. Me contó lo que le dijiste.

Su voz se quebró ligeramente.

—¿Por qué le dijiste eso?

Cerré los ojos.

—Porque es verdad.

—No.

Respondió inmediatamente.

—No lo es.

—David...

—No. Escúchame. Por favor. Solo escúchame unos minutos.

Lo hice.

Porque sabía que si no lo dejaba hablar, jamás terminaría.

Y porque, en el fondo, una parte de mí necesitaba escuchar aquello por última vez.

—Las cosas no son como tú crees.

Empezó.

—Nada pasó como tú piensas. Yo estaba borracho, no sabía lo que hacía. Cometí un error horrible, el peor error de mi vida. Pero no significa...

Se interrumpió.

Buscando las palabras.

—No significa que no te ame. No significa que quiera estar con otra persona, que quiera perderte.

Sentí lágrimas acumulándose nuevamente.

Pero me obligué a mantener la voz firme.

—David...

—Por favor, déjame terminar.

—...

—Te amo. Te amo más de lo que he amado a nadie en toda mi vida. No quiero otra familia, no quiero otra mujer, no quiero otro futuro. Te quiero a ti. Solo a ti.

Aquellas palabras hicieron daño.

Muchísimo daño.

Porque durante años habría dado cualquier cosa por escucharlas.

Pero ahora llegaban demasiado tarde.

Demasiado.

—Lo sé.

Susurré.

—No. No lo sabes, porque si lo supieras no te habrías ido. No habrías desaparecido. No habrías decidido todo esto sin escucharme.

Aquello me hizo cerrar los ojos.

Y respirar profundamente.

Porque estaba entrando exactamente en el terreno que quería evitar.

Las explicaciones.

Las justificaciones.

Las promesas.

Las súplicas.

Y yo no tenía fuerzas para eso.

No esa noche.

No antes de marcharme.

—David.

Lo interrumpí suavemente.

—Tal vez esto era lo mejor para los dos.

Escuché cómo guardaba silencio.

—¿Qué?

—Tal vez esto era lo que tenía que pasar.

—No digas eso.

—Escúchame tú ahora.

Mi voz sonó más firme de lo que esperaba.

—Tal vez llevábamos demasiado tiempo intentando encajar piezas que ya no funcionaban.

—Eso no es cierto.

—Tal vez no estamos destinados a estar juntos.

—Camila...

—Déjame terminar. Porque si me interrumpes no voy a poder hacerlo.

Él guardó silencio.

Y continué.

—No sé si realmente éramos la felicidad del otro, si realmente éramos todo lo que necesitábamos, si estábamos construyendo algo porque era lo correcto o porque llevábamos tantos años juntos que nos daba miedo imaginar otra cosa.

Aquellas palabras me dolían incluso a mí.

Porque no estaba completamente segura de creerlas.

Pero necesitaba decirlas.

Necesitaba convencerse.

Necesitaba avanzar.

—Te quiero muchísimo.

Continué.

—Y probablemente una parte de mí siempre te va a querer. Pero ahora mismo no puedo volver contigo, no puedo.

Hubo varios segundos de silencio.

Y cuando habló nuevamente...

Su voz sonaba rota.

Completamente rota.

—Entonces reúnete conmigo. Solo una vez, una. Te lo suplico. Nos sentamos, hablamos y después decides. Pero mírame a los ojos cuando me digas que esto terminó.

Sentí cómo las lágrimas comenzaban a caer nuevamente.

Porque aquella petición era cruel.

Cruel para ambos.

Porque sabía exactamente lo que ocurriría si volvía a verlo.

Volvería a dudar.

Volvería a romperme.

Volvería a preguntarme si estaba haciendo lo correcto.



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En el texto hay: amor, embarazo, engaños.

Editado: 06.08.2026

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